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En Cuernavaca cuando no es Chana, es Juana; pero de cualquier manera a los cuernavacences nos suele ir muy mal, tanto que es válido decir: de la chingada. Desde meses atrás, los trabajos del pomposamente llamado Paso Exprés, al que no por nada el vulgo pronto bautizó como Paso de la Muerte, causaron accidentes fatales y daños materiales. Desde su inicio, la impericia de conductores, la estrechez de los carriles, y los obstáculos de los mismos trabajos colmaron de muertos y heridos la nota roja. De hecho, las desgracias continúan sucediendo, aunque por fortuna en menor número. La demolición del puente de Chamilpa acentuó los problemas de vialidad por semanas, obligados los automovilistas a dar rodeos largos, perdiendo tiempo y dinero. Y desde el sábado anterior, sucede lo mismo pero en mayor escala por el derribo del puente de Palmira. Anunciada varias veces y otras tantas aplazada su destrucción, en la víspera de que por fin fuera empezado a echar abajo el director de la Policía Vial de Cuernavaca aseguró que implementaría un operativo “con algunos cientos de agentes”, para aminorar el desgarriate vehicular que se avecinaba. Sin embargo, una vez cerrada el tránsito de automotores la avenida Palmira, el hecho es que el dicho operativo no se ve. El caos abarca la calle Estado de Puebla, atestada de baches y estacionados en ambas aceras los coches y camiones del vecindario; el Polvorín hasta la glorieta de Las Palmas, las avenidas Ruiz Cortines y Díaz Ordaz así como Rufino Tamayo, en Acapantzingo; Humboldt, Leyva, Juárez y Morelos en el primer cuadro. Para acabarla de amolar, en las esquinas de Las Casas y Leyva e igual en Las Casas y Humboldt los semáforos llevan semanas descompuestos, porque ya están muy viejos, lo cual es cierto, y debido a que el Ayuntamiento no tiene dinero para repararlos pues, estando a cargo el mando único de la Policía Vial, ya no recauda ingresos por las infracciones a automovilistas. Lo nunca visto y jamás padecido por los cuernavacences y los turistas, sin que autoridad alguna haga algo por al menos aminorar las molestias y perjuicios económicos a miles y miles de personas. El alcalde Cuauhtémoc Blanco anda demasiado ocupado capoteando los golpes políticos de los que se dice víctima, de modo que ni para repetir su discurso de que por ser gente del pueblo al lado del pueblo está, se ha atrevido a pedirle que acelere las labores del paso mortal al director general de la Secretaría de Comunicaciones y Transportes (SCT), Gerardo Ruiz Esparza, y al delegado en Morelos de la misma dependencia, José Luis Alarcón Ezeta. Comunidad la de Cuernavaca en estado de indefensión, las quejas son como orar en el desierto; nadie las escucha. Una de dos: o los agentes del operativo vial son insuficientes o a su jefe lo ocupa más la “mordida” que la obligación. El presidente de Rutas Unidas, Aurelio Carmona Sandoval, calcula pérdidas de 500 pesos diarios en cada microbús de las rutas 14, 1, 20, 3, 11 y 12 por los embotellamientos que genera la demolición del Puente Palmira. Para no ir más lejos, taxistas entrevistados para nuestra edición de ayer también reportaron pérdidas de tiempo y dinero por la lentitud del tráfico, pues hacen menos “dejadas” por el mismo costo que en situaciones normales pero gastan más gasolina. Y ya sea porque la empresa concesionaria de la SCT para el tramo del Puente Palmira está haciendo las cosas a la trompa talega o por incapacidad profesional, el pasado fin de semana rompió una línea primaria de agua potable; provocó la suspensión de equipos de bombeo y dejó sin el líquido vital a la zona de Guacamayas, Palmira, Estado de Puebla y la Unidad de los Electricistas. El director del Sistema de Agua Potable y Alcantarillado de Cuernavaca (SAPAC), José Pérez Torres, afirmó que le entregó planos a la empresa encargada del Paso Exprés, pero aun así rompieron la tubería, y que como el SAPAC tuvo que gastar 580 mil pesos solucionar el problema, presentó una denuncia en la Fiscalía General del Estado. Con perdón de la expresión: yendo más lentos que pedo de tartamudo los trabajos de la ampliación de carriles, que por flacos seguirán aliados con la Parca, quizá un bateador emergente de peso político pesado pueda obligar a la SCT a que apure la terminación. Digamos, alguien como el presidente de la Mesa Directiva de la Cámara Federal de Diputados, Javier Bolaños Aguilar, o el también legislador federal Matías Nazario Morales quien también batea en las ligas de la política nacional… ME LEEN MAÑANA.

Por: José Manuel Pérez Durán / [email protected]