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De acuerdo a cifras del Instituto Nacional de Geografía y Estadística (INEGI), en el año 2000 ya vivían 44 mil 426 morelenses en los Estados Unidos. Dieciséis años después, seguramente este número ha crecido pero en qué proporción no lo sabremos sino hasta el siguiente censo de población, en 2020. ¿Cuántos en la actualidad? ¿El doble? ¿El triple? Y muchos de ellos y ellas indocumentados, temiendo cada mañana salir de su casa al trabajo y que los agarre “la migra”, pasando las noches en vela porque en cualquier momento la policía les toque a la puerta para deportarlos; tener que dejar a sus hijos, a la esposa o el esposo si allá nacieron y tienen la ciudadanía estadounidense, y regresar de manera forzada a sus lugares de origen en donde los esperan el desempleo y los días de pobreza que un día los expulsó al vecino país del norte. “El costo de empleos va a ser muy grande, vamos a plantearles con claridad que los gobernadores mexicanos tomamos la decisión de la defensa legal de los migrantes mexicanos en Estados Unidos”, señaló el sábado en Phoenix, Arizona, el presidente de la Conferencia Nacional de Gobernadores (Conago), Graco Ramírez, en el foro “Agenda Migrante: una visión desde los connacionales” en donde participaron legisladores, mandatarios miembros de la Conago así como personas de los sectores privado y el federal. Con la deportación de morelenses indocumentados por el gobierno de Donald Trump tiene que ver esta nota poco conocida, de que de ser necesario la Universidad Autónoma del Estado de Morelos les daría hospedaje y alimentos en el ex hotel Bellavista que la máxima casa de estudios de nuestra entidad adquirió en 50 millones de pesos, hace dos años, y que a fines del anterior por un acuerdo humanitario del Consejo Universitario fue autorizada una inversión de catorce millones para su restauración y equipamiento. Sin embargo, esto no lo saben los morelenses “sin papeles” que viven en EUA, así que el área de difusión de la UAEM debe dárselos a conocer usando las redes sociales o yendo el rector Alejandro Vera a una o varias ciudades estadounidenses para informárselos. “Trump es una ruptura, es un hombre que viene a destruir y va a destruir a los Estados Unidos”, dijo el también gobernador de Morelos que, irónico, agradeció a Trump el hecho de que haya unido a los mexicanos en el sólo objetivo de defender los derechos humanos de cada individuo… CON TODO el poder de las policías preventivas y de vialidad de Morelos, y no hace mucho el control del penal de Atlacholohaya y de las cárceles distritales,  el  comisionado estatal de Seguridad Pública, Alberto Capella Ibarra, no ha encontrado o querido manejarse en una actitud de equilibrio frente a los presidentes municipales, de ni tanto que queme al santo ni menos que no lo alumbre. Y como el poder mal entendido suele ser una enfermedad contagiosa, las conductas de elementos cercanos a su mando lo han puesto en la encrucijada de apoyarlos o destituirlos cuando son acusados de cometer abusos. Son los casos recientes del encargado de la policía de Tránsito de Cuernavaca, Orlando Julián Guerrero Barona, cuyo cese ordenó el alcalde Cuauhtémoc Blanco por presuntos actos de corrupción, y del secretario de Seguridad Pública de Yautepec, Eduardo Ocampo González, a quien el presidente municipal de esa localidad, Agustín Alonso Gutiérrez, acusó de cometer el delito de abuso de autoridad, la semana pasada cuando agentes a su mando detuvieron al director de Proximidad Social, Julio César Núñez Hipólito, y al jefe de turno de la misma dependencia del Ayuntamiento de Yautepec, Fernando Bolaños Rosas. Respaldado por un grupo de ayudantes municipales, la indignación de Alonso lo orilló a anunciar en redes sociales que bloquearía la carretera Cuernavaca-Cuautla si Ocampo no era destituido y liberados de inmediato Núñez y Bolaños, lo cual cumplió un contingente de yautepequenses de manera intermitente. Horas más tarde, el diferendo obligó a una reunión del joven edil y el secretario estatal de gobierno, Matías Quiroz Medina; los dos colaboradores de aquél fueron puestos en libertad, pero Ocampo continuó en el puesto al igual que Barrera en Cuernavaca. Soberbio, impositivo, altanero, actoral, convertido Capella en un “Trumpito” ha unido en su contra la animadversión de los presidentes municipales. Admiten: por decreto el Gobierno del Estado tiene el mando de las policías en todos los municipios, pero eso no es obstáculo para que “los compañeros alcaldes” que se atrevan a hacerlo formen un bloque y exijan la renuncia de Capella. Habría que verlo para creerlo… ME LEEN MAÑANA.

Por: José Manuel Pérez Durán / [email protected]