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Presidenta del DIF-Morelos, Elena Cepeda les habló claro y fuerte a las integrantes de la Comisión Ejecutiva de Atención a Víctimas. Y se enojaron. Básicamente les dijo que su trabajo debería ser honorífico, sin sueldo, de servicio gratuito a personas y grupos vulnerables. Pusieron el grito en el cielo, no les gustó la idea de vivir fuera del presupuesto, evidenciaron que sólo las anima el sueldo y no la defensa de personas cuyos derechos son atropellados por instituciones de gobierno ¿Hay excepciones entre ellas? Probablemente, pero esto no lo notaron los asistentes a la ceremonia de inauguración de las oficinas de la comisión mencionada, su comportamiento ante la catilinaria de la esposa del gobernador Graco Ramírez las mostró codiciosas. Sucedió el martes, dadas las reacciones en medios políticos, organizaciones no gubernamentales y algo en redes sociales. En ámbitos de la política, porque al menos un par de las comisionadas están identificadas con ex dirigentes o presuntos líderes en funciones que, maniobrado en partidos políticos, les consiguieron chamba. Y en círculos ligados a agrupaciones de auténticos activistas sociales, de organizaciones no gubernamentales que sin percibir salarios apoyan a víctimas de abusos pero coincidieron con la oposición de la titular del DIF, el cual  depende del gobierno. Elena Cepeda reprochó a las comisionadas cobrar “salarios ostentosos” (45 mil pesos mensuales) cuando sus cargos deberían ser honorarios. Dijo que con esos recursos el DIF podría hacer “maravillas” (contratar psicólogos, médicos que hacen falta para atender a los niños, niñas y adolescentes que acuden a la institución), “y no en salarios enormes que no llegan a las víctimas”. Directa, no se anduvo por las ramas. Soltó: “perdónenme que se los diga, ustedes deberían ser honorarias”. Y las aludidas montaron en cólera. Evadieron el tema o lo tocaron según su conveniencia. Una de las comisionadas lamentó que sea el Gobierno Estatal quien controla el fideicomiso de asistencia y apoyo a víctimas pero no se reconozca a las y los comisionados como servidores públicos. No aceptaron que su trabajo debería ser honorífico. O lo que es lo mismo: con la o las excepciones que confirmen la regla, lo que les es verdaderamente importante es la regla política de no vivir en el error de estar fuera del presupuesto. Que por otra parte en el mismo evento la señora de Ramírez afirmara que “cuando nosotros llegamos (ella y su esposo al gobierno) el señor Javier Sicilia recibió 500 mil pesos (‘él y a su representante’) para hacer un libro que todavía no entrega”, generó esta pregunta en redes sociales: ¿no que a Sicilia no le interesa el dinero?..  CONTRASTANTE los talantes de Cuauhtémoc Blanco con las posturas de Elena Cepeda, el alcalde cuya popularidad lo supone abierto a los reclamos de personas o grupos inconformes se comporta exactamente al revés. Los evade, no les da la cara, se les escurre huyendo literalmente como hizo este miércoles en la sede del Ayuntamiento, el ex hotel Papagayo con accesos en Motolinía y Nezahualcóyotl, utilizando como distractor su escolta formada por soldados del Ejército para huir por el atajo que sale a Galeana. Por eso muchos de los cuernavacenses que votaron por él en la elección de junio de 2015, porque les dijo que no es político sino gente de pueblo, comienzan a arrepentirse. Que muy pronto resultó igual o peor que los políticos, se escucha en la calle, y parafraseándolo, que “salió zacatón”… DEL correo del columnista,  esta nota de uno de mis tres lectores a propósito de una realidad que no por conocida deja de afectar la economía de miles de familias cuernavacenses: En el comercio el pez grande continúa comiéndose al chico. Hoy, los dueños de zapaterías ubicadas en el centro histórico venden cuarenta por ciento menos que hace tres décadas. Los tablajeros del mercado Adolfo López Mateos están en las mismas condiciones. Venden la mitad de lo que vendían antes de que llegaran las grandes cadenas de tiendas de autoservicio y pusieran carnicerías. Desaparecieron las farmacias tradicionales y las tiendas de barrio por las llamadas tiendas de conveniencia que venden lo mismo pero más caro. Y la consecuencia: de un lado cientos de familias en la bancarrota tras cerrar negocios que en Cuernavaca fueron tradicionales, y del otro, capitales foráneos que llegaron y siguen llegando, abren nuevas fuentes de empleos pero mal remunerados…  (Pues sí: ¿dónde está el progreso?)… ME LEEN EL DOMINGO. 

Por:  José Manuel Pérez Durán  /  [email protected]