compartir en:

“Licencias sociales” otorgadas a la empresa canadiense Álamos Gold por parte de las comunidades indígenas de Coatetelco, Tetlama y Alpuyeca reactivarían el proyecto de Álamos para la apertura de la mina de oro y plata en los cerros El Jumil y Colotepec. O sea, otra vez los espejitos a cambio del oro. Con tales licencias la compañía con sede en Toronto obtendría la  Manifestación de Impacto Ambiental del Gobierno del Estado. Sin embargo, afortunadamente no le será tan fácil, declarados ya Xochitepec y Miacatlán “territorios libres de minería de metales a tajo abierto” por los cabildos de ambos municipios,  a los que pertenecen Coatetelco y Alpuyeca, no así Temixco, del cual forma parte Tetlama y cuya alcaldesa, síndico y regidores no se han pronunciado al respecto. Son integrantes del Movimiento Morelense contra las Concesiones de Minería a Tajo Abierto por Metales quienes este martes convocaron al Encuentro Mexicano de Resistencias contra el Modelo Extractivo, desde hoy y hasta el sábado en  la iglesia de Miacatlán, para definir las acciones sociales y legales que desplegarán en contra de la explotación minera en Morelos. Algunos antecedentes y riesgos: En septiembre de 2013, la firma Esperanza Silver Resources le transfirió a Álamos Gold el proyecto minero de las siete concesiones que suman 150 millones de metros cuadrados y que, de concretarse, contaminarían con mercurio y arsénicos los mantos freáticos de Temixco y municipios vecinos, incluido Cuernavaca, depredarían los cerros del Jumil y Colotopec, en Tetlama, y causaría daños a la zona arqueológica de Xochicalco. En junio del mismo año, la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat) negó la autorización en materia de impacto ambiental del proyecto minero. Aseguró como “sólidamente fundamentado el resolutivo en apego a la legislación ambiental”, para lo cual se tomaron en cuenta las opiniones técnicas tanto del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), así como de la Comisión Nacional del Agua (Conagua). Vigente hasta hoy día el documento, la Conagua negó a la empresa canadiense la explotación de oro con este y otros argumentos técnicos que no han variado: 1.–No se consideró la disponibilidad real del agua subterránea, lo que no permite determinar la viabilidad del proyecto. No se consideraron los volúmenes que la Conagua ha concesionado a partir de agosto de 2009 y hasta la fecha, por lo que los 760,000 metros cúbicos de agua que requiere el proyecto representan el 51.14% de la disponibilidad existente, así que se pondría en riesgo y peligro el abasto del recurso para usos futuros de alta prioridad como el crecimiento de las necesidades para el consumo humano y otros usos. 2.–Con lo anterior se violaría lo dispuesto en la Ley de Aguas Nacionales, pues la minera pretendía cubrir corrientes subterráneas de agua para obras del patio de lixiviación, eliminando su funcionamiento hidráulico, lo que ocasionaría efectos negativos a los ecosistemas y a los usuarios de las aguas superficiales. 3.–No consideró el clima de la zona en la evaluación y la clasificación de riesgo, pues éste no corresponde al señalado en la MIA (área montañosa, clima seco dentro de una zona sísmica), sino que es semicálido-subhúmedo. Por su parte, el INAH-Conaculta advirtió: 1.–La explotación minera que se pretende realizar en terrenos colindantes a la zona podría poner en riesgo la seguridad del sitio arqueológico de Xochicalco y sus visitantes. 2.–Existen áreas donde la empresa tiene interés que aún no han sido exploradas a fin de determinar la existencia del patrimonio arqueológico. 3.–Un cuerpo colegiado de expertos debe llevar a cabo un nuevo recorrido de superficie y prospección en la zona a fin de tener los elementos para descartar que la actividad minera afecte el patrimonio arqueológico y garantizar la integridad del sitio. (…) 5.–La explotación minera conlleva necesariamente la pérdida de los elementos materiales que existen; además, los métodos pretendidos ponen en riesgo el patrimonio arqueológico ubicado en la colindancia. 6.–La explotación minera es incompatible con la conservación del patrimonio arqueológico… Más claro ni el agua. Pero luego de tres años la voracidad de la minera canadiense insiste. Quiere llevarse el oro de Morelos y envenenar a cambio el agua y la tierra, depredar la flora y la fauna, convertir en un páramo de muerte el campo que todavía es vida… ME LEEN MAÑANA.

Por: José Manuel Pérez Durán /  [email protected]