compartir en:

Terminada la rueda de prensa, el director de la Policía Judicial “me puso” al detenido. Le murmuré, tratando de que no escucharon los compañeros reporteros: “Quisiera hablar con él, pero en privado”. Asintió con un guiño, seguido de “no te vayas”. Pasados unos minutos me mandó llamar a su oficina. Entré. “Ahí está”, me dijo señalando con el índice un cuartito anexo a su despacho. Abrí. Custodiado por un agente parado a su espalda, el sujeto no estaba solo. Cuarentón, de estatura mediana y rostro hosco, esperaba inquieto sentado a una mesa pequeña. Me acomodé enfrente de él, le pregunté si aceptaba que habláramos y su silencio me previno que aquella no sería una entrevista fluida. Minutos antes, en la presentación del detenido a los reporteros y fotógrafos el director había explicado que el detenido fue quien había jalado la cuerda para ahorcar a un secuestrado de la rama de un árbol del patio de la “casa de seguridad” en donde la banda mantuvo cautivo dos semanas a la víctima, un profesor pensionado, padre y abuelo. Así que fui al grano y le pregunté: “En los momentos en que jalaste la cuerda, ¿no pensaste que el hombre que tenían secuestrado tenía hijos y familia, como tú? ¿Por qué lo hiciste?”. Contestó quedo, tan imperceptibles sus palabras que el agente le ordenó que hablara más fuerte. Su respuesta me dejó helado: “Pues porque no quisieron pagar (el rescate)”. Entonces comprendí que en la lógica de los criminales sólo les interese el dinero, al costo que sea y de la manera que sea, y que no les importa matar, en aquel caso para no dejar un testigo. Sucedió por allá de mediados de los noventa en Yautepec, desde entonces escenario de secuestros, asaltos, robos a casas y en años recientes nido de criminales foráneos y locales. Temprana la mañana de este domingo, fue encontrada la cabeza de un hombre en la colonia Benito Juárez, y su cuerpo en la colonia Vicente Estrada Cajigal junto al cadáver de una mujer. A las 8 horas del domingo, ahora en la  carretera Yecapixtla-Cartonera, fue reportado el hallazgo de un cuerpo decapitado, y a poco otra llamada al número de emergencias informó que muy cerca del Palacio Municipal estaba una cabeza humana sobre un mensaje escrito en una cartulina. Sólo dos días antes, el viernes, se publicó en periódicos que policías de la Procuraduría General de la República catearon una casa de la colonia 24 de Febrero, en  Yautepec, y encontraron un arsenal compuesto por cinco rifles de asalto (tres AR-15 y dos AK-47), un auto de servicio particular y un taxi; que detuvieron a una mujer armada con una pistola calibre .45, cuando brincaba de la azotea de dicha casa a otra, pero que huyeron dos individuos presuntamente de una banda que operaba en dicho municipio. Y el miércoles, al día siguiente del Día de la Mujer las notas periodísticas reseñando el énfasis del gobernador Graco Ramírez sobre que la violencia intrafamiliar que se vive en Morelos es un tema grave y urgente que debe atenderse con prioridad, pero sobre todo con sensibilidad. Exhortadas las autoridades involucradas en la Alerta de Violencia de Género a comprometerse para revertir este problema, el mandatario precisó que, de acuerdo con datos del Semáforo de Violencia 2015, Yautepec es el municipio que presenta mayores casos de feminicidios, con tres, además de registrar un 66.7% de violencia intrafamiliar. De manera paralela, se informó que los municipios que presentan más casos de violencia familiar son Cuernavaca (60%),  Cuautla (60.8), Jiutepec (61.9), Temixco (65.4),  Xochitepec (70.6) y Puente de Ixtla (73.7), y que mientras los cuatro primeros registraron dos feminicidios, en cada uno de los dos últimos sucedieron uno. La frialdad de los números no miente, son de verdad, como también es cierto que las estadísticas de organismos oficiales han venido registrando disminuciones en los delitos de alto impacto (secuestro, extorsión, homicidios violentos), y al mismo tiempo señalando bajas en delitos considerados “menores” (robos a establecimientos comerciales y a casas habitación y de vehículos, asaltos en la vía pública y a cuentahabientes de bancos) que, por continuos, en meses pasados se volvieron casi rutina. Todo ello en una guerra sin tregua ni cuartel que no cesa. Las fuerzas del orden se esfuerzan, pero los malos son tantos que por cada delincuente que es atrapado dos y más se incorporan al ancho mundo del hampa. Una herencia ominosa que viene de al menos tres décadas… ME LEEN MAÑANA.

Por: José Manuel Pérez Durán / [email protected]