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Tierra de nadie, en el centro histórico de Cuernavaca menudean los asaltos a peatones. La chica, la señora, el señor a quienes a la menor distracción les roban los celulares, relojes, carteras. Los ladrones son jóvenes, reincidentes y audaces. Actúan presuntamente drogados, y no los inhibe la presencia de los policías apostados en la Plaza de Armas y el Jardín Juárez. Si atrapados son, poco tardarán en salir de la cárcel sólo para volver a hacer lo único que saben hacer: robar. Esto ha sido así desde hace años, sin que autoridad alguna haya hecho algo verdaderamente efectivo para evitarlo. Inútiles las protestas, quedará para la anécdota la de los comerciantes de la calle Morrow que, hartos de la inseguridad, el mediodía de este martes cerraron las cortinas de sus negocios. Siendo responsabilidad del Ayuntamiento la basura y las banquetas destruidas que infestan el centro, también protestaron por la falta de alumbrado que apenas cae la noche ahuyenta a la gente. Exhibieron cartulinas para preguntar: “¿Dónde está Cuauhtémoc Blanco?”. Indiferente ante lo que sucede en la ciudad que gobierna, estaba jugando un partido de fútbol en el Estadio Olímpico de Roma, y José Manuel Sanz, el apoderado del ex futbolista profesional, despachando como el “virrey de Cuernavaca”, igual que en los tiempos de la colonia española lo hacía Hernán Cortés en el palacio que lleva su nombre y en su hacienda de Atlacomulco. Creciente el abandono de la ciudad, en esta triste condición se encuentra porque Cuauhtémoc no es de Cuernavaca, no la quiere, aquí no está arraigado, no la conoce, se esconde de los cuernavacences, ya no anda en campaña repartiendo autógrafos forzados y sonrisas mustias, repitiendo el discurso de que no es político sino gente del pueblo. Gachupín naturalizado mexicano (o “gringo” si cierto es que también ha usado un pasaporte estadounidense), a Sanz tampoco le importa Cuernavaca; sus intereses insinúan el signo de pesos y no la preocupación por la suerte de los cuernavacences. La bajada de cortinas no se extendió al comercio formal de Rayón, Lerdo de Tejada, No Reelección Degollado, Matamoros, Galeana, Gutenberg y Guerrero; adictos al protagonismo ramplón los dirigentes de las uniones de comerciantes de estas arterias que se angustian el día en que no salen en los medios sus fotos o sus declaraciones al cabo intrascendentes, pues al gobierno y a la sociedad no les merecen la menor importancia. Con otra, la “amenaza” de la Comuna, de que instalará parquímetros en calles y avenidas del centro, porque según el regidor Jorge Dada Guerrero los burócratas que ahí se estacionan “tienen secuestrada” a la ciudad. Se necesita estar operado del cerebro para intentar semejante barbaridad. En el centro no sólo estacionan sus vehículos los empleados del Gobierno Estatal y del Congreso del Estado; también los empleados y los clientes de tiendas, restaurantes, cafés, despachos y/o consultorios jurídicos, dentales y médicos, varios miles incluidas las familias que habitan en casas y edificios departamentales de la misma zona que no pueden ni deben pagar cien y más pesos diarios o pensiones mensuales de quinientos y hasta mil pesos en estacionamientos púbicos. Desconocedor de Cuernavaca y por lo tanto ignorante de lo que ocurre en Morelos, Cuauhtémoc Blanco no sabe que la pasada administración municipal de Cuautla intentó pero no pudo poner parquímetros en el centro histórico de la otrora llamada Ciudad de los Balnearios. Luego de un debate que duró meses, se lo impidieron la oposición de la generalidad de los cuautlenses y un amparo que interpusieron y ganaron los comerciantes ubicados en el corazón de la también considerada capital histórica de Morelos; se fueron al basurero los parquímetros y el negocio que pretendió el presidente municipal con la renta de espacios públicos que no son propiedad del gobierno sino del pueblo. Lo mismo sucederá en Cuernavaca, pero sólo si la inconformidad crece, opuesta la delegación de la Cámara Nacional del Pequeño Comercio a la que ya estarían sumadas otras agrupaciones de fenicios si para ello tuvieran cojones esos “líderes” que cual tigres de papel no espantan ni a los niños. Argumentos sobran, uno, que antes de siquiera pensar en la imposición de los parquímetros el alcalde debió ser informado de la existencia de una ley que obliga a las plazas comerciales y supermercados a no cobrar en sus estacionamientos, y otro, que datando de principios de los noventa hay una ley municipal de estacionamientos públicos que fija calidades, instalaciones y tarifas  pero tampoco respetan… ME LEEN MAÑANA.

 

Por: José Manuel Pérez Durán / [email protected]