Porque los últimos años Cuernavaca y en general Morelos han estado tan mal, es que sus habitantes ya no quieren queso sino salir de la ratonera. No aspiramos a obras grandes, como otras y las que más adelante mencionaremos; nos conformaríamos con que suba la seguridad y baje la delincuencia. Morelos ocupa el tercer lugar nacional en feminicidios y el cuarto lugar en percepción sobre inseguridad, enfatizó anteayer el gobernador Cuauhtémoc Blanco Bravo en una de sus pocas salidas, en la llamada Mesa Regional del Gobierno Ciudadano realizada en Huitzilac. Quizá el nuevo Gobernador no lo sepa, pero escenario más emblemático de la delincuencia no le pudieron haber escogido. Peligroso el tramo Zempoala de la carretera federal Cuernavaca-Toluca, lo es porque históricamente ha cobrado cientos de vidas, asesinadas la mayoría y relativamente accidentadas las menos. Las bandas de salteadores de caminos que ahí operan son de tercera generación; impunes los más y apresados muy de vez en cuando los menos, roban, matan, vejan, asustan. Listos los depredadores para caer sobre su presa, están armados, ponen piedras o troncos en la carretera, emboscan a hombres y mujeres, les roban cuanto de valor llevan y muy seguido matan. Sobre este y más rojos probablemente ya ha sido advertido el también recién llegado  comisionado estatal de Seguridad Publica, José Antonio Ortiz Guarneros, pero si no, qué esperan  para ponerlo al tanto… El Parque Chapultepec gratis, escenario bullicioso de familias alegres haciendo día de campo; parejitas apapachándose entre los árboles, tardeadas domingueras en la explanada de cemento, clavadistas sacando monedas de veinte centavos arrojadas al manantial. Ah, y noches de jueves para el griterío en la Arena Isabel, animando el público a los limpios (Santo, Blue Demon, Rayo de Jalisco), abucheando a los rudos ¬¬(Karlof Lagarde, El Nazi, Médico Asesino¬¬) y domingos de luchadores locales o segundones. “La Isabel”, como la conocieron los cuernavacenses, inaugurada en la década de los cincuenta, cerrada el 11 de diciembre de 2009 cuando ofreció su última función y once meses después comenzada su demolición, el 25 de septiembre 2010. Un día después la revista “Lwagnermanía’s blog” publicaría: “Ayer comenzó la demolición del sitio donde los morelenses disfrutaron de la lucha libre por más de 50 años: la Arena Isabel. Por este cuadrilátero, el de más tradición para las familias morelenses, pasaron Blue Demon y El Santo. También escenificó peleas memorables, como una de Julio César Chávez”. Víctor Cinta, el cronista de la ciudad, recreó que era típico que las familias y amigos compraran botanas para disfrutar de las peleas. La Arena Isabel fue edificada e inaugurada en la década de los 50 por Miguel González. En ella se realizaban hasta cuatro funciones de lucha libre a la semana, principalmente los miércoles, jueves, sábados y domingos”. Y remachaba: “El vienes 11 de diciembre de 2009, cincuenta y seis años de tradición luchística culminaron, cuando se realizó la última función. Ese mismo día se oficializó la compra-venta y ahora será un recinto religioso”. Lo que al cabo no fue, sino gimnasio, desechada la idea del desaparecido alcalde panista 2006-09 de Cuernavaca, Jesús Giles Sánchez, de aprovechar el predio ubicado en la esquina del boulevard Juárez y Abasolo para construir una plaza comercial tipo la Lido que albergara al comercio ambulante del centro histórico. Desde entonces la ciudad no tiene una arena de box y lucha libre, lo que en realidad no fue la Isabel, concebido para cine el recinto ovalado, no redondo, en cuyo costado norte (¿o sur?) de “gayola” conservó lo típicos orificios para la proyección de películas. Y al ser Cuernavaca la única o una de las pocas capitales de estado que carece de instalaciones construidas ex profeso para el espectáculo de la lucha libre y el box, fue que, trasladado el tema a la política, el entonces candidato del PAN a la alcaldía citadina, Javier Bolaños Aguilar, ofreció a un grupo de luchadores construir la arena que sustituyera a la Isabel con recursos etiquetados por el Congreso Estatal. El mismo ofrecimiento traía el en ese momento abanderado del PSD para la alcaldía, Julio Yáñez, quien al plantearlo a otro grupo de luchadores evidenció dividido al gremio, usado por políticos que, si espíritu deportivo tuvieran, dirimirían sus diferencias enfrentándose a luchas libres a dos de tres caídas sin límite de tiempo, piquetes de ojos y jalones de calzones. Pero nos desviamos del tema. El asunto es que Cuernavaca carece de instalaciones que sí tienen ciudades incluso más pequeñas a lo largo y ancho de la ciudad. Sus habitantes no tenemos una arena de box y lucha, tampoco una central camionera que sustituya a las terminales viejas y también carecemos de una ciudad deportiva. “Ni tendremos”, dijo don Teofilito…  (Me leen después).

Por: José Manuel Pérez Durán

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