Estrechado el carril que parte de la calle Hidalgo, rodea la explanada  principal de la ciudad, sigue de frente hacia Galeana y Rayón, gira en la esquina del café La Universal para los automovilistas que se dirigen a Guerrero o Lerdo de Tejada y, además ampliadas las banquetas y ensanchado el jardín Juárez, los peatones ganaron espacio. La síntesis: un Zócalo absolutamente distinto al de hace pocos meses, pleno de verde y libertad para disfrutarlo. El entorno: Nezahualcóyotl, Hidalgo, Guerrero y Comonfort, restauradas las calles largas y los callejones pequeños Del Cubo y De Correos, sumada ya Rayón al proyecto integral, confirmado el próximo inicio de obras similares en la cuesta de Gutenberg y otro tipo de trabajos en Matamoros. O el centro histórico cuyo embellecimiento que por años reclamaron los cuernavacenses se está completando. Y el hombre que será recordado como el gobernador que logró cambiarle el rostro al corazón de Cuernavaca: Graco Ramírez. La expresión no es del columnista; a nombre de vecinos y comerciantes la dijo el presidente del Comité de Obra, Ramón Gómez, en el acto de inauguración de la remodelación de la calle Ignacio López Rayón: “Sepa usted, Gobernador, que quienes aquí vivimos y trabajamos lo recordaremos como el hombre que transformó el Centro Histórico de Cuernavaca”. El Zócalo pertenece a todos, a lugareños y turistas; es de las familias que ahí se ganan la vida: boleros, trovadores, mariachis, comerciantes informales y formales, dueños de comercios, trabajadores e inquilinos de los edificios circundantes, propietarios y empleados de cafés, restaurantes y tiendas. Miles. Patrimonio social, cultural e histórico de Cuernavaca, de nativos y residentes nuevos y recientes, pero también propiedad de quienes llegamos hace décadas para aquí quedarnos. La Plaza de Armas o los últimos setenta años en la vida de la capital morelense, modificado el centro neurálgico de la ciudad a lo largo de este período al menos siete veces, o sea, aproximadamente una cada ocho años. Iniciados los trabajos más recientes en febrero de 2016, con el paréntesis de la inauguración de la plaza misma en septiembre del año pasado y la continuación de los ensanchamientos de las banquetas que cambiaron radicalmente la geografía del centro citadino convertido en un sitio semi peatonal más grande que una cancha de fútbol con un solo carril para el tránsito vehicular. Es la transformación a fondo del corazón urbanístico de Cuernavaca que incluye obras similares enfrente del Palacio de Cortés, las de Lerdo de Tejada que empezaron en abril y ya fueron concluidas, las que pronto serán realizadas en Gutenberg y Matamoros y se extienden a Guerrero, peatonalizada hace meses pero abierta al tráfico de automotores por los trabajos en Rayón. El cambio determinante que no vieron los bisabuelos de hoy cuando en la década de los cincuenta eran niños y presenciaron la modificación del entones llamado Jardín Morelos, retiradas las bancas metálicas y en su sitio empotrado un círculo de asientos de cemento. Andando el tiempo, la explanada sufrió otras modificaciones hasta quedar como el Jardín de los Héroes, representados en un laberinto de estatuas José María Morelos, Benito Juárez, Miguel Hidalgo, Jaime Nunó y Francisco Bocanegra. Antes, el predio había visto de frente al Mercado Colón que desapareció el 15 de septiembre de 1910, al cumplirse el centenario del inicio de la guerra de Independencia de México y ser puesto en servicio el Mercado Municipal (o Del Reloj), en la confluencia de Clavijero y Degollado. A mediados de los sesenta, las estatuas fueron retiradas y enviadas a cabeceras municipales y colonias de la capital, naciendo la Plaza Cívica a la que aún se podía darle vueltas en coche. A fines de los setenta fue otra vez cambiada, esta vez por el gobernador Armando León Bejarano. En los albores de 1992, Antonio Riva Palacio efectuó la octava (¿o séptima?) remodelación de la plaza que con el nombre de Jardín Morelos fue inaugurada el 15 de septiembre, anclada en el centro la estatua del “Morelotes” que fue llevada del costado sur del Palacio de Cortés y en 2010 regresada a su enclave original. Reformado en 2011 el lado oriente, la desaparición del Puente del Mariachi amplió la perspectiva de la explanada. Y bueno, ya que todo esto es historia puede haber oposiciones mas no alteraciones de la realidad. Y en el caso de Graco: “obras que son amores y no buenas razones”, de palabras que han venido acompañadas de hechos pues de lo contrario quedarían en promesas. Sea, pues… ME LEEN MAÑANA.

Por:  José Manuel Pérez Durán /  [email protected]

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