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El sistema de autodefensas de comunidades contra la delincuencia no debería inquietar a la autoridad. Que operen pero desprovistas de armas, no armadas como sucede en Guerrero porque allá el problema de la inseguridad pública es muchísimo más grave que en Morelos, o como ocurrió en Michoacán, donde sin ser hoy un paraíso de tranquilidad las organizaciones comunitarias de autodefensas armadas casi acabaron con las extorsiones, secuestros y homicidios que por años perpetró el cártel de Los Caballeros Templarios liderado por Servando Gómez, “La Tuta”, a quien la Policía Federal detuvo en febrero de 2015. De hecho, en Tetela del Volcán el grupo de autodefensa “Relámpago” ha funcionado los últimos tres años, con buenos resultados, descrito en mayo de 2014 por el entonces presidente municipal, Javier Montes Rosales, como una agrupación de vecinos de varias comunidades que con recursos propios empezaron a enfrentar a bandas de secuestradores y roba coches que habían sembrado el terror en la zona de volcán, eran requeridos en Ocuituco y en otros municipios para extender este modelo de vigilantes comunitarios. Gracias a esto, se ufana la actual alcaldesa Ana Bertha Haro, Tetela es uno o el municipio más seguro de Morelos. Coordinados con el mando único de la Comisión Estatal de Seguridad Pública, los integrantes del Grupo Relámpago hacen recorridos de vigilancia y reportan a sospechosos para que de éstos se encarguen los policías adscritos al mando unificado. Al rechazar la existencia de autodefensas armadas, recientemente la presidenta Haro destacó resultados positivos tras la implementación en su municipio del mando único y el reforzamiento de la seguridad con grupos de protección ciudadana denominados “seguridad vecinal”. Precisó que estos grupos no portan armas, reportan vía radio o teléfono los incidentes detectados a los elementos del Mando Único y es éste el que confirma o no la comisión de delitos. Otro hecho es que la semana antepasada organizaciones ciudadanas de ocho municipios de la región oriente se reunieron en Yecapixtla. Sopesaron las posibilidades de copiar el Grupo Relámpago de Tetela, lo cual harían en el transcurso de este mes buscando la tranquilidad trastocada por bandas de delincuentes. Y uno más, la colonia Iztaccíhuatl de Cuautla, cerrados un buen número de comercios por la amenaza de extorsiones de “derecho de “piso” lanzadas por grupos delincuenciales y los intentos vecinales de organizarse en comités de autodefensa desarmados. Después de todo el tema no es nuevo. En octubre de 2014, vecinos de las colonias Alta Vista, Independencia, Lázaro Cárdenas, Ricardo Soto, El Higuerón y Pedro Amaro sostuvieron una reunión en la ayudantía municipal de esta última comunidad. Pedirían a la Secretaría de la Defensa Nacional permisos para portar armas y combatir ellos mismos a la delincuencia, o que fuerzas federales ingresaran al corredor que va de Pedro Amaro a El Higuerón. Empezaban a cundir así los ejemplos del estado vecino y la tierra caliente de Michoacán, antiguo el modelo de las autodefensas desarmadas pues data de mediados de los noventa, hasta que en el otoño de 2013 resurgieron provistos de armas en municipios guerrerenses de la Costa Chica y la Montaña. La gente de Olinalá destapó la cajita del hartazgo, y en Marquelia, Copala, Tecuanapa, San Marcos, Cuautepec, Florencio Villareal y más comunidades costeñas dijeron ya basta a los secuestros y el chantaje por “derecho de piso”, los robos a casa habitación, de vehículos y a comercios. Siguieron el ejemplo en pueblos de Michoacán, donde la extorsión a productores de aguacate, a ganaderos y comerciantes era la constante, y crecieron en Guerrero al punto de sumar miles. Entonces hubo esta “perlita”: el martes 26 de marzo de 2014 que irrumpieron en Tierra Colorada coreaban: “¡somos un chingo y seremos más!”. Calcularon dos mil, trasladados sierra arriba desde la costa por el crucero de Cruz Grande y la carretera que atraviesa Ayutla de los Libres con el propósito, rápidamente cumplido, de atrapar al director de Seguridad Pública del lugar, Óscar Ulises Valle, quien había asesinado al comandante de los guardias comunitarios de Tacoanapa, Guadalupe Quiñónez Carbajal. De paso le echaron un vistazo al domicilio de la alcaldesa (panista, por cierto) Elizabeth Gutiérrez Paz, donde de acuerdo al reporte del dirigente de la Unión de Pueblos y Organizaciones del Estado de Guerrero, Bruno Plácido Valerio, hallaron capuchas y doce paquetes de droga, al parecer mariguana, que fueron mostrados a los medios… ME LEEN MAÑANA.

Por:  José Manuel Pérez Durán  /  [email protected]