…El caso es que, como cada fin de sexenio, muchos quieren concesiones. Esta vez, so pretexto de la regularización que viene de 2014 presionan para obtenerlas, igual los que tienen, las tuvieron pero las vendieron o nunca las han tenido. Aunque depreciadas las de taxi en comparación a lo que valían hace doce años, todavía cuestan buen dinero; siguen siendo consideradas un patrimonio que dan para vivir, sobre todo por quienes poseen más de una, entre ellos los llamados líderes del transporte. Esto, aunque sabido es que en Cuernavaca hay taxis de sobra, superada la oferta por la demanda desde mediados de 2006 cuando, a poco de dejar la gubernatura, Sergio Estrada Cajigal no sólo emitió casi 4 mil concesiones, también decretó la metropolización del servicio de taxis para que los permisos de Xochitepec, Temixco, Zapata y Jiutepec costaran lo mismo que los de Cuernavaca y poder desde entonces circular en la capital los taxis de los municipios conurbados. Años atrás, durante el gobierno 1988-94 de Antonio Riva Palacio ya habían sido autorizadas unas veinticinco mil concesiones, de taxis y rutas la gran mayoría y las menos de servicio de carga. Pero de alguna manera esta historia venía desde inicios de los ochenta. La generación actual de operadores de microbuses “ruteros” no había nacido cuando el entonces gobernador Lauro Ortega Martínez creó el sistema de transporte colectivo al que rápidamente los usuarios bautizaron como “rutas”. Pocos años después de la fundación de los comités populares de transporte en pueblos del interior del estado,  fueron sorteadas unas setecientas concesiones a choferes y permisionarios de taxis por medio de una rifa efectuada en 1987 en el entonces Cine Ocampo y posteriormente Teatro de la Ciudad. Fue cuando los flamantes “ruteros” comenzaron a trabajar en combis y coches sedán, viejos los más pero bien recibidos por los usuarios pues, no obstante incómodos, los desplazamientos resultaron más rápidos que en aquellos camiones trompudos de las líneas que hasta entonces operaban en Cuernavaca conocidos como Urbanos, Chapultepec (“chapulines”) y Emiliano Zapata (“chocolates”, les llamaban a éstos los usuarios por estar pintados de ese tono); Ometochtli, de Tepoztlán, Circunvalación Zacatepec, de la zona cañera, y otras cuantas empresas más en el resto del estado. Así que nunca la mayoría de las “rutas” ha estado en condiciones óptimas de seguridad y comodidad, sacadas de la circulación las carcachas sólo cuando amenazan romperse por viejas y dadas las típicas manitas de gato a las que todavía aguantan, pintándolas “para despistar al enemigo”. Pero en medio de todo esto aún hacían la revista mecánica o simulaban practicarla en el negocio millonario que se volvió costumbre a los funcionarios de la primero Dirección General del Transporte y luego a la dependencia elevada a la categoría de Secretaría, por medio de la venta de calcomanías en paquetes (ejemplo: cien pesos cada una en lugar del costo oficial de sesenta), pero sin realizar físicamente las revisiones mecánicas a cada una de las unidades. Y todos contentos: las autoridades del área respectiva y el director general o secretario recibiendo los fajos de billetes por “el moche” de la práctica de las falsas revisiones así como los dueños de las carcachas, menos los pasajeros permanentemente expuestos al riesgo de accidentes. Hoy día, equivalentes al aproximado de un millón 200 mil personas, el 75% de la población de Morelos se transporta en 25 mil rutas concesionadas (¿más cuantas “piratas”?) que se desplazan en el territorio estatal, unas 17 mil de modelos  viejos que los concesionarios deberían mandar a los deshuesaderos en lugar de exigir más concesiones… Sucede cada tanto que se aproximan las elecciones y se acerca el ocaso de las administraciones sexenales. Retirado recientemente David Martínez Martínez de la titularidad de la Secretaría de Movilidad y Transporte para contender por la alcaldía de Temixco como candidato del PRD, las “preguntitas incómodas” que se hacen los transportistas: ¿a quién le toca operar el negocio con concesiones de taxis? ¿Y las utilidades? ¿Una partecita al propio David, otro retazo al recién encargado del despacho de la misma dependencia, José Ascención Monter Sanjuán, y la parte del león a “ya saben quién”? Por un lado, hay que sacar para las campañas, y por otro, la agitación de los autodenominados líderes del transporte que no están dispuestos a quedarse fuera de un negocio que saben grande y alcanza para todos...  EL PÉSAME del columnista para Arturo Brizio Carter por el fallecimiento de su mamá, doña Alicia Carter de Brizio… (Me leen después).

Por: José Manuel Pérez Durán / [email protected]