Hierve la Universidad; pero lastimosamente no bullen el espíritu académico, la investigación política. Son la política, la inconformidad, lo que han hecho su presa a la máxima casa de estudios morelense. La política, que no es mala pero sí cuando se da en una atmósfera de tensión, porque la UAEM prepara el cambio de Rector y los de abajo están furiosos con los de arriba debido a que no les pagan sus salarios. Una condición que no es nueva en la administración del rector Alejandro Vera Jiménez, atropellada, errática, pero que esta vez ha hecho crisis como lo prueba el hecho de que el Sindicato de Trabajadores Académicos quiere a Vera fuera de la Rectoría, ya, de inmediato, y no hasta que sea electo el Rector para el sexenio 2018-2024 de entre la terna que este día presentará el Consejo Universitario. Inédito el estado de cosas en el alma máter de Morelos, el desenlace debería estar próximo. Quizá. Lo único claro es un conflicto interno, así que el aún Rector no puede repetir el discurso de la “violación” a la autonomía universitaria. Tras el terremoto del 19 de septiembre, bastante tiene el gobernador Graco Ramírez con la reconstrucción como para distraerse en cosas ajenas… Por cierto: en la segunda quincena del mes que entra comenzará la entrega de 120 mil pesos a las familias morelenses que perdieron sus viviendas, y 15 mil a los dueños de casas que sufrieron daños parciales. Eso vino a informar este miércoles la secretaria de Desarrollo Agrario, Territorial y Urbano, Rosario Robles Berlanga, a partir del censo más reciente, pero naturalmente susceptible de actualización, de 5 mil 370 viviendas destruidas y 10 mil 431 con afectaciones parciales para un total de 15 mil 801. Los damnificados recibirán tarjetas del Banco del Ahorro Nacional y de Servicios Financieros, una con efectivo y otra para la compra de materiales de construcción para casas de entre 45 y 50 metros en los mismos predios donde se cayeron las otras pero planeadas para que andando el tiempo pueden  ser ampliadas y no queden en “huevitos”… LA ocasión amerita la reedición del comentario: hoy hace exactamente cincuenta años que fue ocupado el centro comercial Adolfo López Mateos por los locatarios que habían estado en el mercado municipal, en la punta de la bajada de Santo Degollado.  Por estos días de hace medio siglo, ¿qué estaba pasando en Cuernavaca? El 7 de septiembre de 1967 era inaugurado el Palacio de Gobierno por el gobernador Emilio Riva Palacio Morales. (Su antecesor, Norberto López de Nava, lo había inaugurado cuatro años antes “faltándole algunos detalles” cuando sólo había hecho el primer piso). Aquello fue todo un acontecimiento, mudado entonces el Poder Ejecutivo del Palacio de Cortés al nuevo edificio. Un mes y 20 días después, el 27 de octubre que don Emilio tenía unos pocos meses en la gubernatura, los locatarios que estaban en el viejo Mercado del Reloj se trasladaron al centro de abasto ALM. Reacios al cambio, argumentaban que “estaba muy lejos” y les bajarían las ventas. El ALM había sido inaugurado tres años antes, el 7 de mayo de 1964, en los últimos días de López Avelar como gobernador, pero los locatarios siguieron en la explanada de Degollado y Tepetates. Resistieron cinco meses, hasta que el alcalde Valentín López González destechó el también llamado Mercado Municipal. En esos momentos, un grupo de locatarios se manifestaba en el centro de la ciudad cuando otros de sus compañeros llegaron corriendo, para avisarles que una grúa “con bola” enviada por Valentín había comenzado la demolición del mercado viejo, de modo tal que a regañadientes agarraron sus tiliches y se cambiaron al nuevo, “lejos”, una calle abajo, en los terrenos que habían sido parte del Rancho Colorado de la familia Salinas Nubión, y en 1962 comprados por el Ayuntamiento para iniciar la obra más grande de aquella época en Cuernavaca, convertidos con el paso del tiempo el mercado ALM y el Palacio de Gobierno en puntos emblemáticos de la ciudad. La construcción del que sería el centro de abasto más grande de la región fue iniciada en la época del presidente de la República Adolfo López Mateos (de allí su nombre) y entregada la obra el 7 de mayo de 1964. A 53 años de su edificación, el “ALM”, como desde su inicio le llamaron los cuernavacenses, ha sufrido dos incendios y una inundación. Aguantador, su estructura soportó los sismos de los dos diecinueves de septiembres, en 1985 y 2017. Hoy, los locatarios de cuarta generación celebran medio siglo de vida de su fuente de subsistencia… ME LEEN EL DOMINGO.

Por: José Manuel Pérez Durán /  [email protected]