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Juan Rodríguez vive en una colonia de Yautepec y trabaja en una oficina del poniente de Cuernavaca. Tiene un coche compacto, de cuatro cilindros, pero habitualmente lo deja en casa. Hace cuentas: usarlo le costaría casi igual que desplazarse en el transporte público, y mucho más si pagara ocho horas de estacionamiento. Los microbuses ya no existen, han sido substituidos por camionetas tipo Sprinter para 22 pasajeros, sentados todos y con aire acondicionado. Usar dos le cuesta treinta pesos, pero las prefiere a los antiguas “rutas” que hace tiempo fueron sacadas de circulación. Recuerda que los usuarios se quejaban, desvencijada la mayoría de los “micros”, llenos al tope, sentados unos y otros parados. La primera Sprinter lo deja en el centro, donde aborda otra que lo pone a dos cuadras de su trabajo. El recorrido le toma cuarenta minutos, unos pocos más que cuando debe conducir su automóvil porque por la tarde lo necesitará para otros menesteres. De regreso es lo mismo, de modo que regularmente sólo usa su carro los fines de semana para ir de compras con la señora o cumplir algún compromiso social. Usando sólo dos días a la semana el vehículo familiar, ahorra en gasolina y mantenimiento, le mete menos kilometraje, lo conserva en mejores condiciones que si lo manejara a diario, le durará más tiempo y cuando pueda cambiarlo por uno nuevo o de modelo más reciente que el suyo lo venderá a buen precio. Como Juan el oficinista, miles de usuarios se movilizan en Sprinters: amas de casa, obreros, estudiantes, profesionistas; pero de serles necesario tienen la opción de los taxis nuevos o seminuevos, provistos de taxímetros, conducidos por choferes para ello capacitados, y además está el Morebús que cubre derroteros específicos, tan grande que apenas cabe en las avenidas estrechas de Cuernavaca pero con solamente el cupo para que todos viajen sentados y el clima artificial que es por ley en nuestra entidad calurosa. Los concesionarios de las “rutas” no fueron dejados fuera del negocio gracias a que el gobierno les consiguió financiamientos bancarios para que las cambiaran por Sprinters, y otro tanto sucedió con los permisionarios de taxis que así pudieron substituir sus carcachas por unidades cero kilómetros… Todo esto sería sensacional si no sonara a utopía. Los intereses de los concesionarios de “rutas” y taxis, y con más la resistencia de los llamados líderes del transporte, obstaculizan la modernidad de la movilización humana. Politizado este tema desde hace años, llegó al debate del Congreso Estatal, degeneró en bloqueos viales, manifestaciones en las que la violencia casi revienta, ataques a la Secretaría de Movilidad y Transporte y hasta la ocurrencia de exigir la renuncia al titular de esta dependencia, Jorge Messeguer Guillén, por parte de líderes transporteriles  coludidos con actores políticos de oposición al gobierno de Graco Ramírez. Luego de  la comparecencia de Messeguer ante la Junta Política y de Gobierno, la semana pasada los diputados quedaron como mediadores con los transportistas. Reunidos Jaime Álvarez Cisneros, Edwin Brito Brito, Alberto Martínez González y el presidente de la Comisión de Transporte, Ricardo Calvo Huerta, con representantes de la Federación Auténtica del Transporte, como si esta organización fuera la única del gremio, fijaron un plazo de 90 días para buscar un acuerdo sobre el proyecto de la nueva Ley de Movilidad y Transporte. Una movilidad que lleva meses caminando a paso de tortuga, en el que se adelanta Calvo Huerta a la iniciativa del Ejecutivo presentando una propia con que otro si no que el asunto de las concesiones. Propone que éstas sean otorgadas mediante concursos públicos, que las de “rutas” caduquen a los 13 años, las de taxis de la zona metropolitana tengan una vigencia de 12 y de 14 años los del resto de los municipios. Pero otra vez las visiones cortas, nada menciona sobre el Morebús y tampoco se atreve a sugerir siquiera la desaparición de los taxis conurbados. Decretado en 2006 que los taxis de los municipios de Temixco, Xochitepec, Zapata y Jiutepec pudieran prestar servicio en Cuernavaca,  aumentó la oferta y disminuyó la demanda pues taxis hay de sobra. En un estado como el nuestro donde el promedio de vehículos automotores es de uno por cada tres habitantes, son los usuarios quienes pagan los platos rotos de la política. Urgente la modernización del transporte, es frenada por mentalidades obtusas que hacen utópica la rutina de la movilidad de Juan, el pasajero imaginario… ME LEEN MAÑANA.