Votado por veintitrés de los treinta  diputados del Congreso Estatal, no es apelable la elección de Jorge Arturo Olivares Brito como presidente de la Comisión de Derechos Humanos del Estado de Morelos (CDHEM). Pero debería. La designación fue contaminada por su relación sentimental con Nadia Luz Lara Chávez, algo que no debería tener qué ver con la decisión de los integrantes de la Junta Política y de Gobierno (JPG) si no fuera porque ella es, aún, la presidenta del Tribunal Superior de Justicia. También porque los diputados no tomaron en cuenta las trayectorias profesionales y sociales de los demás aspirantes, treinta y dos, entre los cuales hay claramente hombres y mujeres con mejores prendas que Olivares. Centrada la discusión en la presunta intromisión de la titular del Poder Judicial en este proceso interno del Legislativo, y la relación de parentesco de  Clara Soto Castor con la presidenta de la JPG, Hortensia Figueroa, la elección del “ombudsman” trascendió a la sociedad como un acto de inmoralidad política, de desvergüenza absoluta por parte de los “legisladores” y el  nuevo presidente de la  CDHEM.  Desestimado por los diputados el requisito principal de la probidad, la falta sólo sería reparada desechando el proceso, abriendo uno nuevo que elimine al propio Olivares para que sea electo otro u otra en su lugar, ese o esa sí con autoridad moral y vocación social para defender a ciudadanos cuyas garantías constitucionales sean violadas por instituciones de gobierno. Algo que seguramente no sucederá. Nada perdieron los que lo eligieron, etiquetada históricamente la figura del diputado como parásitos del poder político y no como representantes de la sociedad.  Olivares, cuya reputación no es precisamente buena  sino todo lo contrario entre las alumnas de la Facultad de Derecho de la UAEM donde hace años imparte clase, ganó una “chamba” no honorífica, sino con sueldo, presupuesto y trampolín para brincar a otra. Casos de Francisco Coronato, que de presidente de esta comisión pasó a procurador de justicia, y de Sergio Valdespín, quien de la misma posición ascendió a alcalde de Cuautla… EN CUANTO llegó el fin de semana largo y se asomó la Semana Mayor, miles salieron de vacaciones, otros esperaron un par de días para poder partir y muchos más se quedarán en casa para guarecerse de la invasión chilanga, esta vez más que otras, ansiosos de respirar aire limpio luego de la contingencia atmosférica que los hizo aspirar veneno. Para los de Cuernavaca, viajar en Semana Santa solamente estando locos. Salen pocos, deseosos de visitar a parientes que viven en otras entidades, los urgidos de áreas abiertas y verdes que sobreviven en la estrechez del departamento de interés social y el hacinamiento urbano del conurbado cuernavacense. Los chavitos están de asueto, se ponen histéricos, exigen que los lleven a la playa o de perdida al balneario. Lo bueno es que de éstos tenemos en Morelos para dar y prestar, desde el bañadero rústico para los que gustan del turismo ecológico (¿qué tal el agua azufrada de Las Huertas, en la ribera del río tibio surcando el verde que cruza la selva medio baja caducifolia del municipio de Tlaquiltenango?) hasta los juegos acuáticos para los masoquistas que disfrutan de la adrenalina, lanzados  desde  lo alto de los toboganes donde sienten que se les botan las canicas de los ojos en medio del griterío de las muchedumbres asoleadas en El Rollo o la ex hacienda de Temixco. Emociones de una semana de guardar que pocos guardan, cuando todo se pone más caro, escaso y complicado. Gente, mucha gente por doquier de noche y de día. Los “supers”, atestados de clientes frenéticos, haciendo compras como de pánico para la despensa extraordinaria pues hay que llevar los trajes de baño a los chicos y la botana, pomos y chelas a los grandulones. Igual las plazas comerciales, colmadas de mirones, cinéfilos y comensales desesperados como si el mundo se fuera a acabar; los restaurantes, botaneras, cantinas, bares y antros en general, incluso los tables pese a ser días para el espíritu, no para darle vuelo al cuerpo. Pero así somos, es nuestra cultura, nos gusta soñar. Despertaremos apenas terminen las vacaciones, volveremos a vivir la rutina y esperaremos otros días de asueto. ¿Se imaginan un México sin vacaciones, sin fútbol, sin Virgen de Guadalupe, sin box y sin toros? Mucha gente se levantaría en armas contra el gobierno. A poco no… ME LEEN MAÑANA.

Atril
José Manuel Pérez Durán

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