El tema de Cuauhtémoc Blanco ya aburre. Sigue siendo noticia, pero empieza a fastidiar. Primero solicitada por regidores la revocación del mandato del alcalde chilango y en automático aprobada por la mayoría de los diputados del Congreso Estatal, su destitución no ha causado ejecutoria. Protegido provisionalmente por una controversia constitucional, el proceso continuará hasta el fallo definitivo de la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN). Y luego objeto de la petición de juicio político por parte del constitucionalista Raúl Carrancá y Rivas, buscando que sea destituido, el ex futbolista profesional de Tepito se ha venido defendiendo cual gato panza ’rriba, muy a su proverbial estilo, diciendo que sus antagonistas “están chingue y chingue” y no dejarán de hacerlo. Sin embargo, en ningún momento ha ido al fondo de la cuestión, sincerándose, admitiendo que no tenía derecho a ser presidente municipal de Cuernavaca, reconociendo que falseó su residencia en nuestra ciudad, recordando que los partidos de los demás candidatos “se apendejaron” pues no lo impugnaron. Y lo que son las cosas: por estas fechas de hace justo año ya se veía venir mucho de lo que hoy día está sucediendo en la política tlahuica. El columnista no necesitó tener facultades de “pitoniso” para pronosticarlo, seco, directo, en estos términos:  El año que nos embiste (2016) lo hará literalmente, arremeterá políticamente hablando. Apenas asumiendo el uno de enero, los presidentes municipales comprobarán que no es lo mismo ver los toros desde la barrera que lidiarlos en el ruedo. Si un peso les dejaron sus antecesores, será porque éstos no lo vieron. Cajeadas las tesorerías, colapsadas las finanzas de uno de cada diez de los treinta y tres municipios morelenses, pasarán aceite para pagar la segunda parte del aguinaldo a los trabajadores de ayuntamientos, seguirán las tomas de palacios municipales del interior, las protestas se replicarán en Cuernavaca mediante bloqueos al tránsito vehicular, y apenas se estrenen en el cargo los alcaldes suplicarán al gobernador Graco Ramírez que les adelante una piscacha de las participaciones federales. Al igual que los que están a punto de irse a jondear changos de la cola, los ediles entrantes estarán agobiados por laudos laborales equivalentes a unos quinientos millones de pesos (más de seiscientos ahora), se les dará vista de nuevas demandas de trabajadores de confianza despedidos por los munícipes salientes y ellos mismos generarán demandas de los que corran para darles chamba a sus amigos, amigas, parientes y recomendados. Cuernavaca no será la excepción. La carta que Cuauhtémoc Blanco le escribió al presidente Enrique Peña Nieto y que éste no le ha contestado, asegurando que un grupo de casi ex regidores maniobra para restarle facultades, es sólo una señal de la “camita” que le están tendiendo Marco Antonio Valdín Pasaflores, Gisela Cárdenas Hernández, Valdemar Castañeda Trujillo, Dulce Arias Ataide, Romualdo Salgado Valle, etc. Éstos y el bloque de los nueve regidores electos opuestos al “Cuau” (algunos cambiarían de opinión), dos del PRD (Rafael Domínguez Galindo y Teresa Pardilla Orduño), una de Encuentro Social (Grethel Nancy Streber Ramírez), uno de Movimiento Ciudadano (Jorge Miguel Dada Guerrero), dos del Partido Verde (Laura Erika Herman Murquiz y Juan Miguel Serrano Gastelum), una del PRI (Karla Jaramillo Sánchez) y dos del PSD, el partido que postuló a Cuauhtémoc (Amelia Fernández Aguilar y Eugenia del Carmen Guadarrama). Y además, los diputados que le están preparando una sorpresa para el mismo día que tome posesión (lo que como luego se comprobaría pospusieron) relacionada con el letrismo de la jura de la Constitución y hacerla respetar él mismo. Ya lo verán. Pero en el centro del borlote, el hecho de que “haiga sido como haiga sido” Cuauhtémoc es el alcalde que eligió la mayoría de votantes, que a la llamada clase política le fue servida una copa y ahora la bebe o a derrama. Simple pero no suficiente… Mostrado más o menos así en la bola de cristal del atrilero a mediados de diciembre de 2015 el futuro de Cuauhtémoc, hoy día, pasado justo un año, es la SCJN quien tiene dos sopas solamente: o ratifica a Cuauhtémoc como titular de la alcaldía de Cuernavaca, aduciendo tecnicismos de la supremacía constitucional, o le hace justicia a los cuernavacences, negándole el amparo definitivo, destituyéndolo del cargo porque ni nativo ni residente de Cuernavaca ha sido. Y tan, tan… ME LEEN EL DOMINGO.

Por: José Manuel Pérez Durán / [email protected]

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