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Surgido el rechazo a la ambición minera en las primeras semanas de la actual administración estatal, respaldado por el gobernador Graco Ramírez se sentó un precedente ante casos similares de empresas asimismo extranjeras en numerosas localidades del país. Pero tuvo que pasar tiempo para que fuera al menos frenado el proyecto de “Esperanza Silver”. Por primera vez en este siglo, se estaba manifestando un movimiento de oposición gobierno-pueblo, repudiado el proyecto de la mina en Temixco y municipios aledaños tanto por el mandatario como por organizaciones sociales integradas por campesinos e intelectuales. Fueron meses de lucha, reiterado e irrebatible el alerta a los perjuicios irreparables a la ecología lanzada por Graco, el Movimiento Morelense Contra las Concesiones Mineras de Metales Preciosos, el Consejo de Pueblos de Morelos, otras organizaciones y ambientalistas de la Universidad Autónoma del Estado de Morelos (UAEM). Hoy, después de tres años los canadienses no han quitado el dedo del renglón. Con tal de llevarse el oro de Morelos, lo que menos les interesa es nuestro medio ambiente. Si la Secretaría del Medio Ambiente (Semarnat) les autoriza la apertura de la mina envenenarán el suelo y el agua, afectarán la fauna, depredarán los cerros del Jumil y Colotopec, en Tetlama; pondrán en riesgo de que se colapse la zona arqueológica de Xochicalco y extenderán el saqueo a 15 mil hectáreas. Transferidas en septiembre de 2013 las siete concesiones por la firma “Esperanza Silver Resources a la empresa “Álamos Gold” o “La Compañía”, de Toronto, Canadá, entonces el presidente de “La Compañía”, John A. McCluskey, anunció que en los siguientes 18 meses volverían a presentar el plan “Esperanza Proyecto Oro” que en junio de ese año le negó la Semarnat a “Esperanza Silver” porque contraviene a la Ley General del Equilibrio Ecológico y la Protección al Ambiente, y debido a que afectaría los recursos hídricos y el área arqueológica de Xochicalco, que es Patrimonio de la Humanidad y está ubicada en la poligonal que implican las concesiones mineras que suman 150 millones de metros cuadrados. Las condiciones no han cambiado; el riesgo antiecológico persiste, así que lo deseable para la salud de los miles de morelenses que habitan en esa zona es que la Semarnat confirme la desaprobación al MIA que, si no lo han hecho ya, solicitarán nuevamente los mineros canadienses. De lo contrario, para la extracción de oro  usarán cianuro de sodio, y mercurio para la plata. Los trabajadores que respiren niveles incluso bajos de cianuro durante varios años sufrirán dificultad para respirar, dolores del pecho, vómitos, alteraciones en la sangre, jaquecas y dilatación de la glándula tiroides. Veneno puro. Vigente la advertencia científica, en esos días la doctora Lilian González Chévez, de la UAEM, resumió: “(la mina) tiene relación con el acuífero de Cuernavaca, y la cantidad de agua que se dispone y que sería utilizada para fines mineros si se aprobara el proyecto. La principal razón es por el agua, y la segunda por la zona arqueológica”. Sin embargo, señaló que las comunidades opuestas a la puesta en funcionamiento de la mina no podían echar las campanas a vuelo, pues la representación de “Esperanza…” ante la Semarnat tenía el recurso de otro EIA. Insistentes los comentarios del columnista sobre la devastación que causaría la materialización del proyecto de la minera canadiense, agazapados los ejecutivos de la empresa predadora que hacían “relaciones públicas” y dividían a los ejidatarios entre los que aceptaban dádivas y los que mantenían su resistencia a la mina, comentamos que, habiendo miles de millones de dólares en juego, en cualquier momento los canadienses podrían volver a sacar las uñas, de modo que el proyecto letal solamente quedaría muerto y sepultado con un decreto del presidente Enrique Peña Nieto que cancelara las concesiones. Hoy, pasados tres años el peligro sigue latente. Asesor de los comuneros de Tetlama, Isauro Molina Nava recién insistió en que los pueblos del sur de Cuernavaca deben impedir que Álamos Gold inicie actividades de explotación de metales preciosos en el cerro del Jumil. Contradice la oferta de empleos por parte de la transnacional minera; afirma que casos similares en otros estados muestran que no generan plazas de trabajo a lugareños, pues pretextan que laboralmente no están capacitados para tareas especializadas. En este sentido, ejemplifica a las empresas también canadienses Media Luna y Carrizalillo, en Balsas, Gro… ME LEEN MAÑANA.