La nota de media semana fue que Rabindranath Salazar Solorio no será el coordinador de programas federales en Morelos del gobierno de Andrés Manuel López Obrador; que en su lugar irá Hugo Eric Flores, el presidente del Partido Encuentro Social (PES), el cual perdió el registro electoral por no alcanzar el tres por ciento de la votación del 1 de julio pese a haberse colgado de Morena en la coalición Juntos Haremos Historia. Dicho sin ambages: que el desde el miércoles presidente electo hubiese preferido a Flores y bateado a “Rabín” fue para los lopezobradoristas como una patada en los testículos. Coincidentes las expresiones, reprocharon: Flores, el presidente del partido, el PES, que impugnó el triunfo de Morena en la elección presidencial, es premiado por López Obrador haciéndolo su representante en Morelos, mientras ‘Rabín’, que es de los lopezobradoristas más leales entre los leales, es sacado y puesto en una subsecretaría equis. Horas después, Hugo salió con que no había aceptado la invitación de AMLO, que estaba esperando las resoluciones de las impugnaciones del PES en el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación. O sea, primero el negocio personal del dinero de la prerrogativa electoral y demás conceptos, y al último, la invitación de quien es ya el virtual presidente de la República Mexicana. Una falta de respeto grosera ante la cual hay el derecho de especular: o efectivamente para AMLO todo es amor y paz, o andando el tiempo pondrá en su lugar al impertinente. Ensoberbecidos como se muestran, ¿lo razonan así Cuauhtémoc Blanco y José Manuel Sanz?.. GRISES, desangeladas las ceremonias por el 139 aniversario del natalicio de Emiliano Zapata Salazar, el miércoles en Cuautla y en Ayala, lo resume la frase de que “ya casi no hay campesinos”. Mentira, algo ha cambiado, pero no el alma campesina, merecido, valga decir, el reconocimiento a uno de los cuautlenses más cuautlenses de la vieja guardia, “Nacho” Guerra Tejeda, que recibió la medalla al Mérito Ciudadano. Otros vientos soplaban hace 102 años. Confirmado en las crónicas del Cuartel General de Taltizapán que tal celebración efectivamente tuvo lugar, recreemos:  Ese día domingo 8 de agosto 1916 hubo, como parte del programa preparado, marcha de los niños de Tlaltizapán y Anenecuilco, vestidos todos de blanco y con banderitas tricolores, algunos portaban reproducciones de la foto del Jefe, solo o con su esposa Josefa Espejo (…) Los acordes de “La toma de Cuautla” se dejaron oír desde el camino de entrada al pueblo, muy cerca del cuartel. El grupo musical de Cristino Santa María había salido antes del amanecer a lomo de caballo y mula y otros a pie; hicieron el recorrido desde Tlayacapan, pasando por Oaxtepec, El Hospital, Santa Inés, las orillas de Cuautla, almorzaron en Villa de Ayala para llegar con bríos a Tlaltizapán (...) El General los recibió en la entrada y estrechó fuertemente a Cristino y sus hermanos. (…) Una vez cumplida la ceremonia en la escuela, llegó la hora de la comida. Dentro y fuera del Cuartel se acondicionaron cuanta silla se pudo conseguir, vigas y murillos con piedras de soporte en cada extremo completaron los asientos, tablones de corrales y mesas salidas también de aquella casa y de ésta otra, fueron insuficientes para dar cabida al mismo tiempo a los comensales (...)Las jovencitas de Tlaltizapán, Anenecuilco y Ayala que habían asistido con la esperanza del baile, primero tuvieron que acomedirse a servir, recoger platos y otras más  –por instrucciones de doña Juana Albear, jefa de cocina del Cuartel General– a  lavar con lejía y polvo de piedra pomez los cientos de platos de barro para seguir sacando los guisados (…) El General pidió a su secretario Antonio Soto y Gama dar, en su nombre, el agradecimiento a hombres y mujeres asistentes, y a quienes trabajaron en la organización del banquete y el baile. –Señoras y señores: me pide el señor General sea yo su conducto para agradecer tanto agasajo, tanto trabajo realizado para llegar a este bonito festejo(...) Más que el festejo por el cumpleaños del General, él considera que este agasajo es para todos ustedes, señoras y señores. Para cada señorita y joven, para cada niño y niña, para cada anciana y anciano que lleva dentro de sí, un morelense, un guerrero y guerrera de Tamoanchan y que con su sacrificio, con su lucha, hicieron posible llegar a estos felices días en que Morelos es de ustedes: de los zapatistas, de sus pobladores. Y a todos ustedes, es a quienes este domingo 8 de agosto, celebramos. ¡Que Dios los bendiga hijos a hijas de la Madre Tierra de Morelos!.. (Me leen después).

Por: José Manuel Pérez Durán / [email protected]

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