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De todo como en botica, pero al final mucho ruido y pocas nueces… El regidor y presidente del PSD, Eduardo Bordonave, se desgañita, grita lo que por meses calló, que José Manuel Sanz, el “gurú” del alcalde Cuauhtémoc Blanco, se la  pasa “bomba”. Denunció que de febrero a la fecha el español que cobra como director técnico del Ayuntamiento gastó recursos de la Comuna por más de 800 mil pesos en comidas y material de construcción (no precisó si para casas que se esté haciendo). Pero, parodiando a Enrique Peña Nieto, quien ya pidió perdón por la “Casa Blanca” de la que su esposa Angélica Rivera había jurado a los mexicanos que fue “producto de su trabajo” como actriz de telenovelas, Sanz no ha pedido perdón por gastarse el dinero de los cuernavacenses… Rector y “activista social” en busca de la gubernatura de 2018, Alejandro Vera Jiménez se resiste a que un auditor nombrado por el Congreso Estatal le revise las cuentas, pese a que son recursos públicos; se queja de que los diputados “violan  la autonomía” de la máxima casa de estudios de Morelos, pero omite el hecho de que la autonomía es solamente académica… Convocado no a una comparecencia, pues no fue el caso, sino a una conversación para que explicara los porqués del riesgo que significa circular por las obras del Paso Exprés o libramiento de la autopista, el delegado de la Secretaría de Comunicaciones y Transportes, José Luis Alarcón Ezeta, mandó a la goma a los diputados locales integrantes de la Junta Política y de Gobierno. No fue, los dejó “plantados”, pretextó una “reunión de trabajo” en el ex De Efe pero aquí estuvo, así que el diputado federal Javier Bolaños Aguilar anuncia un punto de acuerdo para que Ezeta vaya al recinto de San Lázaro “a ofrecer razonamientos” sobre el tramo mortal que ya ha cobrado once vidas. Evidentemente protegido por su jefe Gerardo Ruiz Esparza, es éste a quien Bolaños debió darle el “calambre”… Oportunista o no, Vinicio Limón Rivera, secretario general de la CTM-Morelos, dio para “la nota” asegurando que se reunió con el nuevo presidente del PRI nacional, Enrique Ochoa Reza, para entregarle expedientes de ex candidatos y ex presidentes del PRI estatal que se han enriquecido con dinero de este partido. “Motivado” porque Ochoa ha prometido que el PRI no protegerá a ex gobernadores corruptos y obvia la referencia a los Duarte, de Veracruz y Chihuahua, así como a Roberto Borge, de Quintana Roo, Vinicio no dijo nombres. Así son los políticos que esconden la mano y tiran la piedra; hasta hoy día no le han pedido que los diga otros, Marisela Sánchez Cortés y Guillermo del Valle. Peor aún: si de políticos ricos se trata, al día siguiente que Peña Nieto lanzó el sistema nacional (dizque) contra la corrupción, Ochoa hizo público su patrimonio. Confesó ingresos anuales por 190 mil dólares, bienes por dos millones de billetes verdes, cincuenta coches marca Nissan, un terrero en su natal Morelia, un departamento en Baja California y una casa en la Ciudad de México. También es dueño de tres pinturas de Frida Kahlo, cinco litografías de Israel Nazario y obras de Bosco Sodi, Erika Harrsch, Javier Pelaez, Andrés Basurto y Daniel Lezama. Ricachón, pues, el relevo de Manlio Fabio Beltrones, no los políticos de rancho a los que Vinicio “balconeó”, aunque, incluido “el soplón”, pobres precisamente no son. ¿Quién cerraría la puerta si todos los políticos corruptos de México y de Morelos fueran metidos en la cárcel?.. Reunidos este miércoles “líderes” de concesionarios de rutas y taxis del conurbado de Cuernavaca y de las zonas oriente y sur, amenaza con un paro general para la próxima semana. Todos contra el Morebús, afirmando que para que no entre en funcionamiento se ampararán. Pero se les olvida una cosa: que las concesiones no les son propias sino del Gobierno Estatal, de modo que pueden serles canceladas. En otras circunstancias algo parecido sucedió a mediados de los setenta. A automovilistas particulares que durante una o dos semanas fueron habilitados como “peseros”, el gobierno les dio permisos para que sustituyeran a los autobuses urbanos de entonces (todavía no nacía el sistema de “rutas”), cuyos permisionarios exigían un aumento de la tarifa, creo que de 45 centavos a un peso que al final fue de 80 céntimos. Fue una jugada habilidosa contra la voracidad de los concesionarios de los camiones agrupados en los llamados “sindicatos patronales”, dueños de las líneas popularmente conocidas como “Urbanos”, “Chapultepec” y “Chocolates”. La historia enseña… ME LEEN EL DOMINGO.