La tarifa mínima en las “rutas” será de diez pesos.

Aumentará dos, eso es virtualmente seguro, y ocurrirá por allá de marzo o abril.

Mientras tanto, un estudio de factibilidad socio-económica que ya realiza la Universidad Autónoma del Estado de Morelos.

 Y la circunstancia, inevitables los estiras y aflojas luego de dos años del último aumento en un proceso vigilado de cerca por el titular de la Secretaría de Movilidad y Transporte (SMyT), Víctor Mercado Salgado.

Tal es su misión, que los concesionarios no se pasen de listos como acostumbran, solicitada el alza tarifaria por la Federación Auténtica del Transporte y Rutas Unidas.
 Pues sí, pero que el alza no le salga gratis a la voracidad de los concesionarios.

 Para eso se nota la presión del “Güero” Mercado, encaminados los ruteros a adquirir microbuses y unidades tipo combi que funcionan con gas natural, no con gasolina, que es más barata.

 Y tan va en serio el asunto, que, precisa el mandamás de la SMyT, desde agosto del año pasado la SMyT recibió cuatrocientas solicitudes de concesionarios que están de acuerdo en adquirir vehículos gaseros.

 Algo, dicho sea de paso, que en Morelos será novedoso pero no en otros países como Argentina, donde el gas natural es más barato que la gasolina (o “nafta”, como le llaman allá), de tal manera que hace años que la gran mayoría del parque vehicular, tanto de servicio público como particular, quema gas.

 Ah, y que el servicio no sólo mejore porque al fin empiece la modernización que gobiernos anteriores prometieron pero no cumplieron; que los operadores respeten a los pasajeros, que sean cordiales y educados, que se bañen todos los días y cobren la mitad de la tarifa a las personas discapacitadas y de la tercera edad.

 Es decir: exactamente lo que los ruteros debieran hacer pero nunca han hecho.

 Y si no, que el “Güero” le aconseje al Gobernador que desautorice el alza.

 Quién quita y le haga caso…

EN Boca del Río (eso queda en Veracruz), dos asaltantes le quitaron 76 mil pesos a un cliente del Santander que ni tardo ni perezoso acusó a la cajera que lo atendió de ser cómplice de los rateros.

 Subido el caso a las redes sociales, se hizo el escándalo, el Ministerio Público declaró, el banco apoyó a la cajera, asegurando que nunca usó el celular, y a la víctima sólo le quedó sobarse los chichones en la cabeza por los cachazos que le dio uno de los ratas.

 Exagerados, se nota que los boqueños no conocen Cuernavaca.

 Aquí, tiro por viaje asaltan a cuentahabientes y muy rara vez la policía detiene a los bandidos.

 Un cuento de nunca acabar que no por continuo deja de golpear a gente de bien.

 Vaciados los cajeros entre el sábado y el domingo por miles de tarjetahabientes, eso es cuando la quincena cae en fin de semana.

 Por esto mismo, los lunes los bancos están a reventar.

 Docenas de personas esperan turno para pasar a las cajas.

 Unos hacen “cola”, parados, y otros aguardan sentados a que aparezca su número en la pantalla.

 Las cajeras no se dan abasto, apenas acaban de atender a un cliente y ya se acerca otro.

 Trabajan mucho, sus salarios son pequeños, grandes sus responsabilidades e inquietantes sus tentaciones.
 Los empleados de bancos sufren explotación laboral, tienen prohibido organizarse en sindicatos, pero ese es otro tema que siempre le ha valido madre al gobierno.

 Pintovariada la gama de personas esperando, hay señoras y señores, jóvenes y viejos, empleados y dueños de negocios, clientes habituales que saludan por sus nombres al personal, alguna chica que intenta pasarse de lista pasando directamente a una de las cajas.

 Gorras y lentes oscuros están prohibidos, también recibir o hacer llamadas por el celular.

 Sin embargo, algunos usan los móviles, “watsapean”, checan sus “feices”.

 Eso parece.

 ¿Pero qué tal si la muchacha que aparentemente teclea un mensaje inofensivo en realidad le está avisando a su cómplice que un señor acaba de retirar una fuerte suma?

Imposible saberlo, pero de ser así estará describiendo al objetivo, su edad aproximada, si es alto, chaparro o de estatura regular; cómo va vestido, los colores del pantalón y la camisa; si del banco ha salido solo o acompañado y en qué lleva el dinero, en uno o los dos bolsillos del pantalón, en portafolios o en un “vaspapú”.

 Todos los datos para que su o sus cómplices no fallen el golpe.

 Desprevenido, el señor es interceptado cerca del banco, si caminando va para abordar su automóvil, o seguido cuando ya conduce y para cuadras adelante.

 Los asaltantes lo amedrentan con sus armas, le arrebatan el dinero, huyen en un vehículo usualmente con reporte de robo y nada han hecho los testigos para evitar el atraco, pues temen por sus vidas.

 Al rato llegan los policías, preguntan cuántos eran los delincuentes, para dónde y en qué se fueron, abordan la patrulla, prenden la sirena y salen quemando llanta en busca de los malandros… (Me leen después).

Por: José Manuel Pérez Durán / jmperezduran@hotmail.com