Representantes de Hueyapan, Tetelcingo, Xoxocotla y Coatetelco han “amenazado” con movilizarse el jueves siguiente para exigir al Congreso del Estado que ese mismo día decreten la autonomía municipal de las cuatro comunidades indígenas. Apersonados en la Casa Cataluña, Antonio Alemán Melgar, de Coatetelco, contradijo al presidente de la Junta Política y de Gobierno del Congreso Estatal, Julio Espín Navarrete. Señaló que el presupuesto no es pretexto para que no les otorguen la autonomía. “Finalmente nos ajustaríamos; no podríamos estar peor que en la situación que hemos vivido históricamente”. Pertenecientes a Puente de Ixtla, Temixco, Miacatlán y Cuautla, ¿repetirán la historia de Temoac que ignoran los actuales diputados? En marzo pasado se cumplieron 44 años. Era primavera pero parecía verano, insoportables el calor y los aromas en el entonces llamado Salón Gobernadores del Palacio de Gobierno. No cupieron todos, así que la parte gruesa del contingente se apostó en el comal de la Plaza de Armas, amarradas las bocinas a los balcones del edificio de tres pisos para que los de afuera pudieran escuchar a los de adentro. Unos cinco mil provenientes de los pueblos de Huazulco, Amilcingo, Popotlán y Temoac llegaron pardeando la tarde. Hacía un par de días que no se habían bañado, los mismos que tardaron en caminar desde el crucero de Amayuca a Cuernavaca, reportados por los “orejas” de gobierno los incidentes de la marcha con el paréntesis para el reposo de una noche en las cercanías de La Joya. Ni modo que olieran a rosas. Eran los “temoacos”, y venían a llevarse el decreto de nacimiento del municipio 33 con cabecera en Temoac, separado el cuarteto de localidades indígenas de Zacualpan de Amilpas. A querer o no, los recibió el gobernador Armando León Bejarano Valadez. Él sí olía “bonito”, a loción francesa, ostensibles sus Rolex y botas de nonato en comidas vodqueras y en cenas rociadas con champaña “Crystal”. Esa noche tuvo que darse un baño de pueblo, o mejor dicho: un baño sauna. Hacinados los temoaquenses, puestos de pie los del medio y el fondo, sentados en el piso de parquet los cercanos al presídium, uno joven y ensombrerado le mentaba la madre a Bejarano, mirándolo de frente, a escasos dos metros de distancia, pausando cada sílaba porque el escándalo sólo dejaba escuchar lo que salía del micrófono. A la sazón diputado, Jesús Bello Espíritu se oponía a la erección del municipio pretendido. También se resistió algún funcionario, pero tras bambalinas, asustados todos como gallinas, saliendo y entrando del salón por la puerta que da al pasillo de la oficina del Gobernador. Era de suponerse que analizaban las condiciones particulares de Temoac, fundamentada la determinación separatista por la marginación histórica de Zacualpan a los cuatro pueblos, y un año atrás, desdeñada por la burocracia dorada de Cuernavaca la gota que había derramado el vaso de la inconformidad tras la imposición del PRI de Mariano Cerezo como candidato a la alcaldía de Zacualpan. Y también, que el doctor Bejarano y sus asesores sopesaban la atmosfera socio-política de Morelos, vecino del Guerrero victimizado por la guerra sucia y confirmada aquí por “trabajos de inteligencia” la intervención del Partido Comunista de México asesorando a los pueblos separatistas a través del sonorense Ramón Danzós Palominos. Hasta que en una de esas entradas y salidas el Gobernador anunció el nacimiento del municipio de Temoac. Era ya de madrugada, no pudo más, no supo o no quiso resistir. Presumibles sus llamadas a la Secretaría de Gobernación pidiendo instrucciones, esgrimió el discurso de la “unidad morelense” como el slogan que traía desde su campaña de candidato “importado” del Distrito Federal. Impuesto en la gubernatura por Luis Echeverría, desconocedor de la idiosincrasia, los anhelos y los reclamos de los pueblos de Morelos, Bejarano soltó una retahíla de superficialidades. Les daba “coba” a los temoacos, pero éstos no lo oían ni les interesaba escucharlo. Habían logrado su propósito, pero no se fueron sino hasta el día siguiente que tuvieron en sus manos el decreto de la erección del municipio 33, impreso el “alcance” al periódico oficial en la imprenta América de Fructuoso Quinto, en un costado del puente de Amanalco. Fijado el 17 de marzo de 1977 como la fecha del nacimiento del municipio de Temoac, don Eustorgio Abúndez de León sería su primer alcalde y Nabor Barrera Claverías el segundo, asesinado éste apenas tres meses después de haber tomado posesión por un matón profesional, el 25 de junio de 1979… ME LEEN EL DOMINGO.

Por:  José Manuel Pérez Durán /  [email protected]

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