Al anunciar la cancelación de la feria de Cuernavaca, medroso, el Ayuntamiento reconoce incapacidad para cumplir su obligación de garantizar seguridad a los cuernavacenses y los turistas que cada año asisten a este festejo. Sin embargo, se puede hacer este evento con el mismo nombre o apelativo distinto en los mismos días de la Semana Santa, y haciendo a un lado al alcalde Cuauhtémoc Blanco Bravo por negarse a brindar seguridad a los cuernavacenses y turistas que asisten al festejo. Candidato de la coalición PRD-PSD a gobernador de Morelos, Rodrigo Gayosso Cepeda resume así la inconformidad social que ha suscitado el solo anuncio de suspender la edición 2018 de la feria: “somos los de Cuernavaca los responsables de continuar con las tradiciones y la organización de la feria, por nuestras familias y por nuestros hijos, por un legado cultural”. A propósito, cabe este apunte del columnista: La actual Feria de la Primavera tuvo sus antecedentes hacia mediados del siglo pasado. Comenzó llamándose la Feria de la Bugambilia y luego De la Flor, tuvo sedes en el Jardín Borda y en el Parque Revolución, y antes hubo el Carnaval de Cuernavaca, apoyada su organización a partir de 1965 por los sucesivos alcaldes Valentín López González (1964-1966), Felipe Rivera Crespo (1967-1969) y Ramón Hernández Navarro (1970-1973). En el siguiente trienio se suspendió el carnaval y sólo quedó la Feria de la Flor. En realidad, el Carnaval de Cuernavaca no llegó, ni por asomo, a convertirse en una tradición, apagado el inicial entusiasmo de los diferentes comités ciudadanos que se encargaban de su preparación. La idea era competir o intentar poner a la Feria de Cuernavaca a la altura de otras del país, como la de San Marcos o la Del Caballo, una meta difícil de alcanzar. A duras penas sobrevivió la Feria de la Flor con algún repunte en las administraciones municipales a cargo de David Jiménez González (74-76), Porfirio Flores Ayala (76-79) y José Castillo Pombo (79-82), bajo los gobiernos de Rivera Crespo (70-76) y de Armando León Bejarano (76-82). Entre 82 y 88, con la administración del gobernador Lauro Ortega Martínez, la Feria de la Flor agarró un nuevo aire por el respaldo que le dio el galeno de Xochitepec durante los tres primeros años de su mandato, ya que el alcalde del trienio 82-85 y el ex rector de la UAEM, Sergio Figueroa Campos, parecía poco dado a la fiesta de la gente. Con la llegada de Juan Salgado Brito a la alcaldía de Cuernavaca, la Feria de la Flor tuvo un cierto empuje y hasta sedes alternas en el Parque Chapultepec, el Borda, el Parque Melchor Ocampo y el Zócalo. Se invitó a participar a viveristas de otros municipios como Jiutepec, Zapata y Temixco, y aquello comenzó a dar visos de parecer arraigarse como para llegar a ser una Feria de la Flor de alcance nacional. Pero nomás no cuajó. Vinieron luego los primeros años de la reforma político-electoral impulsada por la presión de los partidos medianos y chicos para contrarrestar la hegemonía del PRI-aplanadora, ya en el gobierno del priista Antonio Riva Palacio (88-94), lo cual propició, entre otras cosas que de 1988 a 1991 Cuernavaca tuviera tres alcaldes: Eloísa Guadarrama, Julio Mitre Goraieb y Sergio Estrada Cajigal Barrera. Vaivenes políticos por los que la Feria de la Flores resintiera un “bajón” y se perdiera lo poco alcanzado en épocas anteriores, en un decaimiento que no levantó el trienio completo de Oscar Luis Flores Ruíz. Fue hasta la llegada del más o el único político carismático del PRI, Alfonso Sandoval Camuñas, que la Feria de Cuernavaca agarró un segundo o tercer aire, a lo cual contribuyó sin duda el manejo político y administrativo del alcalde vecino de los rumbos de La Cordobesa, de Álvaro Obregón frente al callejón Victoria. “Poncho”, como familiarmente le llamaba casi todo Cuernavaca, ubicó el escenario de la feria en el antiguo y tradicional Hotel Casino de la Selva, y la fiesta capitalina se salvó de la extinción al menos por el trienio 94-97. Vino otro interinato al frente de la comuna cuernavacense, esta vez a cargo de Sara Olivia Parra Téllez, en 1997, y después el primer gobierno no priista en siete décadas, de Serio Estrada, al que sucedieron las administraciones de Raúl Hernández Ávila, Adrián Rivera Pérez y Jesús Giles Sánchez, la después tristemente famosa “docena trágica” de cuatro trienios panistas con más penas que aciertos y, entre ellos, la creación del Recinto Ferial de Acapantzingo que causó los reclamos de ejidatarios de Acapantzingo debidos a la falta del pago por las tierras ocupadas... Me leen después. 

Por: José Manuel Pérez Durán

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