Andando los años, la cabecera municipal de Jojutla tendrá la referencia de antes y después del terremoto del 19 de septiembre de 2017. A Graco Ramírez le tocó. Jojutla será otra, reconstruidas docenas de viviendas, espacios públicos como la Plaza de la Soberana Convención, el Zócalo, la Alameda, el puente de Los Suspiros, la capilla de Santa Cruz, la escuela primaria Emiliano Zapata, el Auditorio Juan Antonio Tlaxcoapan y otras edificaciones que derrumbó el sismo más poderoso en la historia moderna de Morelos, directo, letal, por cercano el epicentro de Axochiapan. Anunciado el martes pasado por el gobernador Ramírez, las siguientes generaciones recordarán al ahora llamado Plan Jojutla como el conjunto de proyectos que cambió la imagen del corazón de la zona cañera de Morelos. Serán construidas nuevas calles, pero no en una operación de maquillaje superficial como suele ocurrir, sino por arriba y por abajo: el piso, drenajes y redes de agua potable, obras que no se ven pero son indispensables. El dato viene a cuento: en Cuernavaca, la “obra cumbre” del alcalde panista 1997-2000 Sergio Estrada Cajigal fue la rehabilitación de varias calles del primer cuadro, repavimentadas pero dejadas como estaban las tuberías del drenaje y agua potable que para entonces ya tenían cincuenta o más años de antigüedad… lo cual no evitó que mucha gente se fuera con el engaño y después lo votara para gobernador. Pero esa es otra historia; la de hoy apenas se está escribiendo. Ítem: los cambios por el temblor de septiembre anterior serán en varios sentidos y específicamente en el tema de la construcción de edificaciones. Presentada por Graco Ramírez al Congreso Estatal con carácter de preferente, la iniciativa de Ley de Construcción contempla reformas a la leyes Orgánica Municipal, de Ordenamiento Territorial y Desarrollo Urbano Sustentable, de Vivienda y de Obra Pública y, obvio, de servicios relacionados con la construcción; establece los requisitos que deberán cumplir las nuevas construcciones para evitar ser impactadas por la naturaleza. Dicho en buen romance, una ley antisísmica pero con las complicaciones de la autoconstrucción de viviendas que en Morelos y en México entero es histórica. Por cultura o necesidad, el morelense que se hace de un terreno se va por la libre para hacer su casa. Si tiene con qué, paga a un arquitecto para que le haga un proyecto y a un maestro albañil “que sepa leer planos”; si no, levanta la vivienda con la asesoría del “maistro” de obras, poco a poco, según ingresa dinero para el material, “la raya” de los alarifes y la “mordida” a los inspectores del Ayuntamiento. Cuando la termina, ha venido pagando el impuesto predial y su propiedad está regularizada, legal, trátese de un predio ejidal o comunal o de propiedad privada. Creadas en 1958 y en los inicios de 1970, así fueron construidas las casas de las colonias más grandes y pobladas de Morelos, la Antonio Barona en Cuernavaca y la Rubén Jaramillo o Villas de las Flores en Temixco; pero también La Joya, Otilio Montaño, Independencia, Flores Magón, Satélite y muchas más que nacieron por medio de invasiones o ventas irregulares de lotes de régimen ejidal o comunal a todo lo ancho y lo largo de Morelos. Todo ello soslayando la fuerza de la naturaleza. A propósito de los terremotos, escribí alguna vez que el planeta sigue sacudiéndose, y siempre le pega con más fuerza a los débiles, devastado en enero de 2010 el Haití pobrísimo de las casas de cartón que hasta esta fecha no ha podido reponerse, y el miércoles 16 de septiembre de 2015 zarandeado Chile por un sismo de 8.4 grados, muy poderoso pero afortunadamente sin causar grandes daños en la nación andina porque, frecuentes allá los sacudimientos de la tierra, aprendieron a construir casas y edificios antisísmicos. En Santiago al Palacio de la Moneda los sismos no le hacen nada, y el 11 de septiembre de 1973 aguantó las bombas de los aviones del sátrapa Augusto Pinochet contra el socialista Salvador Allende. En diciembre de 2010, cuando de paso a Buenos Aires el columnista hizo escala en Santiago, el aeropuerto internacional Comodoro Arturo Merino Benítez estaba siendo reparado. Hacía solamente ocho meses que había soportado un temblor de 8.8 grados. Los daños se apreciaban menores, los miré incrédulo y el santiagueño que me vio observándolos alardeó: “nosotros hacemos construcciones contra sismos”. Y yo pensé: si en Chile pueden, por qué en México no… ME LEEN DESPUES.

Por: José Manuel Pérez Durán

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