“…Y el jefe de sicarios del capo sinaloense Edgar Valdez Villarreal, ‘La Barbie’, apoltronado en la zona vip de algún antro de Cuernavaca, o  bebiendo de lo caro, disfrutando exquisiteces, custodiado por sus escoltas en un restaurante de Cuautla…”. Escribí en abril de 2015 en algún “Atril”, escueto pues la autocensura por seguridad bloqueaba algunos datos, como que el citado restaurante de la Ciudad de Los Balnearios está ubicado en las cercanías de la Central de Abastos. Titulado “La guerra sin fin”, el comentario de abril refería la atmósfera social de años anteriores en estos términos: Entonces no lo decían por temor, pero después lo vinieron contando porque les constaba o alardeaban para hacerse los “interesantes”. El caso fue que las versiones coincidían, aseguraban a sotto voce haber visto a Arturo Beltrán Leyva como cualquier cliente en restaurantes de nombres, estilos y sitios famosos. Y al jefe de sicarios del capo sinaloense, Edgar Valdez, entrando y saliendo de lugares muy concurridos como Juan por su casa. Reproducían la narración del mesero anónimo que contó: “Güero él, azules los ojos, fornido, ocupó una mesa arrinconada con el que parecía su segundo. Distribuidos en el local, otros de sus hombres sostenían sobre las piernas estuches de bastones de golf de los cuales asomaban los cañones de ‘cuernos de chivo’, y afuera, las suburbans con sujetos vigilantes. Todos comieron del bufet y sólo en la mesa de ‘La Barbie’ pidieron tragos, pocos, no más de cuatro. Se portaron educados, pagaron la cuenta, dejaron una propina generosa y se fueron como habían llegado, rápidos, organizados, siguiendo un protocolo de rutina”. Pero todo eso se decía luego de que el 16 de diciembre de 2009 la Marina armada abatiera a Arturo Beltrán en su departamento de las Torres Altitude, de que en junio del siguiente año se publicó que Sergio Villareal, “El Grande”, dejó ahí mismo cuatro ofrendas florales y tres narcomensajes jurando vengarse de “La Barbie”. Lo contaron pero después de que éste fuera detenido, el 29 de agosto de 2010 en el estado de México, y de que Villarreal corriera la misma suerte, el 12 de septiembre en Puebla. Las conversaciones corrían a todo pasado, referentes a Arturo Beltrán como el jefe indiscutible de la plaza de Morelos, presumiblemente “arreglado” con fuerzas federales, estatales y municipales, haciendo mutis los altos funcionarios del gobierno en turno por razones inefables. Tal fue el Morelos de hace solamente unos cuantos años, distinto al Morelos del hoy, elocuentes las cifras de seguridad en la administración de Graco Ramírez, descendentes los números en los delitos de alto impacto como el secuestro, el homicidio doloso y la extorsión, pero olvidada por la amnesia de las conveniencias políticas la era de mediados y hasta fines de los noventa cuando bandas asociadas con jefes policíacos secuestraron la tranquilidad de Morelos. Nefasta aquella época en la que no hubo semana sin que fueran secuestrados empresarios famosos o no, con más en Cuernavaca y en Cuautla, tantos y tan continuos que en enero de 1998 agentes federales atraparon al jefe de la unidad anti secuestros de la Policía Judicial (PJ), acusado de estar vinculado con grupos criminales dedicados al secuestro, y de que, previos los arrestos momentáneos del procurador de justicia y el director de la PJ, en mayo del mismo año cayera el gobernador Jorge Carrillo Olea…  Puesto en huelga de hambre, en octubre de 2012 Valdez esperaba un careo con el ex secretario de Seguridad Pública de Morelos, Luis Ángel Cabeza de Vaca, quien, debido a la falta de evidencias y presuntas torturas a delincuentes para declarar en su contra, en junio de 2016 fue liberado por magistrados del Segundo Tribunal Colegiado con sede en Nayarit. Cuatro años antes, en esa regla de que tarde o temprano el brazo de la justicia suele alcanzar a los criminales, el reportero Ricardo Ravelo, de la revista “Proceso”, consignaba: “Pieza clave de la célula criminal encabezada por los hermanos Beltrán Leyva, Sergio Villarreal Barragán, El Grande, fue extraditado a Estados Unidos. Su expediente está radicado en una corte de Texas, donde le espera un largo juicio y posiblemente lo sentencien a cadena perpetua…”. Todo lo cual es traído a cuento por los 49 años de prisión a los que sentenciado Edgar Valdez en Estados Unidos por los cargos de tráfico de cocaína y lavado de dinero. Si le alcanza, lo que le resta de vida, aunque no en todos los casos de super criminales aplica la máxima de que el crimen no paga… (Me leen después).  “…Y el jefe de sicarios del capo sinaloense Edgar Valdez Villarreal, ‘La Barbie’, apoltronado en la zona vip de algún antro de Cuernavaca, o  bebiendo de lo caro, disfrutando exquisiteces, custodiado por sus escoltas en un restaurante de Cuautla…”. Escribí en abril de 2015 en algún “Atril”, escueto pues la autocensura por seguridad bloqueaba algunos datos, como que el citado restaurante de la Ciudad de Los Balnearios está ubicado en las cercanías de la Central de Abastos. Titulado “La guerra sin fin”, el comentario de abril refería la atmósfera social de años anteriores en estos términos: Entonces no lo decían por temor, pero después lo vinieron contando porque les constaba o alardeaban para hacerse los “interesantes”. El caso fue que las versiones coincidían, aseguraban a sotto voce haber visto a Arturo Beltrán Leyva como cualquier cliente en restaurantes de nombres, estilos y sitios famosos. Y al jefe de sicarios del capo sinaloense, Edgar Valdez, entrando y saliendo de lugares muy concurridos como Juan por su casa. Reproducían la narración del mesero anónimo que contó: “Güero él, azules los ojos, fornido, ocupó una mesa arrinconada con el que parecía su segundo. Distribuidos en el local, otros de sus hombres sostenían sobre las piernas estuches de bastones de golf de los cuales asomaban los cañones de ‘cuernos de chivo’, y afuera, las suburbans con sujetos vigilantes. Todos comieron del bufet y sólo en la mesa de ‘La Barbie’ pidieron tragos, pocos, no más de cuatro. Se portaron educados, pagaron la cuenta, dejaron una propina generosa y se fueron como habían llegado, rápidos, organizados, siguiendo un protocolo de rutina”. Pero todo eso se decía luego de que el 16 de diciembre de 2009 la Marina armada abatiera a Arturo Beltrán en su departamento de las Torres Altitude, de que en junio del siguiente año se publicó que Sergio Villareal, “El Grande”, dejó ahí mismo cuatro ofrendas florales y tres narcomensajes jurando vengarse de “La Barbie”. Lo contaron pero después de que éste fuera detenido, el 29 de agosto de 2010 en el estado de México, y de que Villarreal corriera la misma suerte, el 12 de septiembre en Puebla. Las conversaciones corrían a todo pasado, referentes a Arturo Beltrán como el jefe indiscutible de la plaza de Morelos, presumiblemente “arreglado” con fuerzas federales, estatales y municipales, haciendo mutis los altos funcionarios del gobierno en turno por razones inefables. Tal fue el Morelos de hace solamente unos cuantos años, distinto al Morelos del hoy, elocuentes las cifras de seguridad en la administración de Graco Ramírez, descendentes los números en los delitos de alto impacto como el secuestro, el homicidio doloso y la extorsión, pero olvidada por la amnesia de las conveniencias políticas la era de mediados y hasta fines de los noventa cuando bandas asociadas con jefes policíacos secuestraron la tranquilidad de Morelos. Nefasta aquella época en la que no hubo semana sin que fueran secuestrados empresarios famosos o no, con más en Cuernavaca y en Cuautla, tantos y tan continuos que en enero de 1998 agentes federales atraparon al jefe de la unidad anti secuestros de la Policía Judicial (PJ), acusado de estar vinculado con grupos criminales dedicados al secuestro, y de que, previos los arrestos momentáneos del procurador de justicia y el director de la PJ, en mayo del mismo año cayera el gobernador Jorge Carrillo Olea…  Puesto en huelga de hambre, en octubre de 2012 Valdez esperaba un careo con el ex secretario de Seguridad Pública de Morelos, Luis Ángel Cabeza de Vaca, quien, debido a la falta de evidencias y presuntas torturas a delincuentes para declarar en su contra, en junio de 2016 fue liberado por magistrados del Segundo Tribunal Colegiado con sede en Nayarit. Cuatro años antes, en esa regla de que tarde o temprano el brazo de la justicia suele alcanzar a los criminales, el reportero Ricardo Ravelo, de la revista “Proceso”, consignaba: “Pieza clave de la célula criminal encabezada por los hermanos Beltrán Leyva, Sergio Villarreal Barragán, El Grande, fue extraditado a Estados Unidos. Su expediente está radicado en una corte de Texas, donde le espera un largo juicio y posiblemente lo sentencien a cadena perpetua…”. Todo lo cual es traído a cuento por los 49 años de prisión a los que sentenciado Edgar Valdez en Estados Unidos por los cargos de tráfico de cocaína y lavado de dinero. Si le alcanza, lo que le resta de vida, aunque no en todos los casos de super criminales aplica la máxima de que el crimen no paga… (Me leen después).  

Por: José Manuel Pérez Durán / [email protected]

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