Confirmado José Luis Gómez Borbolla por la Sala Regional de la Ciudad de México del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF) como el candidato a la alcaldía de Cuernavaca por la coalición Juntos Haremos Historia, eso fue un golpe a la soberbia del aspirante a gobernador de la misma asociación política, Cuauhtémoc Blanco Bravo, y a su manejador José Manuel Sanz. La ratificación de Gómez no le pega a Morena ni al PT como partes de la alianza, pero sí le baja los humos al PAS que meses atrás se hizo de la nominación y la perdió en una pugna interna. Sobre todo zarandea la altanería del ex futbolista Blanco y de Sanz, uno tepiteño y otro español naturalizado mexicano cuya condición de fuereños no los hizo precisamente humildes en una tierra a la que son ajenos, sino altaneros, presumiendo por anticipado el triunfo comicial que, si ocurre el uno de julio, será por la repetición de un efecto mediático pero más que nada gracias a la popularidad del candidato presidencial de Morena, Manuel Andrés López Obrador. Junior del gremio restaurantero emigrado hace años de Torreón a Cuernavaca y conocido por el alias de “Choche”, Gómez no se queda huérfano de partido. Blanco no tiene el control de Morena en Morelos, lo tiene el senador con licencia Rabindranath Salazar Solorio quien, pese a que Gómez no es gente de su partido, por una mera cuestión de conveniencia partidista deberá apoyarlo con la estructura de Morena en una coyuntura aparentemente enredada y a la vez simple… SE aprecia la intención del nominado panista a la presidencia municipal de Cuernavaca, Javier Bolaños Aguilar. A un mes de que se cumpla un año del socavón que mató dos personas, exige la aplicación de la ley a “las autoridades federales” y la reparación inmediata de las fallas y los daños que éstas han causado en el Paso Exprés. Pero, aunque loable la posición de Bolaños, se estrella en el muro de la influencia política del titular de la Secretaría de Comunicaciones y Transportes (SCT), Gerardo Ruiz Esparza, con el aún presidente Enrique Peña Nieto. Imputado aquél por la Secretaría de la Función Pública (SFP) de “irregularidades” (un presunto robo, pues) por mil 45 millones de pesos como habría sido “inflado” el costo de la construcción del Paso Exprés, no ha sido alcanzado por el corto brazo de la justicia ni lo alcanzará, a menos que sea agarrado por el próximo presidente de México. Trasladado a la impunidad, el caso del Paso Exprés no le quita el sueño a Ruiz. En marzo pasado, once meses después de iniciada la indagatoria sobre los defectos en la construcción del Paso Exprés, la SFP salió con que todavía no tenía resultados definitivos sobre los culpables de las irregularidades, así que, como suele suceder cuando la corrupción involucra a políticos poderosos, acaso la cuerda se vuelva a romper por lo más delgado. En este sentido, que se preocupen el ex delegado José Luis Alarcón Ezeta, otros ex y actuales funcionarios de la SCT menores o medianos, pero no los de arriba que supieron perfectamente los porqués del socavón que se abrió en julio de 2017 y provocó la muerte de dos hombres. Antes y entonces el Paso Exprés ya era la obra pública más famosa de México, pero no por bien hecha sino todo lo contrario. Ni la autopista del entonces De Efe a nuestra ciudad fue tan mentada en la década de los cincuenta, cuando era construida. Gerardo Ruiz cargará con el estigma de haber no sólo consentido, también celebrado y presumido este adefesio, así reconocido en diciembre de 2017 por el delegado de la misma dependencia, Héctor Castañeda Molina, con la “justificación” de que, si en la vida nada es perfecto, el Paso Exprés tampoco lo es. Cinco meses tardaron los trabajos de la reparación del socavón que hizo tristemente célebre a la vialidad de marras por engullir a un padre y a su hijo con todo y coche. Le he dicho y lo repito: los accidentes continuarán hasta que el Paso Mortal sea modificado. Sucederá posiblemente, pero cuando Enrique Peña  y Gerardo Ruiz se hayan  ido al basurero de la historia, llegue otro presidente de la República (muy probablemente Andrés Manuel López Obrador)  y ordene lo lógico de eliminar los cuatro carriles centrales y dejar seis en cada sentido, separados por una sola barrera de contención y con espacio en ambos costados para los acotamientos que los subalternos de Ruiz (¿o sus presuntos socios de la empresa Aldesa?) olvidaron, así como accesos y entradas a la ciudad de tamaño amplio, no los callejones súbitos y estrechos que llevan meses provocando alcances, volcaduras y choques a automovilistas y choferes de camiones de carga y de pasajeros. Para eso ya no debería faltar mucho… (Me leen después).

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