De cara a las elecciones de julio y cumplido este inicio de semana el trámite de registros de candidatos en el Instituto Morelense de Procesos Electorales y Participación Ciudadana, ello significó el primer cañonazo de la guerra por la gubernatura que el campo de batalla comienza a prefigurar. Cosa que no impide que la contienda se limite a tres candidatos solamente. Enumerados aquí por orden alfabético “para no despertar suspicacias”, las circunstancias y condiciones de Cuauhtémoc Blanco Bravo, de la coalición Morena-PES, Rodrigo Gayosso Cepeda, PRD-PSD, y Jorge Meade Ocaranza, del PRI, trascienden de maneras distintas entre la gente medianamente informada: Cuauhtémoc, el más conocido gracias a su fama de ex futbolista exitoso pero reprobado por sus oponentes dada su condición de fuereño oportunista; Gayosso, que está donde está debido a méritos propios pero remarcados en la visión acaso simplista de la ventaja de ser el hijo adoptivo del gobernador Graco Ramírez, y Meade, el más viejo del trío cuya experiencia lo hace consciente de que la similitud del apellido con el del candidato presidencial de su partido no lo ayuda sino más bien lo perjudica, y a quien debido a alguna “extraña razón” muchos ven como un candidato puesto a modo de favorecer a Gayosso. De los demás candidatos solamente un milagro haría que saliera el siguiente gobernador: Víctor Manuel Caballero Solano, PAN-MC; Alejandro Vera, Nueva Alianza; Nadia Luz Lara Chávez, Partido Verde Ecologista de México, y Fidel Demédicis Hidalgo, independiente. No ganarán pero se divertirán, presumirán en sus currículums la leyenda de “ex candidato” a gobernador y cooperarán para los plurinominales de sus partidos, reeditadas por dirigentes reputados como corruptos y mañosos las puestas en las listas de regidores y diputados de representación proporcional condicionados a que durante tres años “se mochen” con dinero de sus salarios. Viva la democracia!.. SÓLO al que carga el cajón le pesa el muerto. No es lo mismo enterarse de la falta de agua potable que padecerla en carne propia. La gente tiene toda la razón cuando se encabrona porque no sale agua de las llaves. Pero, indiferentes a la desgracia ajena, los tecnócratas del Sistema de Agua Potable y Alcantarillado de Cuernavaca (SAPAC) invariablemente aducen falta de recursos económicos y otras cuestiones que, verdad a mentira, a los usuarios no les interesan porque lo que quieren, necesitan y exigen es sólo una cosa: ¡agua! Volvió a suceder la mañana de este lunes en la avenida Lázaro Cárdenas de la colonia Jiquilpan, bloqueada la circulación vehicular por vecinos desesperados porque hace cinco meses que el organismo no ha terminado una obra. Tratándose regularmente de problemas recurrentes, sólo lo explican la incapacidad y la presunción de corrupción en una dependencia municipal que genera gastos pero también ingresos multimillonarios. Del archivo atrilero: mayo de 2017. Treinta y cinco pozos sin luz “por exceso de pago” representó mucha gente sin agua, miles de personas lo mismo de colonias populares que de rumbos clasemedieros. Y más amenazaron ser porque el SAPAC seguía sin pagar los casi 88 millones de pesos que adeudaba a la Comisión Federal de Electricidad. Confirmados los cortes del fluido eléctrico por el vocero de la paraestatal, Raúl Gómez Cárdenas, detalló que la cifra correspondió al 75 por ciento de facturas vencidas desde septiembre del año anterior y el resto al incumplimiento del convenio. Peor aún: indiferente el alcalde Cuauhtémoc Blanco a las penurias de tanta gente, luego de semanas de llaves secas el SAPAC no había llegado a ningún acuerdo de pago con la CFE. Ocupado en la política y despreocupado por los cuernavacences, no fue marchando al lado del obispo Ramón Castro como consiguió el milagro de que le fuera perdonada la deuda. Terrenal el fondo del problema, lo es en parte porque históricamente los sistemas operadores de agua potable jamás han sido autosuficientes en términos financieros. Por un lado, están los morosos porque a su economía las tarifas les resultan exorbitantes o por la cultura del no pago, y por otro, las pésimas administraciones que con pocas excepciones han caracterizado al SAPAC. Lejanos los tiempos cuando la desaparecida Comisión de Luz y Fuerza del Centro y después la CFE condonaban deudas a organismos descentralizados o no, hoy que la paraestatal se maneja como una empresa privada no le perdona ni un céntimo a nadie. Y, cercano por estos días el arranque del estiaje, las protestas por la escasez de agua tendrán la connotación de conflicto preelectoral… (Me leen después).

Por: José Manuel Pérez Durán

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