Quince años se cumplirán este 2018 que en el ex Distrito Federal fue instaurado el alcoholímetro. En México mueren unas 24 mil personas al año en accidentes automovilísticos, en su mayoría vinculados a la ingesta de alcohol, arrojando una cifra que ubica a nuestro país en el séptimo lugar de incidencia, con 55 muertos al día. Puesto paulatinamente a funcionar en otras entidades, se considera que el programa Conduce sin Alcohol reduce entre el 35 y el 40 por ciento el peligro de accidentes relacionados con el consumo excesivo de bebidas espirituosas. Pero no en Morelos, pospuesta una y otra vez la implementación de esta medida de gobierno pese a su efecto recaudador de ingresos y, sobre todo, que salva vidas evitando accidentes mortales. En noviembre de 2017, cuando pareció que por fin el alcoholímetro sería puesto en práctica en Cuernavaca, nuevamente fue aplazado. Instaurado desde 2013 en la Ciudad de México, se anunció que aquí empezaría a funcionar el viernes 24 de tres meses atrás, a partir de lo cual a los conductores que fueran pillados pasados de copas las parrandas les saldrían en 6 mil 67 pesos más IVA por manejar borrachos, ingerir adentro del coche, por el arrastre de la grúa y el inventario. Eso sin contar las balconeadas a ellas y a ellos, grabados por video cámaras en los puestos de revisión, y para que además de moral la cruda fuera física, pasar unas horas en la mazmorra del juzgado de paz del mercado ALM que no son como las instalaciones de El Torito del ex De Efe, allá limpias y amplias, y estrechas y pestilentes aquí. Cercanos los días de Semana Santa, del miércoles 28 al domingo 31 de marzo, cuando la muerte suele rondar por los excesos etílicos, ¿cuántos cuernavacences y turistas se salvarían de morir o sufrir lesiones permanentes en accidentes pasados de copas si el alcoholímetro fuera ya una realidad?.. CONDONADOS por el Infonavit y el ISSSTE, la buena nueva es que la deuda de la Universidad Autónoma del Estado de Morelos bajó 670 millones de pesos, más otra lanita que le perdonará el SAT al Gobierno de Morelos. Un mejoralito para las finanzas y la tranquilidad social de la comunidad universitaria de la que no se estaría hablando si Alejandro Vera Jiménez continuara siendo el Rector. ¿A poco no?.. PESE a los intentos del PRI por convertirlo en un signo ideológico, partidario y de gobierno, los elementos del emblema de la Enseña Patria, a saber, el escudo nacional y los colores verde, blanco y rojo, mantienen en el ánimo de mexicanos y mexicanas su autonomía simbólica. Su valor simbólico se sostiene en la consumación de la guerra de la Independencia y la fundación de la ciudad de México-Tenochtitlan. Son la huella genética de nuestra mexicanidad, sin etiquetas, manipulaciones ni campañas patrioteras. Se trata del auténtico valor patrio del cual deberían al menos tener idea los políticos inescrupulosos y gobernantes vende-patrias, puesto que de ahí brota la indignación popular que podría desembocar en las elecciones de julio próximo. Una reacción ha sido la sugerencia de utilizar únicamente el escudo nacional como foto de perfil en whatts ap, twitters y face, para no caer en el juego de los “cerebros” del PRI-Televisa-gobierno que pretendieron, “subliminalmente”, reproducir el escudo priista montándose en la ola de indignación ante el aumento a los combustibles. El mito. El emblema del águila y la serpiente la adoptaron los mexicanos de la civilización tolteca que tuvo auge, primero en Teotihuacan y después en Tula, entre los siglos IX y XII, es decir, entre los años 900 y 1200 de la era cristiana. En la mitología tolteca que luego adoptaron los mexicas para darle sustento filosófico e ideológico a su imperio, el águila es la gemela o nahual del sol, o sea, la energía creadora que da luz y calor. La serpiente es gemela o nahual de la Tierra, la madre y creadora de todos los sustentos. Así es que nuestro escudo nacional invoca a la filosofía y la cosmogonía de las civilizaciones mesoamericanas que los mexicas condensaron, mágica y portentosamente, en esculturas vivas como la Piedra del Sol y la Coatlicue, que están en el Museo Nacional de Antropología de la CDMX. Al revalorar nuestro escudo nacional, invocamos a las fuerzas de la Tierra y el Universo para unificarnos con su energía, como lo hacían los toltecas dirigidos por Quetzalcóatl y los mexicas por Tlacaelel. El grito de guerra de los mexicas era coreado al son de los teponaztles, el caracol y las macanas erizadas de navajas de obsidiana, golpeando los escudos de los guerreros águila y ocelote: Mé-xi-co!, Mé-xi-co..! (Me leen después…).

Por: José Manuel Pérez Durán / [email protected]