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El gobernador Graco Ramírez anda en Japón. Refieren las notas: busca fortalecer negociaciones con empresas niponas radicadas en Morelos, Tokai y Nissan Mexicana, y atraer una inversión de cinco mil millones de dólares para ampliaciones de la planta de automóviles y de la empresa Bridgtone. Suena bien, y mejor si logra traer la inversión pues generaría empleos. Apenas en llegando, acompañado del consejero comercial de Pro México en Japón, Aaron Vera Yáñez, y del secretario de Sedagro, Roberto Ruiz Silva, sostuvo una reunión con representantes de la Embajada de México en Japón que reseñó Justino Miranda, reportero de Diario de Morelos. La agenda de Graco prevé una reunión con directivos de la planta de Nissan en la ciudad de Yokohama, a los cuales exaltará el valor de la mano de obra morelense, como lo prueba el hecho de que la ensambladora de esta planta ubicada en la Ciudad Industrial del Valle de Cuernavaca (CIVAC) es la única no robótica de ese corporativo en el mundo. Y aquí va de historia: ¿dónde precisamente fue capacitada esa mano de obra de la que hoy habla Graco? En un departamento del edificio Benedicto Ruiz habilitado como aula, si mal no recuerdo, en el segundo piso entrando por el 17 de la avenida Hidalgo. Creada de manera formal el 4 de marzo de 1966 por decreto presidencial de impulso a las ciudades industriales, CIVAC inició su desarrollo cinco años antes con la instalación de la empresa Mexama, en 1961, la única productora de ácido cítrico en el país y la más grande de Latinoamérica que cuarenta y dos años más tarde cerraría sus puertas; Syntex, en 1966, y  Nissan, en 1967, cuyo primer modelo de la marca Datsun fue el “Blue Bird” que armó aquella primera generación de obreros. Época de carrotes gringos de ocho cilindros y gasolina barata, el “pájaro azul” era visto por las familias mexicanas como un carro pequeño, incómodo. Nada que ver con la industria automotriz del país del sol naciente que hoy día compite exitosamente con la estadounidense. Siendo gobernador para el período 1964-70, Emilio Rivapalacio Morales creó la CIVAC y convenció a los empresarios japoneses de Nissan Internacional que ensamblaran sus automóviles en esta parte de México. Entonces había vendedores del recién llegado escarabajo Volkswagen recorriendo en oficinas y otros centros de trabajo para ofrecerlos baratos. El desaparecido cronista de Cuernavaca, Valentín López González (nos dejaría el 10 de septiembre de 2006) recordaba: Don Emilio, quien había sido el oficial mayor de la Presidencia de la República con Adolfo López Mateos, se preparaba para tomar posesión de la gubernatura, en mayo del mismo año. Pero apenas empezaba la temporada de lluvias, la recaudación de impuestos bajaba hasta desplomarse, los agricultores destinaban el poco dinero que tenían a la compra de semillas para sembrar y las zafras, que son en tiempos de secas, terminaban con las primeras lloviznas. El efectivo no llegaba a las tesorerías del estado ni de los municipios, así que era necesario crear un polo que generara derrama económica. Licenciado en economía e ingeniero agrónomo, Rivapalacio concibió una solución al problema: fundar un parque industrial. A ello se abocó de inmediato, trajo un equipo de economistas del Banco Nacional de México que más tarde manejaría un fideicomiso para la zona fabril y a poco tiempo ya estaban aquí las inversiones de las primeras factorías, destacadamente Nissan Mexicana para armar coches. Valentín López creía que probablemente la idea de crear la CIVAC le vino a Rivapalacio el día en que pocas semanas luego de haber asumido la gubernatura fue invitado a colocar la primera piedra de la fábrica de casimires Rivetex, traída por empresarios italianos a Cuernavaca. Meses después pondría el primer tabique de la planta de Nissan, en una ceremonia que según recordaba Valentín los ejecutivos japoneses que vinieron les obsequiaron como un gesto de cortesía una perla a él, al gobernador, a Raúl Iragorri Aranda y Vicente Estrada Cajigal –los dos últimos, respectivamente padres del actual concesionario de las agencias Nissan en Morelos y del primer gobernador de aquí surgido del PAN, Sergio Estrada Cajigal–, a quienes había puesto al frente de las direcciones de Fomento Industrial y Fomento Turístico que el propio Rivapalacio fundó como parte del proyecto económico de Morelos. Se se vale exclamar:  medio siglo atrás, ¡qué tiempos, señor don Simón!.. ME LEEN  MAÑANA. 

Por José Manuel Pérez Durán

jmperezduran@hotmail.com