Hay en el proceso electoral en curso cosas que están ocurriendo por primera vez, extrañamente quizá poca gente de la sociedad civil las ha medio notado, les pasa desapercibido del todo o simplemente no les importa. Algunas de esas “primeras veces” son: la reelección de presidentes municipales y diputados locales, candidatos independientes a estas dos posiciones, específicamente uno al cargo de gobernador y un total de 35 según el Instituto Morelense de Procesos Electorales y Participación Ciudadana; un candidato a  la primera magistratura, Rodrigo Gayosso Cepeda (PRD-PSD), hijo de crianza del actual gobernador, y otro al mismo cargo que no nació en Morelos ni radicó aquí sino hasta en 2015 cuando asumió la alcaldía de Cuernavaca, el ex futbolista profesional Cuauhtémoc Blanco Bravo. El tema de gobernadores no nativos de esta entidad no es nuevo, la historia está plagada de ellos, pero cuando era uno de los requisitos previstos en la Constitución local que debían haber nacido aquí muchos lo burlaron haciéndose de actas extemporáneas falseadas de nacimiento de cualquier municipio del interior, no así de la capital gracias a que durante la revolución zapatista Ricardo Linares salvó de la quemazón los archivos del Registro Civil de Cuernavaca. Históricamente menos los gobernadores morelenses por nacimiento que los morelenses por adopción, dos foráneos, sin embargo, son considerados los mejores, Emilio Riva Palacio Morales y Lauro Ortega Martínez, aquél aparentemente nativo del estado de México (al cual perteneció Morelos hasta 1869) y éste al parecer de la entonces Ciudad de México. Y que vieron la luz primera en Cuernavaca o al menos aquí fueron registrados sus nacimientos, Vicente Estrada Cajigal, en el inicio de la década de los treinta, en 2000-2006 su nieto Sergio Alberto Estrada Cajigal Ramírez, hasta la fecha y junto con Marco Antonio Adame los dos únicos gobernador panistas, y Jorge García Rubí, este último gobernador provisional por sólo cuatro meses que a su vez relevó al gobernador sustituto Jorge Morales Barud, nativo de Puente de Ixtla, quien fue sustituido en el mismo sexenio 1994-200 por Jorge Carillo Olea que nació en Jojutla. Dicho sea de paso: hasta hace unas pocas semanas Sergio Estrada lucía “amarrado” como candidato del Partido Encuentro Social (PES) a la presidencia municipal de Cuernavaca que ya desempeñó en 1997-2000. Incluso fue “destapado” como tal en un restaurante de comida oaxaqueña ubicado en la avenida Domingo Diez, pero no obstante que la en esos días segura candidatura de Estrada generó comentarios positivos en medios sociales y políticos de Cuernavaca, sin un motivo que haya trascendido no pasó de ahí. Citadas, pues, unas de las diferencias entre las anteriores y las elecciones de julio próximo, un cambio de fondo sería la segunda vuelta. ¿Cuándo? ¿En 2024 o después? En muchos países hay la segunda vuelta electoral. De América: Argentina, Colombia, Costa Rica, Ecuador, Bolivia, El Salvador, etc., etc., y en el otro lado del mundo: Egipto, Francia, Rusia, Turquía, Marruecos, Argelia, Georgia, Macedonia, Madagascar, Senegal, Siria, Irán Bielorrusia, Costa de Marfil, Kazajistán. Macedonia, Liberia, Gabón y más. Con algunas variantes y de acuerdo a características diferentes, es una regla que en términos generales se aplica cuando los candidatos a cargos públicos ganan la elección con menos del cincuenta por ciento de los votos emitidos. Legitima a los legisladores y da gobernabilidad a los presidentes que superan la segunda vuelta, también llamada balotaje. Pero este avance de la democracia, que en innumerables naciones es más viejo que la costumbre de dormir acostado, no existe en México. Por ejemplo: si en nuestro sistema electoral hubiera esta segunda ronda de elecciones, habría sido imposible que en 2006 Felipe Calderón se robara la Presidencia de la República con la diferencia, claramente inventada, del 0.58% de los votos ante el triunfo de Andrés Manuel López Obrador. Viejo, anquilosado, caduco, quizá para poder seguir haciendo trampa es por lo que el sistema político mexicano se resiste a adoptar la segunda vuelta… DÍAS estos que corren, adelantado el verano en el solar morelense por las temperaturas superiores a los treinta grados que pronostican una Semana Santa de alberqueadas que disfrutarán miles de turistas y lugareños, el Festival Internacional de Primavera 2018 ya trajo la fiesta a la Plaza de Armas de Cuernavaca. Grupos musicales que suenan bien, luz, algarabía, gritos, risas y todo gratis. Tan bien que el atrilero no ha escuchado comentarios que, cancelada torpemente por el Ayuntamiento, extrañen la Feria de Cuernavaca… (Me leen después).

Por: José Manuel Pérez Durán

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