Reconstruida la cuesta de Gutenberg e inaugurada este lunes por el gobernador Graco Ramírez, para cerrar la pinza y que Cuernavaca tenga un centro histórico remodelado, limitado al norte en El Calvario y al sur en la glorieta de Las Palmas, sólo faltaría cambiar pisos y redes de drenajes y agua potable en el boulevard Juárez, No Reelección y en algunos tramos de Matamoros y Galeana. Ah, y otra lana. También, enmarcado en el mismo polígono el corredor turístico-cultural que forman el Jardín Borda y el nuevo Museo Juan Soriano para la continuidad del propósito que eleva  la calidad de vida de la gente de Cuernavaca. Lo cual, porque no siempre sucede por sí mismo sería motivo de algarabía desatada en cualesquier ciudad pero quién sabe por qué no en la nuestra. Quizá, y este sería otro apunte en la crónica necia, debido a que en estos días el bochorno de los termómetros ronda los 36 grados y eso nos quita el entusiasmo, pese a que las noches en terrazas y jardines siguen refrescadas por los vientos que bajan del Chichinautzin y nos envuelve el efecto radiador en las barrancas. Chi lo sá. Lo que sí, que históricamente el seguimiento de la transformación del corazón social y político de la capital de Morelos viene de mucho tiempo atrás, contada la historia aquí varias veces de casi siete décadas atrás cuando Luis Flores Sobral fue el presidente municipal durante cuya gestión fue modificado el entones llamado Jardín Morelos, en 1950, retiradas las bancas metálicas (algunas subsisten en el Jardín Juárez) y en su lugar empotrado un círculo de asientos de cemento. Con el transcurso de los años, la plaza sufrió otras modificaciones hasta quedar como el Jardín de los Héroes, representados en un laberinto de piedra y acero Morelos, Benito Juárez, Miguel Hidalgo, Jaime Nunó y Francisco Bocanegra. Mucho antes, el predio vio de frente al Mercado Colón que desapareció el 15 de septiembre de 1910, al cumplirse el centenario del inicio de la guerra de Independencia de México y ser puesto en servicio el Mercado Municipal (o Del Reloj). A mediados de los sesenta, las estatuas fueron retiradas y enviadas a cabeceras municipales y colonias de la capital, naciendo la Plaza Cívica a la que aún se podía darle vueltas en coche. Pero a fines de los setenta fue otra vez cambiada, esta vez por el gobernador Bejarano. En los albores de 1992, Antonio Riva Palacio efectuó la octava (¿o séptima?) remodelación de la plaza que con el nombre de Jardín Morelos fue inaugurada el 15 de septiembre, anclada en el centro la estatua del “Morelotes” que fue llevada del costado sur del Palacio de Cortés y en 2010 regresada a su sitio original. Reformado en 2011 el lado oriente, la desaparición del Puente del Mariachi amplió la perspectiva de la explanada histórica. ¿Peatonal o vehicular?  El hecho es que no ha sido fácil. Ocurrió de nueva cuenta por los trabajos de remodelación de la Plaza de Armas que la Secretaría de Obras Públicas del Gobierno del Estado inició en febrero de 2016. Para algún dirigente de comerciantes ambulantes esta obra no estaba “socializada”, afectaría, dijo, a 190 fenicios instalados en la explanada y a mil quinientos comercios formales. Sucedió, pero relativamente, además de que mil setecientas personas no son todos los cuernavacenses de entre 15 y 64 años, unos 210 mil de la población total de 365 mil según cifras del Instituto Nacional de Geografía y Estadística cuyas opiniones señalarían una verdadera coincidencia. Tampoco la del Ayuntamiento fue la voz de la ciudad, entonces pretextando la caducidad del Convenio de Colaboración y Coordinación para Conjuntar Recursos que Permitan el Desarrollo Integral del Municipio de Cuernavaca asumió una posición partidista, del PSD, que llevó a Cuauhtémoc Blanco a la alcaldía versus el PRD que estaba y está en el Gobierno Estatal. ¿Qué hizo el Ayuntamiento? ¿Clausurar los trabajos en la Plaza de Armas, advertir que ese era su territorio? Otras expresiones daban grima. Gritaban: ¡vamos a retirar “El Reloj del Milenio”!, puesto por Sergio Estrada en 2000 cuando fue Gobernador. O que las estatuas de los zapatistas sentados a los pies del caballito del general Emiliano serían removidos. Hoy, la Plaza de Armas y el Jardín Juárez ya no avergüenzan a los cuernavacenses frente al turismo; nuestro Zócalo ya no es el más cochambroso de México, puede competir con los más bonitos. Pero a  veces la gente tiende a olvidar, así que no repara en que en el centro de la capital de estado de Morelos no reinan más la desidia y la incapacidad… (Me leen después).

Por: José Manuel Pérez Durán

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