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Casos de oposiciones a obras públicas hay varios en la historia reciente de Morelos. A mediados de los noventa, el proyecto del estacionamiento subterráneo en la Plaza de Armas fue uno que hubiera generado empleos temporales y permanentes, elevado la calidad del Zócalo, mejorado la vialidad y beneficiado al comercio del centro histórico de Cuernavaca. Pero lo reventaron las mentalidades obtusas, las visiones chatas, los protagonismos acomplejados que buscaban su minuto de fama… Priista el Ayuntamiento de 2010 tras las cuatro administraciones del PAN, empresarios y seudo activistas sociales manipulados y financiados tras bambalinas por políticos panistas se desgarraron las vestiduras ante el plan de construir un segundo piso en la avenida Plan de Ayala. Lo calificaron de “locura”, igual que pocos años atrás el conservadurismo a ultranza había juzgado los segundos pisos iniciados por Andrés López Obrador en la Ciudad de México... Desde su campaña en 2012, el ahora gobernador Graco Ramírez propuso la construcción de un segundo piso en el libramiento de Cuernavaca. De haberse realizado así la ampliación de carriles, habrían sido más altos los costos de la obra pero infinitamente menores las afectaciones a viviendas, a negocios, a la ecología. Y sobre todo el llamado Paso Exprés no sería hoy el escenario de accidentes mortales, de un ensanchamiento forzado donde no hay espacio y por eso los carriles son metidos a huevo, angostos, pegados a las barreras de protección, sin acotamientos y no para coches, camionetas, autobuses y tráileres que apenas caben, sino como para bicicletas. Si en lugar de para arriba que a los lados, no estaríamos hablando de daños a inmuebles y al medio ambiente, de colonos opuestos a los chambonadas de las empresas constructoras y del valemadrismo de la Secretaría de Comunicaciones y Transportes. A los “genios” de la Ese Ce Te no les sirvió la experiencia del tramo tepozteco de la autopista La Pera-Cuautla. Frenada ahí la ampliación de carriles por un amparo federal sustentado en cuestiones ecológicas científicamente comprobadas, los tepoztecos no se hubieran opuesto si el tendido de dos carriles más hubiese sido construyendo un segundo piso y a estas horas la obra ya estaría concluida… Otras características hay en el caso de la oposición a la planta termoeléctrica de Huexca, en la región oriente. El movimiento en contra es porque los campesinos no le creen a la Comisión Federal de Electricidad (CFE) que no vaya a usar agua del río Cuautla. Llevan meses en resistencia, y justo por estos días en que el horno no está para bollos se dio el enfrentamiento entre pobladores y policías, anteayer en el puente de Apatlaco después de que brigadas de trabajadores de la paraestatal instalaron una malla ciclónica en una cancha de uso público para evitar el paso al área de la introducción del acueducto. Tanto el problema como la solución le corresponden a la CFE pero, endosado al Gobierno del Estado, en este sentido surgieron las primeras reacciones y lo que sigue tiene el signo de interrogación… ¿TACOS de carne de perro en Cuernavaca? De can no, pero sí de cerdos potencialmente sospechosos de que no pasaron por controles sanitarios. Esto porque hace ya tres meses que en el Rastro de Cuernavaca no matan cerdos, cochinos, “cuhis”, así que los tacos de nana, buche, oreja, surtido, pastor pueden provenir de animalitos sacrificados en mataderos clandestinos. Pero ni los de la Comisión para la Protección contra Riesgos Sanitarios del Estado de Morelos ni su similar federal se ponen las pilas, omisos ante la posibilidad de un problema de salud pública. Ex alcalde suplente y por años y años asesor de tablajeros, Rafael Cepeda Aguilar pone nuevamente el dedo en la llaga: viejas, las calderas del Rastro siguen descompuestas, no matan cerdos, hay producto porcino sellado sanitariamente hablando en la Ciudad de México pero también carne de marranos de procedencia dudosa en carnicerías y taquerías. Sin embargo, Cepeda y sus asesorados son los únicos que se preocupan por esta situación que podría provocar una emergencia de salud masiva. En el Ayuntamiento se deslindan pretextando que no tiene dinero para comprar una caldera nuevecita, y en las cofeprices voltean la mirada a otros lados, se hacen como el tío Lolo, simulan que la virgen les habla pero ya no van a los taquitos, y menos de “cuchi” pues a lo mejor son de los que comen caca. A los demás que sí van: ¡provecho!.. ME LEEN MAÑANA.

 

Por:  José Manuel Pérez Durán /  [email protected]