Eran las discotecas de Cuernavaca que estaban de moda a fines de los setenta. Llamadas en masculino, “Los Veinte” que luego fue “El Tabasco” en el mismo local, en un costado de la gasolinería del DIF; “El Kaoba”, atrás del Palacio de Cortés, varias más y “El Sandi” en la esquina de Rufino Tamayo y Humboldt. Instalada esta última en una quinta que databa de dos o tres décadas, su inauguración fue un acontecimiento en la vida nocturna de entonces; adornados el corte del listón por la belleza de la actriz Claudia Islas y la concurrencia del jet set tlahuica. Pero “no pegó”, así que al poco tiempo cerró. De aquella casona construida en dos niveles se decía que era de una viejecita que moriría pocos años más tarde, intestada. Aparentemente sin parientes a quienes heredársela, la habitó una amiga de ella, junto a su flamante esposo con quien un mal día discutió y le metió un tiro, matándolo. Corrió entonces sobre esa quinta una suerte de leyenda de maldición que sólo el paso del tiempo borró. Estuvo abandonada hasta mediados de los noventa cuando el Gobierno Estatal se la apropió, y hasta hoy día permanece solariega, ruinosa, pero valiosa no tanto por la construcción sino por el terreno, de modo que si algún vivales no se la escrituró continúa siendo propiedad gubernamental. El dato preciso debe estar en la lista de casas y terrenos que componen la reserva territorial del Gobierno del Estado, algunos de los cuales se dispone a vender pero ya no con la autorización del Congreso Estatal merced a un decreto recién aprobado por la mayoría de los diputados. Lo que ya ha despertado suspicacias, como la del coordinador de la bancada del PAN, Víctor Caballero Solano, exigiendo que debe transparentarse la venta de cada uno de los bienes inmuebles por medio de convocatorias públicas y no por medio de asignaciones directas de compra… Esta es ahora la nueva cara del mercado inmobiliario de Cuernavaca y Morelos, otra, los agentes de bienes raíces, respetables y esforzados con más en estos tiempos de crisis galopante cuando pasan meses para que consigan vender un departamentito de interés social; una más, los traficantes de tierra ejidal y/o comunal, y una tercera, las mafias tan antiguas como efectivas pues lo mismo han estado omnipresentes en sindicatos de trabajadores que en tribunales encargados de administrar y procurar justicia. Se apropian de casas, pero también de negocios y de cuanto signifique dinero. Sus modus operandi son iguales y recurrentes. Tienes un empleado y por alguna razón sales mal con él. A veces porque es flojo y otras porque es mal hecho. Si tu trabajador es persona decente, llegas a un acuerdo, pero no si resulta mañoso, y peor si da con un abogado mafioso. Te hará una lista de “prestaciones incumplidas” más larga que la Cuaresma: horas extras, vacaciones, aguinaldo, reparto de utilidades, etc., etc., que aceptarás y pagarás sólo cuando sean ciertas. Sin embargo, ¡agárrate! Si tu empleado laboró contigo un año, su abogado le pondrá cinco en la demanda laboral. Ellos, los litigantes mafiosos, lo saben hacer. Muchos hemos visto casos “célebres”, como el del neoyorquino que tenía una casa de descanso en la avenida Morelos y naturalmente un “cuidandero”. Por años vino todos los inviernos. Huyendo del frío de la Urbe de Hierro, disfrutaba aquí las navidades y los años nuevos, y no se regresaba sino hasta que allá dejaba de nevar y en Cuernavaca el calorcito de fines de febrero le empezaba a ser intolerable. Pero algo pasó que un diciembre no vino, otro tampoco y así hasta que pasaron cinco y no volvió aparecer. No obstante, vía giros telegráficos el gringo no dejó de mandarle al trabajador su salario y dinero para la luz, el agua, el impuesto predial y el mantenimiento de la casa. El noeyorquino era viudo, había muerto y no fue sino a los siete años que se había ausentado cuando se presentó su hijo único… pero la “quinta” ya tenía otro dueño. Sucedió que el cuidandero se había amafiado con un abogado transa que demandó el “despido injustificado”, obtuvo el remate de la propiedad, la compró en una bicoca, la revendió en cinco millones de pesos y el “cuidandero” sintió que se sacó la lotería con los cien mil que recibió. Huelga decir que en la “transa” tuvieron que ver funcionarios corruptos, menores o mayores, del tribunal laboral y del Registro Público de la Propiedad… ¿Está vigente este dicho de los ochenta, de un despojador profesional de casas y terrenos, cínico, de apellido muy conocido en Cuernavaca: “la tierra es del que la ve primero”?.. ME LEEN MAÑANA.

Por:  José Manuel Pérez Durán / [email protected]

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