El tema no es menor. Lleva años en Morelos y México entero. Es el negocio de las autopartes robadas que genera utilidades millonarias al crimen organizado. Funciona a ojos vistas, y sólo lo explica la corrupción de autoridades implicadas en esta actividad ilegal, de hecho histórica pues ha operado durante décadas. Los corralones de repuestos automotrices tienen éxito por la obviedad de que venden mucho más barato que en las refaccionarias formales. Cincuenta y más por ciento menos, posible porque en estos negocios les compran a los ladrones a precios irrisorios y así pueden vender baratísimo. Ejemplo: 20 mil pesos por un juego de rines para automóviles de alta gama contra 80 mil en las agencias, además de todo lo imaginable para vehículos de marcas populares: portezuelas, asientos, parrillas, espejos, volantes, parabrisas, medallones, carrocerías y hasta motores en “deshuesaderos” usualmente asentados en predios rurales o en locales de accesorios usados que se ubican en espacios urbanos. Por supuesto hay excepciones, algunos que operen dentro de la normatividad, dados de alta en Hacienda y al corriente de sus impuestos, que comprueben la procedencia lícita de la mercancía con facturas de autos siniestrados. Sin embargo, los precios que ofrece la mayoría dan al menos para la sospecha. Sucede diariamente: el cliente a cuyo coche le robaron llantas y rines pregunta cuánto cuestan, pacta el precio y lo compra, pero si no tienen lo que busca deja un “adelanto” para que se lo consigan. La mayoría vende sin factura, pero si el cliente la pide le cargan el IVA. Las operaciones se manejan en el juego de valores entendidos del tú ahorras, compras barato aunque estés seguro de que estás adquiriendo un artículo robado y que paguen las empresas de seguros y el deducible la víctima del robo. Después del narcotráfico, el robo de coches es la actividad más rentable del crimen organizado. Combatirlo le cuesta al gobierno de Estados Unidos cientos de millones de dólares al año y sumas fantásticas a las aseguradoras. En México, aun cuando la cantidad de vehículos resulta abismalmente inferior que en EUA, las estadísticas de este delito se reflejan en los precios de las pólizas que suben conforme más automotores son hurtados. Mejor organizadas y con tecnología de punta que incluyen computadoras y otras herramientas sofisticadas, las bandas del presente en nada se parecen a las del pasado. Se sabe que algunas se especializan en marcas y modelos (el Tsuru para taxis, los deportivos o de lujo “por encargo”), mientras otras organizaciones criminales se dedican a la exportación hasta Europa y África o países próximos como Guatemala y El Salvador donde circulan centenares de coches robados en México. Toda una “industria” que no podría ser posible sin la complicidad de policías corruptos, en un marco de impunidad público y notorio pero ante el cual los anteriores gobiernos de Morelos cerraron los ojos. Este asunto lo trae el gobernador Graco Ramírez desde febrero pasado, cuando en la clausura de la XXXIII Sesión del Consejo Estatal de Seguridad Pública, donde los alcaldes de Jantetelco, Jiutepec, Miacatlán, Totolapan, Xochitepec y Yautepec rindieron protesta como integrantes de este organismo oficial, sentenció: “vamos a romper con este círculo perverso de que auto que se roba se desmantela y las partes se compran y venden en depósitos que no tienen legalidad”. Pero ha sido hasta ahora que, por una iniciativa del propio mandatario,  el Congreso Estatal promulgó una ley por la que los también llamados “yonkers” deberán estar inscritos en la Secretaría de Hacienda y en los ayuntamientos; serán sujetos de revisiones para que constatar si comercializan o no autopartes de vehículos robados. Datos “duros”: de acuerdo al Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Justicia, en 2006 se registraron 552 robos de vehículos con violencia y mil 670 sin violencia en Morelos. A nivel nacional, en mayo anterior la Asociación Mexicana de Instituciones de Seguros reportó que en el último año fueron robados 64,338 automotores asegurados y sólo 28 mil recuperados; que el auto más robado fue  el Tsuru, mil 792, seguido de la pick up corta con dos mil 823 unidades hurtadas. O sea: menos de la mitad de los automóviles robados –con o sin violencia– regresaron a sus legítimos propietarios, en tanto el resto paró en los “deshuesaderos” del mercado negro de la venta de autopartes y vehículos completos arrebatados  a sus dueños por organizaciones criminales… ME LEEN  EL LUNES.

Atril
José Manuel Pérez Durán
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