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De siempre el magisterial ha sido un sector fuerte, por numeroso. Agrupados en el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE), que es el más grande de América, sus agremiados suman millón y medio. ¿Y cuántos los profesores jubilados de Morelos que ésta y la semana anterior realizaron marchas de protesta en Cuernavaca y municipios del interior demandando el pago del bono del maestro? Once mil, padres y abuelos que, digamos multiplicados por cinco, seis o siete de cada familia, significan hasta ochenta mil entre hijos, nietos, hermanos, primos, tíos, cónyuges. Tal es el tamaño de la protesta… y del conflicto político que representa tanta gente manifestándose enojada. ¿Pero cómo darles una respuesta satisfactoria cuando para ello el Gobierno del Estado carece de recursos? Cobraron el bono por dos décadas, hasta el año pasado que la federación reconcentró la nómina del Instituto de Educación Básica del Estado de Morelos. La solución no está en la Tesorería Estatal, y sin embargo continuaron presionando, naturalmente puesto que la costumbre de la dicha gratificación se les convirtió en un derecho adquirido. Juzgaron al gobernador Graco Ramírez indiferente a su problema pero se equivocaron; ya estaba operando hacia una solución. Reunido este miércoles con el dirigente del SNTE, Juan Díaz de la Torre, acordaron formar una comisión SNTE-Gobierno de Morelos con el propósito de “gestionar ante las secretarías de Educación Pública y de Hacienda y Crédito Público los recursos para cumplir con los acuerdos y solventar los beneficios a jubilados y pensionados”. O sea, dinero para los bonos de los docentes en estado de retiro, unos cuarenta millones de pesos. La noticia debió saberles como la delicia de un soplo de brisa fresca en medio del bochorno por el calor a los profesores y las maestras jubiladas, a sus familias y en general al sector de la educación pública. Dicho coloquialmente, ahora lo que falta es que, ambos “presidenciables” por cierto, los secretarios  Luis Videgaray y Aurelio Nuño suelten la lana. Y pronto porque el horno no está para bollos... NO es menor el  tema del Rastro de Cuernavaca, es un problemón. Decadente, con instalaciones obsoletas e instalaciones rudimentarias que datan de los sesenta, tiene medio siglo de antigüedad, así que su ciclo de vida útil terminó hace años sin que al menos las últimas seis administraciones municipales y las tres estatales intentaran siquiera construir el nuevo Rastro que necesita la ciudad, moderno, limpio y no la porquería en la que el paso del tiempo lo precipitó. Edificado durante la gestión 1964-67 del alcalde Ramón Hernández Navarro para substituir al antiguo Rastro que estaba en la colonia Carolina, entonces Cuernavaca tenía una población de aproximadamente cien mil contra casi cuatrocientos mil de la actualidad. Hoy, la mayoría de la carne de pollo, res y cerdo que consumen los cuernavacenses proviene del ex Distrito Federal donde es sellada, a diferencia de hasta la década de los ochenta cuando el noventa por ciento que comía la población era del matadero del Paseo Cuauhnáhuac. Clausurado por la Comisión para la Protección del Riesgo Sanitario de la Secretaría de Salud Pública durante cuarenta días, entre agosto y septiembre de 2011, y en marzo de 2014 porque en la primera ocasión 32 reses dieron positivo a clembuterol y un tanto menos la segunda vez, la carne de res se encareció dos pesos el kilo a taqueros, fonderos y restauranteros, muchos de los cuales se surtieron en los rastros de Temixco, Jiutepec y Zapata que tampoco son garantía de control sanitario. Por estos días sucedió otra vez y, suspendida primero la matanza de cerdos y luego la de reses porque la caldera está más vieja que chango anciano intentado aprender maroma nueva, el ex alcalde suplente y asesor de tablajeros, Rafael Cepeda,  volvió a las andadas. Irrumpieron él y sus asesorados la mañana del miércoles en la sede del Ayuntamiento, exigieron el reinicio de la matanza y que si no ahí mismo sacrificarían a dos cerdos y un novillo llevados ex profeso. Encarados no por el presidente municipal Cuauhtémoc Blanco sino por el secretario Roberto Yáñez, convinieron la reapertura para la tarde de anteayer mismo y una reunión para ayer. Pero el presidente de la Unión de Comerciantes del ramo de la carne, Omar Román, insistió: la solución es un rastro tipo TIF (Tipo Inspección Federal), es decir, uno nuevo. Y sí, pero hasta cuándo… ME LEEN EL DOMINGO.

Por: José Manuel Pérez Durán /  [email protected]