“Diputados traidores”, dice en los traseros de las rutas. Puestas las fotografías de casi todos ellos y de una principalmente, la gente las ve pasar y se lo creen. No está informada bien a bien, así que la imaginaria popular agarra parejo, como en el cuento de la monjita setentera de la época de la Revolución Mexicana que replicó a sus novicias cuando iban a ser “pasadas por las armas” y rogaron que a ella no porque ya estaba viejita: “¡Hijita, el señor general dijo que a todasssh!”… Los ruteros, o mejor dicho los dueños de las rutas, están que echan chispas. No quieren que entre en circulación el Morebús al que reformando la Ley de Tránsito aprobaron los diputados. Por eso son tachados de traicioneros, porque “traicionaron” los intereses económicos de los concesionarios, no todos, nomás del bloque que se opone al Sistema Integrado de Transporte Masivo del Estado, o sea, el Morebús ¿Jaime Álvarez Cisneros se puso saco? Pue’ que, pero también que ha sido el único o uno de los pocos diputados “respondones”. Les dice: La modernización del transporte no se puede detener por intereses particulares e información errónea que se está difundiendo entre la población, muchas de las unidades (microbuses y combis) están en malas condiciones físicas  y mecánicas,  son conducidas a exceso de velocidad, los conductores maltratan a los pasajeros, sobre todo a los adultos mayores. Nada que no sepan los miles de usuarios que se desplazan en las rutas pero se les “olvida” a los autollamados “líderes del transporte”. En el fondo de esto se trata, de un tema añejo soslayado por sucesivas legislaturas hasta que, por iniciativa del Ejecutivo, la actual Cámara de Diputados le entró al toro. Insistente, el columnista lo comentó así en septiembre pasado cuando el plan del Morebús empezaba a tomar forma: Cuernavaca no es el Queens de Nueva York, el condado más grande de la también llamada ciudad de los rascacielos, ni el Big Clock de la capital británica que mira al Támesis, pero merece y necesita un buen servicio de transporte público. Anunciada por el gobernador Graco Ramírez una encuesta que haría la empresa Parametría sobre las rutas, las respuestas de los entrevistados serían obvias. ¿Están limpias las unidades?  “Regular”. ¿Manejan bien los operadores? “No, van como locos, rebasando, parando a media cuadra, hablando por celular, llevando la música a todo volumen, reemprendiendo la marcha cuando los usuarios aún no acaban de bajar”. ¿Son corteses? “Para nada”. ¿Les dan un trato especial a las personas de la tercera edad, les respetan el descuento en el pasaje, son cuidadosos con las señoras embarazadas y la gente minusválida? “Nunca”… Diez meses más tarde el conflicto creció, amafiados los permisionarios de rutas con el rector de la Universidad Autónoma del Estado de Morelos (UAEM), Alejandro Vera Jiménez, en la marcha del martes antepasado así como en otras manifestaciones de protesta. Vera se amarchantó con un sector detestado por la población, los concesionarios de las rutas que prestan el servicio pésimo. Otra sería la percepción social hacia el Rector si en lugar de a los permisionarios estuviera apoyando a los choferes, explotados por sus patrones que no les dan prestación laboral alguna, sabido desde siempre que trabajan doce y más horas, sin Seguro Social, pago del séptimo día, reparto de utilidades, vacaciones. Qué hacer entonces. Simplemente ordenar el trasporte de personas con el que contamos. Sacar de circulación a las rutas y taxis carcachas, obligar a los permisionarios a que los cambien por modelos de no más de diez años de antigüedad, que los choferes tomen cursos de buen comportamiento, y si no, que les cancelen las licencias. Tal es el problema. Pero mientras tanto, la movilidad de las personas en Cuernavaca y los municipios conurbados seguirá siendo de tercer mundo, continuarán esperando el Morebús que lleva ya más de dos años sin poder arrancar… y por lo pronto en estos días política y más política. Propuesta por el diputado federal panista Javier Bolaños Aguilar una mesa de diálogo convocada eventualmente por la Secretaría de Gobernación, precisa que debe ser amplia, “con sillas suficientes para que todos aquellos que tienen inquietudes, reclamos o propuestas puedan ser escuchados”. La idea parece buena. Confirmaría verdades y mentiras, caería una que otra máscara, Alejandro Vera no renunciará a la tribuna del cargo de Rector de la UAEM para dedicarse de lleno a su proyecto político pero algo avanzarían en el camino de las soluciones… ME LEEN MAÑANA.

Por: José Manuel Pérez Durán /  [email protected]

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