Festival Internacional de la Primavera, del 16 de este mes al 1 de abril, en lugar de la Feria de Cuernavaca que canceló el Ayuntamiento. Pero de que fiesta habrá para residentes y turistas, habrá seguramente. Condiciones para realizarla hay, de seguridad, pues por decir algo Cuernavaca no es ni con mucho Acapulco; también de infraestructura, la que tiene nuestra ciudad en suficiencia y calidad… y de ánimo festivo, esperados por la población los días de asueto de la Semana Mayor para el descanso y la diversión.  Anunciado este lunes por el gobernador Graco Ramírez, la secretaria de Turismo, Mónica Reyes Fuchs, y el Consejo Coordinador Empresarial, será el tercer año que este evento se lleve a cabo de manera consecutiva y, además, gratuita. Sustituirá a la Feria de la Primavera, que data de la década de los sesenta con el nombre inicial Feria de la Flor pero en esta ocasión fue cancelada por el alcalde Cuauhtémoc Blanco Bravo. Y no es el juego de “venciditas”, de haber quién puede más, sino expresión de voluntad de la mayoría: por un lado, la pretensión política y personal de Blanco por ser gobernador, y del otro, el derecho al esparcimiento por parte de la población. Algo de una simpleza tan elemental que sólo pueden confundir las mentalidades obtusas… SI en México imperara la justicia y el presidente Enrique Peña Nieto tuviera una pizca de los genes de Benito Juárez, ahora mismo Rosario Robles Berlanga ya estuviera destituida de la titularidad de la Secretaría de Desarrollo Agrario, Territorial y Urbano, y desde luego sujeta a investigación por el quebranto de 3 mil 855 millones de pesos que fueron desviados del Programa de Infraestructura al pago de convenios con universidades estatales (entre ellas la de Morelos), programas sectoriales y cuentas bancarias. Pero en lugar eso, Robles ayer era esperada en Morelos, donde miles de damnificados del terremoto de septiembre perdieron sus casas y esta es la hora en que siguen esperando los apoyos escamoteados por la misma ex jefa de gobierno de la CCMX. Fea cosa… ESAS ruinas que ves. Estaba atrás de la fortaleza del conquistador y le llamaban Base Cortés. El portón miraba de frente a la terraza de los murales de Diego Rivera, abajo de la cual funcionaba la terminal de la Estrella Roja, estacionados en batería los camiones trompudos con puertas adelante y atrás. Era en realidad un corralón para vehículos y cachivaches de la Dirección de Policía y Tránsito (DPT) que encabezaba el coronel Enrique Corona Morales, con oficinas en los bajos de la espalda del Palacio de Gobierno. Nada que ver con el ahora, mudada la DPT a fines de los setenta a lo que fuera el Hotel Mandel, demolidos dos o tres años más tarde la barda y los cuartuchos de la Base Cortés durante el gobierno de Lauro Ortega para la construcción del Palacio de Justicia; derruido en la misma época el galerón de la discoteca Kaova que albergaría el edificio de juzgados, al cabo también arrasadas la Posada Cortés y en la esquina de Las Casas y Leyva la cantina Boulevard. El Mandel se remontaba a los cuarenta o cincuenta del siglo pasado, construido por un estadounidense de igual apellido. Otros hoteles de aquellos tiempos fueron el Chulavista, el Bellavista, el Marik y el Casino de la Selva, asimismo ya inexistentes. Treinta años después hicieron crisis los problemas financieros de míster Mandel, debía hasta la camisa, el hotel le fue embargado y en 1979 adquirido para el Gobierno Estatal por el gobernador Armando León Bejarano. En abril de 2014, ¡sorpresa!, el personal de la Fiscalía General del Estado (FGE), la Secretaría de Movilidad y Transporte (SMT) y el Cuerpo de Bomberos fueron avisados de que debían irse con sus tiliches a otro lado. Unas mil personas de las tres dependencias que a ciencia cierta no sabían a dónde deberían mudarse, pues nada les decían los funcionarios que se supone sabían. Así que en la Base Zapata privó el desconcierto acompañado del rumor. Que los trabajadores de la FGE podían ser reubicados en un edificio de Atlacholoaya o en Las Palmas, donde estaba el Infonavit, mientras los de la SMY serían retachados al corralón de Chapultepec. Y todo esto por causa de la sentencia de un juicio mercantil que cambió de dueño el predio del Mandel. Ruinosas, las que fueron habitaciones y oficinas administrativas amenazan desplomarse. Visibles las cuarteaduras en el lado que da a la barranca, desde cuándo debió ser demolido… (Me leen después)…

Por: José Manuel Pérez Durán / [email protected]

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