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Negro el traje y blanca la camisa que viste José Manuel Sanz, se asoma el filo del puño izquierdo, extendidas ambas manos que sujetan la bandera mexicana en el instante en que el español la entrega al soldado de la escolta. Hecha circular la imagen en redes sociales, la interpretación no puede ser otra más que la de una falta de respeto a México y particularmente a los cuernavacenses por parte del secretario técnico y mánager del alcalde Cuauhtémoc Blanco Bravo. Mal si la imagen corresponde a la ceremonia del “grito” de independencia que Blanco fue a dar en la colonia Antonio Barona, el sábado, e igualmente inaceptable si fue impresa en otra ocasión y lugar. Si español naturalizado mexicano es, Sanz tiene derecho a desempeñar un cargo de gobierno administrativo, no de elección popular, pero incluso su supuesto o real derecho a siquiera tocar nuestra enseña patria porque aquí decidió vivir, el suyo es un acto que ante los mexicanos por nacencia tiene una dosis tanto de altanería como de conveniencia, pues al cometer el hecho mismo no está renunciando a la nacionalidad española. Valga decir: el comentario habrá perdido sentido si la fotografía está trucada, lo cual no parece ser. Se halla Sanz a la derecha, ante el militar que recibe (o entrega) la bandera, flanqueado éste por dos y atrás se aprecia uno más. Claramente fue una ceremonia pública y, conformada la mayoría del público por señoras sentadas, hay niños y pocos hombres adultos. De la manera que sea, el desempeño del puesto de presidente municipal de Cuernavaca tiene dos opciones: transparencia u opacidad. Sin embargo, pasaron las campañas y las elecciones de 2015, y se acercan las de 2018 sin que hasta hoy día el ex futbolista profesional le haya mostrado a los cuernavacences su credencial de elector, si vieja o reciente es, obtenida aquí o en la Ciudad de México, y si allá votó en las elecciones anteriores a las de julio de 2015 cuando “acreditó” el requisito para su candidatura a alcalde de la capital morelense mediante la maniobra burda de un contrato de arrendamiento de una casa en la colonia Lomas de Cortés, propiedad del médico Roberto Yáñez Vázquez, padre de sus entonces compinches los hermanos Roberto y Julio Yáñez Moreno. De la misma manera, su apoderado de siempre José Manuel Sanz, tampoco ha exhibido públicamente su pasaporte de México y el supuesto o real pasaporte estadounidense cuyo folio y fecha de expedición en cambio sí están publicados (522638159 y 24 de octubre de 2011)… Y SI: el secretario de gobierno, Matías Quiroz Medina, estuvo en prisión… encabezando el sábado en el penal de Atlacholohaya la ceremonia por el 207 aniversario de la independencia de México. Lo cual trae a cuento esta historia: Veinte años atrás, Héctor Antonio Herrera Guzmán, “El Cubano”, lideró una de las bandas más peligrosas y “selectivas” en la época negra del secuestro que durante el cuatrienio 1994-1998 golpeó a Morelos. Escogía a puros ricos... y protagonizó una de las fugas más audaces que sucedieron en la desaparecida cárcel de Atlacomulco, limpia, sin violencia, utilizando el escondite de un coche –un “clavo”– que entró y salió para su reparación en el pequeño taller que había en el interior de la Penitenciaría. El 15 de septiembre de 1999, en pleno acto oficial de la entrega de boletas de libertad a reos bien portados, al mismo tiempo que el gobernador interino Jorge Morales Barud presidía la ceremonia, “El Cubano” salía de la prisión, oculto en un compartimiento para ello habilitado entre la cajuela y la parte posterior del asiento trasero de un coche Taurus. Hacía tres años que había sido detenido, la tarde del 16 de octubre de 1996 junto con su banda en un famoso restaurante de la Ciudad de México, y llevados enseguida al Campo Militar Número Uno. Tres días después fueron traídos al penal de Cuernavaca. “El Cubano” confesó que su hermano Hens, cuyo grado era sargento primero de la Policía Judicial Federal Militar hasta dos meses antes de incorporarse a la banda, y su amigo Socrates “N”, quien era el subdirector de la misma corporación, se encargaron de seleccionar a “secuestrables” en Morelos y Puebla. Sometido a interrogatorio, recordó: “Me agarran en la Ciudad de México, en el restaurante Arroyo.  Fue el día 16 de octubre de 1996, y llego al penal (de Atlacomulco) el 20 de octubre”. –¿Quién te detuvo? “La Policía Judicial Federal Militar”. –¿Primero a quien detuvieron? “En ese momento nos agarraron a todos. Estábamos comiendo en un restaurante”… ME LEEN MAÑANA.

Por José Manuel Pérez Durán

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