No sería igual que quitarles el dinero del impuesto predial, lo que junto con la recaudación por el suministro del agua potable y las infracciones en áreas diversas representan el ingreso fuerte de los ayuntamientos. Pero, quebrados tanto por deudas antiguas y recientes a proveedores como por el acumulado de laudos laborales –de éstos más de siete millones de pesos en Cuernavaca–, quitarles el ingreso de las licencias de construcción que históricamente ha sido municipal les abriría un gran boquete financiero. Por eso es que la oposición a una iniciativa del Poder Ejecutivo ha desatado una “rebeldía silenciosa” entre alcaldes que no se atreven a protestar de viva voz, esperando que otros se pronuncien públicamente como lo hizo Manuel Agüero Tovar, de Jiutepec, quien repite la obviedad de que la concreción de esta reforma afectaría gravemente las finanzas de las comunas pero omite la autonomía municipal que consagra el artículo 115 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos. Sabida la docilidad al Ejecutivo por parte del presidente de la Comisión de Planeación para el Desarrollo Urbano y Territorial, Jaime Álvarez Cisneros, la reacción de éste fue típica de quien no se compromete. Dirigente estatal de facto del partido Movimiento Ciudadano (MC), Álvarez se limitó a decir que “analizan con el área jurídica (de esa comisión) dicha propuesta, pero que de inicio la ven inviable pues el Ejecutivo quitaría facultades que hoy corresponden sólo a los municipios”. Lo que por simulado no hacía falta que argumentara el declarante, confirmado por estos días como un político de dos caras que apoya simultáneamente a los candidatos a gobernador del PRD y la coalición PAN-MC, Rodrigo Gayosso Cepeda y Víctor Manuel Caballero… Como mucho de lo que hoy está sucediendo en Morelos, la construcción de viviendas y edificios tiene que ver con el terremoto del que el lunes anterior se cumplieron seis meses. Algún día Jojutla será otra, reconstruidas docenas de viviendas, espacios públicos como la Plaza de la Soberana Convención, el Zócalo, la Alameda, el puente de Los Suspiros, la capilla de Santa Cruz, la escuela primaria Emiliano Zapata, el Auditorio Juan Antonio Tlaxcoapan y otras edificaciones que derrumbó el temblor más poderoso en la historia moderna de Morelos, directo, letal por cercano el epicentro en Axochiapan. Las siguientes generaciones recordarán al ahora llamado Plan Jojutla como el conjunto de proyectos que cambió la imagen del corazón de la zona cañera de Morelos. Serán construidas nuevas calles, no en una operación de maquillaje superficial como suele ocurrir sino por arriba y por abajo: el piso, los drenajes y redes de agua potable, obras que no se aprecian a simple vista pero son indispensables. Mas esa es otra historia; la de hoy apenas se está escribiendo. Los cambios por el temblor de septiembre serán en múltiples sentidos y específicamente en el tema de la construcción de edificios, departamentos y casas-habitación. Presentada por el gobernador Graco Ramírez al Congreso Estatal con carácter que pronto dejó de ser preferente, la iniciativa de Ley de Construcción contempla reformas a las leyes Orgánica Municipal, de Ordenamiento Territorial y Desarrollo Urbano Sustentable, de Vivienda y de Obra Pública y, claro, de servicios relacionados con la construcción; establece los requisitos que deberán cumplir las nuevas construcciones para evitar ser impactadas por la naturaleza. Dicho en buen romance, una ley antisísmica con las complicaciones de la auto construcción de vivienda popular que en Morelos y en México es histórica. Por cultura o necesidad, el morelense que logra tener un terreno se va por la libre cuando hace su casa. Si tiene con qué, paga a un arquitecto para que le dibuje un proyecto y a un maestro albañil “que sepa leer planos”, pero si no, levanta la vivienda con la asesoría del “maistro” de obras, poco a poco según va teniendo dinero para el material, “la raya” de los alarifes y la “mordida” a los inspectores del Ayuntamiento. Creadas en los cincuenta y los setenta, así fueron construidas las casas de las colonias más grandes y pobladas de Morelos, la Antonio Barona en Cuernavaca y Villas de las Flores en Temixco, pero también La Joya, Otilio Montaño, Independencia, Flores Magón, Satélite y muchas más que nacieron a lo ancho y lo largo de Morelos por medio de invasiones y ventas irregulares de lotes de régimen ejidal o comunal. Todo ello soslayando la fuerza implacable de la naturaleza bajo una realidad que hoy día no cambiaría la aprobación de la ley de construcción… (Me leen después).

Atril
José Manuel Pérez Durán
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