Ni microbuses ni combis, sino unidades de tamaño intermedio como camionetas para doce pasajeros. Paran en las esquinas, pero no todas, distribuidos los derroteros de las mismas calles o avenidas en paraderos distintos. Ejemplo: las rutas números dos, tres y cuatro abordadas por los usuarios en lugares para ello señalados, y en otros las cinco, seis y siete. Naturalmente, el usuario debe caminar una o dos cuadras, pero el desplazamiento vehicular es ligero, no denso con el apretujamiento  de los microbuses o combis dejando y levantando pasaje en solamente una “parada”. Los taxis sólo paran en las esquinas, equipados con taxímetros que precisan el costo del servicio e identificado el conductor por un gafete tamaño media carta que lo hace instantáneamente visible, con el nombre y la fotografía del chofer así como el número económico, las placas de la unidad, el nombre y el teléfono del sitio al que corresponde. Los autobuses de pasaje foráneo, ubicadas sus terminales en las afueras de la ciudad, de modo que no entorpecen la circulación ni contaminan el aire que respira la gente. El transporte de carga, camiones tipo “torton” y tráileres, cargando y descargando las mercancías solamente a partir de las diez de la noche para que no estorben el tránsito de personas y vehículos. Y los camiones de la basura, recolectándola de las 22.00 a las 6.00 horas, cubriendo más recorridos que de día y sin aportar al caos vehicular. ¿Es esto una fantasía? No. Grosso modo así funciona el transporte en ciudades ordenadas, con funcionarios públicos eficientes, organizaciones de transportistas subordinadas a la autoridad y ciudadanos demandantes del servicio por el que pagan, que debe ser bueno y al alcance del bolsillo popular. El comentario viene desde el paquete económico 2016 del Gobierno Estatal que previó una inversión de 218 millones 634 mil pesos para la continuación de “proyectos que reduzcan el impacto ambiental de las actividades humanas”, y de ésta una parte para la llamada “modernización del transporte”. Incluyó el Morebús, se dijo entonces, con la participación de empresas nacionales y extranjeras, pero mantenida la oposición de agrupaciones de concesionarios de “rutas” que, tocados sus intereses, hasta hoy día se resisten a este plan que se hace viejo. No sin razones, digamos de lógica elemental. Estrechas las vialidades y accidentada la topografía de Cuernavaca, el Morebús podrá circular en avenidas de dos o tres carriles pero le quitaría espacio a rutas, taxis y automotores de servicio particular. Sucede en el Distrito Federal, complicadas las doce líneas del Metrobús que mueve diariamente a 800 mil capitalinos. Y lo mismo podrá pasar en nuestra ciudad, específicamente en Plan de Ayala, Teopanzolco, Domingo Diez, Heroico Militar y la avenida Universidad hasta llegar al campus Chamilpa por donde se proyecta circulará el Morebús. Más razonable aunque no menos difícil que seguir echándole más lumbre a la hoguera en una ciudad como la nuestra donde por cada tres personas hay un vehículo, sería la modernización del transporte, ordenándola, sacando de la calle a las carcachas, prohibiendo la circulación de rutas y taxis de modelos anteriores al 2007, obligando a los permisionarios a que no exploten a sus choferes que desde siempre trabajan jornadas de doce horas y más, sin seguro social, vacaciones ni reparto de utilidades. Eso sí sería apreciado por los usuarios, y que se paren de pestañas los líderes de ruteros en cuyas 25 mil carcachas se desplaza día a día el 75% de la población morelense. Un sueño irrealizable esto de la modernización total del transporte, ocupados y preocupados como están los funcionarios de puestos clave de la Secretaría Movilidad y Transporte “combatiendo” los taxis “piratas” que nadie sabe a ciencia cierta cuántos son pero existen, con más visibles en los municipios de la zona conurbada. Viejo el pirataje, data de esta dependencia desde fines de los setenta en que era un apéndice de la posteriormente desparecida Dirección de Policía y Tránsito. Puesto en estos términos, históricamente el número de taxis que circulan sin concesiones o permisos ha sido manejado como un misterio, reeditada de manera cíclica la típica maniobra de pagos de sumas elevadas por debajo de la mesa a través de los gestores (vulgo, “coyotes”), entre éstos los llamados presidentes de sitios coludidos con funcionarios muy de confianza de la dicha dependencia… ME LEEN EL DOMINGO.

Por: José Manuel Pérez Durán /  [email protected]