Atril: Linares sí, Ganem no

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Quitarle el nombre a la calle Ricardo Linares es una aberración, y una metida de pata del anterior cabildo de Cuernavaca ponerle el de Jorge Ganem Guerra. Sucedió en diciembre, sin embargo hasta hoy de esto nadie ha dicho ni pío y hasta los protagónicos de siempre que se extasían tomándose la foto en actos públicos han hecho mutis. No hay comparación. Mientras Ganem es un político priista de la vieja guardia y un médico respetable pero nada más, Linares es una figura muy  importante en la historia de Cuernavaca. Luchando porque el entuerto sea enderezado, el abogado litigante Francisco Ayala Vázquez ha solicitado la protección de la justicia federal. Metió un amparo en el Juzgado del Décimo Octavo Distrito, considera violados sus derechos humanos debido a que el cabildo hizo el cambio de nombres sin consultar al Consejo de Cronistas de Cuernavaca del cual el mismo Ayala es miembro. Asegura que los ex concejales “no fundaron lógica, suficiente y reflexivamente” el dicho cambio, que éste “crea confusión y desorden” tanto a los habitantes de la ciudad como a los vecinos de la calle que inicia en la colonia Carolina y desemboca en el Chapitel del Calvario. Expone la razón, de sobra sabida por los historiadores de Cuernavaca, por la que esta arteria recibió el nombre del insigne personaje: durante la época de la Revolución rescató y conservó los libros del Registro Civil de la ciudad. Y sí, esto lo sabemos muchos cuernavacenses, pero no al parecer el ex alcalde, los ex regidores y el ex síndico. Para documentarse les hubiera bastado con leer a vuelo de pájaro la biografía de Ricardo Linares en basica.primariatic.sep.gob.mx/descargas/.../red.../ricardolinars.htm. En 1914, las tropas zapatistas tomaron Cuernavaca. El Registro Civil (RC) estaba a cargo de Linares y fue ocupado por los revolucionarios que pretendieron obligarlo a entregar la oficina. Algunos de los zapatistas amenazaron con quemar el Palacio Municipal (el Palacio de Cortés), comenzando con la oficina del RC. Pero Linares no se amilanó y ello ocasionó que cinco zapatistas lo sacaran de su oficina y lo llevaran al patio, donde sería asesinado. De manera providencial llegó un jefe zapatista quien en su infancia había sido alumno del profesor Linares e impidió que éste fuera fusilado. El jefe ofreció plenas garantías de que la sede del gobierno municipal y el archivo del RC serían respetados. Linares continuó expidiendo actas de nacimiento, matrimonio y defunción, pero al recrudecerse la lucha revolucionaria fue imposible que la oficina continuara funcionando, así que recogió todos los libros del archivo del RC, los introdujo en grandes cajas y los enterró. A petición del propio Linares y con apoyo de oficiales del ejército carrancista, trasladaron las cajas a la Ciudad de México en donde las conservó por un tiempo y en 1919 solicitó al secretario de Gobernación su colaboración para reubicar los libros de Cuernavaca. Nuestro personaje nació el 3 de abril de 1865 en la Hacienda de Santa Cruz Tetecala. Cuando tenía 5 años sus padres lo trajeron a vivir a Cuernavaca, en la actual colonia Tlaltenango. Ahí su padre le enseñó las primeras letras y a tocar el violín. A la edad temprana de diez, quedó huérfano de padre y al frente de su familia compuesta por su mamá y seis hermanas. Era un joven de 18 cuando fue director de la escuela del barrio de Tlaltenango, donde formó una orquesta de señoritas en la cual participaban sus hermanas. En 1882 Ricardo fue ascendido en el Ayuntamiento a la categoría de empleado y posteriormente nombrado secretario del RC. Siete años después, en cooperación con el sacerdote Miguel María Vélez formó una banda musical con vecinos del barrio de El Calvario y donó todos los instrumentos. Su inclinación por la música lo relacionó con el maestro Manuel León, autor de la “Marcha Morelense”. Fue declarado hijo preclaro y benefactor de Cuernavaca, concediéndosele una medalla de oro con la inscripción “honor a quien honor merece”. El 28 de diciembre de 1951, el presidente municipal Luis Flores Sobral le puso el nombre de Ricardo Linares a la antigua calle de Alpuche, la calle que él cruzaba cuatro veces al día para ir a su trabajo. Falleció en un accidente a bordo de su automóvil cuando se dirigía a su oficina. Su cuerpo fue velado en el Salón de Cabildos. Durante más de 25 años Ricardo Linares fue regidor del Ayuntamiento de Cuernavaca sin ganar un solo centavo, honesto, desinteresado por el pode material, “igual” que los regidores de ahora… ME LEEN EL DOMINGO.