Andrés Manuel nunca pronunció la palabra “precandidato”, sólo dijo que Cuauhtémoc Blanco Bravo fue el mejor calificado en la encuesta. Lo alabó como “un gran deportista” y “un buen dirigente social”, todo esto y más para decir que “es presidente municipal de Cuernavaca (que) ha sido muy asediado por el gobernador de Morelos”, de quien se negó a mencionar su nombre. Desinformado, el candidato presidencial y líder del partido Movimiento Regeneración Nacional (Morena), citó a Cuauhtémoc como “un buen dirigente social”, pero no dijo, porque a lo mejor no se lo hicieron saber o sabiéndolo desdeñó la realidad padecida por los cuernavacences, que el signo de la administración de Blanco ha sido el abandono de la ciudad que mal gobierna. Y tampoco se refirió a Cuauhtémoc como el advenedizo que en 2015 vendió su fama en seis millones de pesos a los mangoneadores del Partido Sociademócrata, contratándose como candidato a alcalde de una ciudad de la cual no es, a la que no quiere y a la que después de tres años no acaba de conocer. Sin embargo, las palabras de Andrés Manuel López Obrador el domingo en el mitin del municipio de Berriozábal, colindante con la capital chiapaneca, Tuxtla Gutiérrez, resonaron en el país como “el destape” de Blanco como el precandidato de Morena a la gubernatura de Morelos. Y llegaron a Morelos envueltas en una mezcla de reacciones de estupor, enojo y decepción que continuaba el martes ante la ausencia de un comunicado oficial de Morena que disipara la incertidumbre o confirmara la especia. Coraje en ámbitos de afuera y de adentro de Morena no debido a la condición de foráneo del ex futbolista profesional, sino por mentir e insistir en su mentira de que en Cuernavaca ya vivía antes de ser candidato a presidente municipal. Sorpresa, pues aunque en la política todo puede suceder y la historia de Morelos está plagada de gobernadores oriundos de otras entidades, jamás los morelenses imaginamos a un forastero pretendiendo gobernar un estado del que desconoce su historia, su geografía, su gente y sus costumbres. Llegado el caso, si es que llega, Cuauhtémoc perderá el debate de cultura elemental sobre Morelos, y evadirá la confrontación o confirma su ignorancia supina admitiendo, por ejemplo, no saber dónde y cuándo nació Emiliano Zapata, en qué fecha y circunstancias el generalísimo Morelos estuvo preso en el Palacio de Cortés o cómo fue que el propio Siervo de la Nación rompió el sitio de Cuautla. Y sentimientos de decepción para Andrés Manuel debidos a que habiendo preferido a Cuauhtémoc traiciona la lealtad de Rabindranath Salazar Solorio, el senador por el PRD que fue de los primeros en mudarse a Morena, el ex alcalde de Jiutepec que ocupando este cargo fue apoyado públicamente por López Obrador; “Rabín”, el senador que ya pidió licencia, a diferencia de Blanco que no se ha separado de la alcaldía y el martes admitió que no sabe cuándo acudirá al recurso de la licencia. Dicho todo esto sin que el columnista “gambetee” la realidad del único punto positivo de Cuauhtémoc Blanco: su popularidad por haber sido un futbolista profesional exitoso, y que, como ya sucedió en la elección municipal de 2015, tanta gente votó por la fama y no por la preparación que para el caso de López Obrador se trata dos cosas: “pueblear” al famoso porque le sirve mediáticamente o que a lo mejor en la elección de gobernador de 2018 la ignorancia repite la historia de 2015. Que se preocupen, entonces, el virtual candidato a gobernador de la coalición PRD-PSD; Rodrigo Gayosso Cepeda; el candidato del PAN a modo del mismo Gayosso, Víctor Caballero y, pergeñada esta columna temprana la mañana de ayer, quien resulte el abanderado del PRI. Otra historia será la contienda por la presidencia municipal de Cuernavaca, registrada ya la candidatura de risa de Julio Yáñez por el PSD, pendiente el deshoje de la margarita en el PRI con otros pétalos, Alfredo Gutiérrez y el que desprenda el descarte priista de la candidatura gubernamental. Ah, y el panista Javier Bolaños Aguilar como el más competitivo… a menos que la fantasía le pusiera enfrente a Joan Sebastian, el guerrerense más cuernavacense que fue. Por ahora es cuánto; me leen después.

Por: José Manuel Pérez Durán

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