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Cuauhtémoc Blanco libra el que parece será su último juego político en la Catedral de Cuernavaca y en los medios de comunicación. Si inédito resulta que un gobernante civil se ponga en huelga de hambre en el atrio de la sede de la Diócesis de Cuernavaca, lo es también el show que ofrece el ayunante a los periódicos, la televisión, la radio y las redes sociales. Un espectáculo de política teatral, ramplona en el que la sociedad es lo de menos, coreado el protagonista por quienes sino por políticos; presentes en la pasarela de los reflectores algún ex diputado y hasta un ex gobernador para darle el apoyo y de pasadita salir en la tele y en los diarios, andando en precampañas ya, identificados plenamente como están entre los adictos al poder y al dinero que desde ahora suspiran por las candidaturas del 2018. O lo que es lo mismo: que en la política todo se vale, incluso zanjar la brecha de la separación Iglesia-Estado ya que el fin justifica los medios con tal de lograr el objetivo. Sin embargo, aunque no siempre sucede otra cosa suele ser la aplicación de la ley. Aprobado la madrugada del viernes de manera unánime por el Congreso del Estado el juicio político contra Cuauhtémoc Blanco Bravo, de acuerdo a los plazos marcados en la Ley Estatal de Responsabilidades de los Servidores Públicos a partir del sábado anterior transcurrirá más o menos un mes para que el Tribunal Superior de Justicia (TSJ) lo destituya de la alcaldía. Luego de la notificación al TSJ, la presidenta del organismo impartidor de justicia, María del Carmen Verónica Cuevas López, decretará medidas cautelares “que garanticen” la estancia de Cuauhtémoc en Cuernavaca, es decir, para que no huya, lo cual seguramente ni siquiera intentará pues para qué. Convocado el pleno dentro de las 24 horas siguientes, será designada una comisión de tres magistrados encabezada por la propia presidenta que se encargará de instruir el proceso, de emplazar al acusado, de notificar a la comisión respectiva del Congreso y al fiscal general Javier Pérez Durón. Previsto un plazo de tres días para que, en caso de haberlas, el acusado presente pruebas supervenientes que luego de ser declaradas en admisión serán recibidas y desahogadas, pasados otros tres días las partes tendrán cinco más para presentar por escrito sus conclusiones y alegatos. Una vez concluido el período para los alegatos, en un lapso de diez días hábiles la comisión de tres magistrados deberá elaborar el proyecto de resolución, para lo cual tomará en cuenta las constancias procesales a fin de turnarlo a la secretaría del TSJ, y tras ser recibido el proyecto por la secretaría, dentro de un plazo más de cinco días será constituido el jurado de sentencia que como todo indica condenará a Cuauhtémoc a la destitución del cargo de presidente municipal de Cuernavaca. Su delito electoral habrá sido falsear su residencia en Cuernavaca para ser candidato a presidente municipal, pero le quedará el recurso de recurrir a una controversia constitucional. Y su pecado que no reconocería ni en un acto de confesión ante su anfitrión, el obispo Ramón Castro y Castro, haber mentido ostentándose vecino de Cuernavaca en donde como consta a los cuernavacences nunca vivió sino hasta que asumió la alcaldía. Incluso en el supuesto de que la política se imponga a la ley porque desde lo alto de la Secretaría de Gobernación sea salvado de la remoción como titular del Ayuntamiento, para las elecciones del 18 Cuauhtémoc no completará el requisito constitucional de residir permanentemente en Morelos para poder postularse candidato a gobernador. Mientras tanto, ¿quién concluirá el trienio? No el suplente del cesado, Juan Manuel Hernández Limonchi, y sí la síndica Denisse Arizmendi Villegas, confirmado el tamal político por el presidente del Partido Social Demócrata, Eduardo Bordonave, quien aseguró que esta misma organización –la misma que en 2015 postuló al ex futbolista profesional como candidato a presidente municipal– “no reclamará el derecho de silla” para poner al suplente y “quien llegue a trabajar por el municipio, bienvenido”. Dicho en otras palabras: de nueva cuenta los hermanos Yáñez al control del Ayuntamiento, la repartición del botín de guerra, el corredero de funcionarios afines al “Cuau”, la redistribución de secretarías, direcciones y demás chambas… ¡y a Cuernavaca, abandonada años ha, que se la acabe de llevar el Diablo!.. ME LEEN MAÑANA.

Por: José Manuel Pérez Durán / [email protected]