Bloqueado por ruteros la mañana de ayer el Paseo Cuauhnáhuac, latente la amenaza de Vinicio Limón, de que transportistas afiliados a la CTM “paralizarán el estado”, el ex diputado local perredista y actual titular de la Secretaría de Movilidad y Transporte, David Martínez Martínez, ya no siente lo duro sino lo tupido. En junio pasado, cuando sustituyó a Jorge Messeguer Guillén, seguramente avizoró que las andanadas de concesionarios de rutas y taxis serían parte de su chamba, pero una cosa es saberlo otra sentirlo. Le pasó a Messeguer, por eso enviado a descansar con la finta del cargo de coordinador general de Proyectos Estratégicos de la Gubernatura, en donde ni trabajo tiene pues la prioridad de la reconstrucción de las afectaciones del terremoto de septiembre sepultó el plan del Morebús. El caso es que todos quieren concesiones; so pretexto de la regularización que viene de 2014 presionan para obtenerlas las y los que tienen, tuvieron pero las vendieron o nunca han tenido. Aunque depreciadas las de taxi en comparación a lo que valían hace once años, todavía valen una lanita; siguen siendo consideradas un patrimonio que dan para vivir, sobre todo por quienes poseen más de una, entre ellos y ellas, los llamados líderes del transporte. Esto, aunque sabido es que en Cuernavaca hay de sobra, saturada la oferta ante la demanda desde mediados de 2016 cuando, a poco de dejar la gubernatura, Sergio Estrada Cajigal no sólo emitió casi 4 mil concesiones, también decretó metropolizar el servicio de taxis para que los permisos de Xochitepec, Temixco, Zapata y Jiutepec costaran lo mismo que los de Cuernavaca al poder ya circular en la capital los taxis de los municipios conurbados. Menos de veinte años atrás, durante el gobierno de Antonio Riva Palacio fueron autorizadas unas veinticinco mil concesiones, de taxis y rutas la gran mayoría y las menos de servicio de carga. Pero de alguna manera esta historia venía de los ochenta. La generación actual de operadores de microbuses “ruteros” no había nacido cuando el entonces gobernador Lauro Ortega Martínez creó el sistema de transporte colectivo al que rápidamente los usuarios bautizaron como “rutas”. Sorteado unas setecientas concesiones a choferes y permisionarios de taxis por medio de una rifa efectuada en 1987 en el Cine Ocampo (actualmente Teatro de la Ciudad), los flamantes “ruteros” comenzaron a trabajar en combis y coches sedán, viejos los más pero bien recibidos por los usuarios pues, no obstante incómodos, los desplazamientos resultaron más rápidos que en aquellos camiones trompudos de las líneas que operaban en Cuernavaca conocidos como Urbanos, Chapultepec y Emiliano Zapata (“chocolates”, les llamaban a éstos los cuernavacenses por estar pintados de ese color); Ometochtli, de Tepoztlán, Circunvalación Zacatepec, de la zona cañera, y otras cuantas empresas más en el resto del estado. Así que nunca la gran mayoría de las “rutas” ha estado en condiciones óptimas de seguridad y comodidad, sacadas de la circulación las carcachas sólo cuando amenazan romperse por viejas y dadas las típicas manitas de gato a las que todavía aguantan, pintándolas “para despistar al enemigo”. Pero en medio de todo esto hacían la revista mecánica o simulaban practicarla en el negocio millonario que se volvió costumbre a las autoridades de la primero Dirección General del Transporte y luego a la dependencia elevada a la categoría de Secretaría, por medio de la venta de calcomanías en paquetes (pongamos a cien pesos cada una en lugar del costo oficial de sesenta), pero sin realizar físicamente las revisiones mecánicas a todas y cada una de las unidades. Y todos contentos: los funcionarios del área respectiva y el director o secretario recibiendo los fajos de billetes por “el moche” de la falsa revista así como los dueños de las carcachas, menos los pasajeros expuestos al riesgo de accidentes. Hoy día, equivalentes a un millón 200 mil personas, el 75% de la población de Morelos se transporta diariamente en las 25 mil rutas concesionadas (¿más cuantas “piratas”?)  que se desplazan en el territorio estatal, unas 17 mil de modelos anteriores al 2005 que los concesionarios deberían mandar a los deshuesaderos en lugar de exigir más concesiones. Sucede cada vez que se aproximan el amanecer de las elecciones y el ocaso del sexenio. Martínez seguirá sufriendo unos tres meses, juntando para su campaña por la alcaldía de Temixco si el PRD le asigna la candidatura… ME LEEN MAÑANA.

Por: José Manuel Pérez Durán /  [email protected]

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