Con perdón por la expresión, ruteros y taxistas son un desmadre. No sólo lo dice el columnista, lo dicen los usuarios. Hay excepciones, pero la mayoría manejan como locos. Llevan años apoderados de calles y avenidas. Entorpecen el tránsito de automovilistas particulares y peatones. Resultan una pesadilla en las horas pico, de entradas y salidas a escuelas y trabajos. Los taxistas paran donde quieren, dejan y levantan pasaje a medio carril, no sólo en las esquinas como deben hacer. Los ruteros son de lo peor. Juegan “carreritas” entre ellos, llevan sus radios a volúmenes insoportables y, apenas ponen un pie en el estribo la señora o el señor de edad avanzada para bajar, reemprenden la marcha. A las personas de la tercera edad no les respetan el descuento en el precio del pasaje, lo hacen a regañadientes o discuten. Son mal educados de palabra y hechos, inexistentes los cursos de urbanismo y capacitación profesional que presumen la autoridad y los llamados “líderes del transporte”. Cualquier sujeto puede tener licencia de chofer para ser taxista o rutero, le basta pagar una “mordida” para sacarla, no necesita conocer la ciudad ni saberse el reglamento de tránsito. Pero razones les sobran. Sirven a docenas de miles de usuarios, están mal pagados, trabajan jornadas de doce horas y más, sus patrones, los concesionarios, no les dan prestaciones sociales: seguro social, vacaciones, día semanal de descanso, reparto de utilidades. Además están expuestos a los asaltos, principalmente los ruteros, reincidentes las parejas de bandidos jóvenes y a veces drogados que tiro por viaje pasan a la báscula al conductor y al pasaje para quitarles dinero, celulares, relojes y escapar como Juan por su casa porque la policía siempre llega tarde. Con todo esto, la discusión por la entrada a Cuernavaca de los taxis Uber se reduce a la calidad del servicio, así que lo demás son ganas de perder el tiempo. El secretario de Movilidad y Transporte, Jorge Messeguer Guillén, pidió a los directivos de la empresa Uber acercarse de inmediato a la autoridad (o sea, entrevistarse con él) pero no lo pelan; no necesitan concesiones oficiales, tienen amparos federales y así seguirán. Otro: diputado perredista y presidente de la Comisión de Transporte, Ricardo Calvo Huerta subió a tribuna del Congreso Estatal para advertir: “No podemos permitir que empresas como Uber brinde ese servicio en la localidad”. Transportista él mismo, defiende a su gremio pero inútilmente: invoca el artículo 11 de la Ley de Transporte que “establece las modalidades oficiales del servicio”, pero como legislador sabe (o debe saber) que el derecho al ejercicio de toda actividad lícita y honesta es tutelado por la Constitución de los Estados Unidos  Mexicanos, que ésta manda sobre todas las leyes y que es por la protección de las garantías constitucionales que los jueces federales otorgan amparos. Naturalmente, los “líderes” del transporte también lloran. De la autodenominada Coalición de Representantes del Transporte Público del Estado de Morelos, Enrique Rodríguez Zagal y Víctor Mata Alarcón convocaron a rueda de prensa para gritar que es “irregular” el servicio que prestan los Uber pero Messeguer no los combate, que éste no ha anunciado acción legal alguna para sacarlos de Morelos, que de hecho anteayer el propio ex candidato perredista a la alcaldía citadina se pronunció a favor de un servicio de mejor calidad. Simple: básicamente debido a que la autoridad local no puede ni podrá batear a los Uber, y por otra parte, porque al señor Mata le está pasando igual que al burro hablando de orejas, irregulares como fueron los taxistas “pirata” que lideró cuando por años circularon amparados y a la postre fueron legalizados, dándoles concesiones. Presidente de la Alianza de Transportistas, el protagonismo de  Enrique Ramos Zepeda lo impulsó a echar su cuarto de espadas para salir con que, una vez instalado el Consejo Consultivo del Transporte Público, serán “analizados” los paraderos de rutas desde Acatlipa al campus Chamilpa de la Universidad Autónoma del Estado de Morelos pues, ¡vaya novedad!, representan 52 nudos conflictivos para la ciudad. Pero entre tanto dime y direte lo que no dicen es que los Uber sólo serán usados por las personas que puedan pagarlos, que para ello no todos los usuarios tienen dinero suficiente, que como en otras ciudades esta nueva manera de trasportación de personas persistirá y mientras tanto a los permisionarios de taxis y rutas no les queda más que ponerse relajados y cooperadores. ¿Miento?... ME LEEN EL DOMINGO.

Por: José Manuel Pérez Durán / [email protected]

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