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Del sismo de septiembre de 1985 y el del mismo mes pero de 2017, la lección fue la solidaridad de la sociedad civil ante la desgracia. Sobre todo los jóvenes, en ambas ocasiones reaccionaron rápidamente; se organizaron o no, pero todos ayudaron, impelidos por un sentimiento de humanismo como pocas veces se manifiesta. Sin embargo, no todo es compasión y bondad. Criminales es lo que son, desalmados insensibles ante el dolor ajeno, ingratos que se aprovechan de la desgracia humana; cualquier peyorativo les queda corto. Dos notas ilustran la aseveración: por un lado, el director de Educación Financiera de la Comisión Nacional para la Protección y Defensa de los Usuarios de Servicios Financieros (Condusef), Carlos Flores Hernández, asegura que hay documentados al menos dos casos de presuntos defraudadores que a cambio de una “comisión” ofrecieron a damnificados por el sismo del pasado 19 de septiembre ingresarlos directamente al padrón de víctimas que recibirán recursos del Fideicomiso Fondo de Desastres Naturales. Y por otro, sujetos que se dicen miembros del Colegio de Arquitectos se presentaron en el conjunto residencial La Misión, ubicado en el municipio de Emiliano Zapata, para intentar sorprender a los colonos ofreciéndoles peritajes y proyectos de construcción a 29 mil pesos por cada edificio. Dañadas las estructuras de doce y alertados por Protección Civil, debieron dejar los departamentos que les fueron vendidos como “de lujo”. Por fortuna, son más los buenos que los malos, un ejemplo entre tantos, el del diputado federal Matías Nazario Morales de quien por terceras personas se sabe gestionó 25 toneladas de víveres para damnificados de Jojutla, Cuernavaca, Axoxhiapan, Tepalcingo, Jonacatepec, Puente de Ixtla, Tetela del Volcán, Ocuituco y Yecapixtla. Pero si en los primeros días hasta pareció que sobraba la ayuda, pasadas dos semanas hay la impresión de que comienzan disminuir los camiones cargados de comida y de otras mercancías. Con una ventaja, sin embargo, la de que Morelos es un estado muy bien comunicado para hacer llegar los auxilios. Carreteras tenemos de norte a sur y de poniente a oriente, gratis y de cuota, directas o tomando atajos. De Yautepec a la zona cañera de Jojutla pasando por Ticumán hasta llegar a Tlaltizapán, Tlaquiltenango, Jojutla y Zacatepec; de Chiverías hacia Puente de Ixtla para conectar con la libre a Acapulco y la Autopista del Sol; de Tepoztlán se sale a Cuautla y de ahí a los municipios próximos al Popo, colindantes con Puebla y el estado de México. La Siglo XXI enlaza Puebla y el oriente de Morelos, por cierto, lentas las obras de continuación que la conectará con la Del Sol y entonces sí, después de veinte años de que fue anunciado el proyectado, cerrar la pinza del Golfo al Pacífico. En cualquier punto del territorio morelense que esté, el automovilista encuentra opciones para enfilar al sitio que desee o necesite. Para los cuernavacences que poco salen al interior del estado no es lo mismo escuchar sobre vías ampliadas que transitarlas personalmente. No es exageración decir que a docenas de miles de personas les cambiaron la vida los ensanchamientos a cuatro carriles de los tramos Acatlipa-Alpuyeca, en la carretera federal a Acapulco, y Cuautla-Amayuca, de la libre Cuautla-Izúcar. Pero otra es la movilidad en la autopista La Pera-Cuautla, entorpecida desde hace cuatro años la ampliación del trecho de Tepoztlán, necesaria pero antiecológica, aplaudida por muchos y rechazada por otros la bandera del movimiento tepozteco que infortunadamente no evitó la depredación de miles de árboles. Siendo gravísimos los daños a nivel planeta, si en este caso la encrucijada consiste en dar seguridad a los usuarios o atentar contra la naturaleza, fue y sigue siendo subestimada la opción, acaso “fantasiosa”, de un segundo piso. Los expertos sabrán si ello es posible, pero según ve la gente común sí se puede. En el Distrito Federal llevan años tendiendo pisos elevados en vialidades congestionadas, y hace pocos meses terminaron de levantan el segundo nivel que entronca con las casetas de la autopista a Cuernavaca. El segundo piso en la autopista La Pera-Cuautla parecería cosa de locos, ¿pero no acaso decían que Andrés Manuel López Obrador estaba chiflado por añadirle otro al periférico? Y conste: no descubrió el agua tibia; hacía un titipuchal de tiempo que plataformas elevadas en carreteras y distribuidores viales había en muchas ciudades del mundo que, como Cuernavaca, ya no es posible que continúen creciendo horizontalmente… ME LEEN MAÑANA.

 

Por José Manuel Pérez Durán

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