Tal vez haya “necesidad” de que ocurra otra balacera, con saldo de heridos y fallecidos en algún antro de Cuernavaca, para que la autoridad vuelva a prometer nuevos horarios, este tipo de negocios cierren más temprano… y no lo vuelvan a hacer. Así, el Ayuntamiento estará privilegiando otro negocio: el cobro de horas extras a bares, lenocinios disfrazados de restaurantes y, valga la redundancia, restaurantes con venta de bebidas alcohólicas. De hecho, esto ya está sucediendo. Pasada una semana de la balacera en la Plaza Marina de Vista Hermosa que la madrugada del domingo 29 de abril dejó una docena de heridos, mientras por un lado el Ayuntamiento no había fijado horarios menos laxos a los antros, por otro el secretario de gobierno, Ángel Colín Pérez descubría el agua tibia señalando como un “acto irregular” que no se cumplían los horarios “establecidos en la legislación municipal” (para el funcionamiento de los giros rojos). Afirmó que la Comisión Estatal de Seguridad y el Ejército habían reforzado la seguridad en lugares de Cuernavaca considerados “críticos”, que sostuvo pláticas con la síndica en funciones de alcaldesa, Denisse Arizmendi Villegas, y afirmó que el Gobierno del Estado y la Comuna trabajarían coordinadamente “para que se cumplieran los horarios establecidos”. Pero no los precisó, sobre todo la hora del cierre de puertas, máximo a las dos de la madrugada, y no hasta el amanecer o entrada ya la mañana como sigue sucediendo en múltiples establecimientos expendedores de bebidas etílicas. El quid está en que no es lo mismo salir del antro a las doce de la noche que hacerlo hasta el amanecer. Entre más tarde, mayores los riesgos de accidentes vehiculares, de asaltos callejeros o puertas adentro de estos negocios. Siendo obligación del gobernante procurar la integridad física de los gobernados, la autoridad no debería vender “horas extras” a los establecimientos donde se expende alcohol. La ciudad tiene memoria. A la madrugada violenta del domingo 9 de febrero de 2014, cuando en un bar de la avenida Gobernadores fueron ejecutados a tiros tres muchachos y una chica y en otro antro de Río Mayo hubo una riña con el saldo de un atropellado, la reacción del Ayuntamiento fue inmediata, clausurándolos. Pero hizo más: dos días después el entonces alcalde y en la actualidad candidato a diputado federal por el PRI, Jorge Morales Barud, acordó horarios de funcionamiento para los restaurantes, discotecas, cantabares y establecimientos nocturnos en general que deberían suspender la venta de alcohol a las dos de la madrugada y ya no amanecerse, mientras el horario de los negocios que venden botellas cerradas (Oxxos, vinaterías, etc.) fue de las 9.00 a.m. a las 23 p.m., pero con excepciones que no fueron pocas en negocios donde no bajaron las cortinas sino hasta que empezaba a salir el sol. Antes y entonces como hoy, el problema de la ingesta excesiva de alcohol ya era un problema grave en otros y en términos de seguridad pública. El 17 de mayo de 1998, justo un día antes de que dejara el cargo de gobernador sustituto, Morales llevó al Congreso Estatal una iniciativa de ley tendiente a regular el funcionamiento de establecimientos expendedores de bebidas alcohólicas. Precisó el objetivo de la iniciativa: “proteger y elevar los índices de salud de la población (porque) el sobregiro de establecimientos que se dedican a la venta y distribución de bebidas alcohólicas al mayoreo o al menudeo inducen y favorecen la ingesta inmoderada de este tipo de bebidas, propiciándose e incrementándose con ello cada día, además de la enfermedad llamada alcoholismo, todo un fenómeno social que repercute y afecta no sólo al seno familiar, sino también a la sociedad, debido a que el mayor número de delitos imprudenciales y dolosos que a diario se cometen dentro de nuestro Estado son ejecutados por personas que se encuentran bajo el influjo de bebidas embriagantes”. Sin embargo, esta ley nació muerta, creciente el consumo de bebidas alcohólicas de las que, además, organismos de gobierno y organizaciones sociales han calculado que el cincuenta por ciento son adulteradas. Escenario del ataque a balazos el pasado abril, en marzo de 2016 en la Plaza Marina habían sido baleados dos guardas de seguridad privada por el hijo de una jueza, y asesinado a balazos el profesor de matemáticas de la Secundaria Federal Número Uno, Eduardo Reyna, por un sujeto solitario que le disparó en la espalda la madrugada del 21 de noviembre pasado, de 2017, no ciertamente en el interior del antro sino en la explanada cercana… (Me leen después).

Por: José Manuel Pérez Durán / [email protected]

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