El imaginario popular, gente sin tener qué hacer o, peor aún, la “mala leche” de algún presunto político puso a circular en días electoreros la alerta de que un asesino serial se estaba dedicando a matar mujeres en nuestra entidad. Mentira. En realidad, el rumor aprovechó la noticia del hallazgo del cadáver calcinado de una chica, el miércoles 6 de este mes en el paraje La Cañada de la comunidad de San Juan Tlacotenco del municipio de Tepoztlán. Aclarada la especie, el pasado fin de semana el fiscal general, Uriel Carmona Gándara, y el comisionado estatal de Seguridad Pública, Jesús Alberto Capella Ibarra, dieron en una rueda de prensa al alimón no solo el nombre del presunto feminicida:  Jhonny Jeffrey, también su edad, 22; confirmaron el nombre de la víctima:  Lesley Ayleen Alamilla Sosa, una estudiante de odontología de la  Universidad Latinoamericana; la marca y el modelo del automóvil que Jhonny, el ex novio de Lesley, usó para trasladar a la víctima: un Chevrolet Sonic placas NGA-8822 del estado de México; el recorrido del vehículo y otros datos “duros”, incluida la solicitud de una alerta migratoria y la expedición de  una ficha roja a la Interpol buscando la confirmación del esclarecimiento de este caso en el que todo apunta se trata de un crimen pasional, no de un feminicida serial… ERA 1964 y faltaban pocos días para que Adolfo López Mateos (ALM) dejara la Presidencia de la República. Emilio Rivapalacio Morales era el gobernador de Morelos, y Valentín López González el alcalde de Cuernavaca. Don Emilio le explicó a Valentín que debían viajar a la ciudad de México para despedirse personalmente del político mexiquense. Una vez en Palacio Nacional, éste le sugirió al en ese momento aún mandatario que donara al estado de Morelos la obra negra del edificio principal que estaba proyectada para el Heroico Colegio Militar de México, en Chamilpa. Según contaría años después Valentín al columnista, ALM accedió y al instante ordenó al edil que elaborara el acuerdo de donación, el cual mecanografió rápidamente una de las secretarias de la Presidencia que conocía de memoria la redacción de este tipo de documentos y sólo se atoró momentáneamente para preguntar cuál era la extensión, contestando el alcalde la cifra que primero se le ocurrió: un millón de metros cuadrados. El acuerdo fue publicado en la siguiente edición del Diario Oficial de la Federación. Morelos ya tenía un terreno para su Universidad... pero aún no sucedía la anécdota que ocurrió semanas después de que ALM le entregara la banda presidencial a Gustavo Díaz Ordaz. Le habló por teléfono a Valentín: quería conocer el predio que había donado, así que éste y don Emilio lo esperaron en los límites con el Distrito Federal. De regreso, debieron soportar el trayecto a Cuernavaca en el convertible que ALM acostumbraba conducir a más de ciento cuarenta kilómetros por hora, para ese tiempo una velocidad vertiginosa que pocos autos proporcionaban, tan rápida, que los dos “copilotos” llegaron a Chamilpa con las prendas masculinas atoradas en el cogote. Don Adolfo observó las columnas, la escalinata y la loza de la obra negra infestada de yerba donde pastaban unas vacas. Callado, pensativo, volteó la mirada al valle de Cuernavaca. De pronto les espetó a Valentín y a don Emilio: “¡Son ustedes un par de pendejos! ¿Por qué no me dijeron cómo estaba esto, que aquí no había nada? Les habría dado algún dinero para que empezaran la obra…”. Pasados unos días, ALM volvió a telefonear a Valentín para ordenarle: “Habla con Emilio y dile que vayan a ver a José Espinosa Iglesias. Lleven un certificado de entero. Les va a entregar un dinero para la Universidad”. Así lo hicieron. Espinosa era el dueño del Banco Nacional de Comercio y manejaba los recursos de una fundación norteamericana (¿la Street Yankins?) que donó diez millones de pesos para empezar la construcción de las instalaciones de la Universidad Autónoma de Morelos, en Chamilpa. Imposible imaginar entonces que 54 años más tarde colapsarían, hechas guiñapo por el terremoto del 19 de septiembre anterior al punto que debieron ser construidos otros edificios para las facultades de Arquitectura, Contaduría, Economía y Turismo. Checado el avance de la obra el jueves pasado por el gobernador Graco Ramírez y funcionarios de la casa de estudios, tanto el inicio de la edificación del campus Chamilpa, hace 52 años, como hoy la construcción de las nuevas sedes de las dichas facultades con recursos del Fondo de Desastres Naturales son ya sendos episodios de la historia de Morelos y su Universidad… (Me leen después). 

Por: José Manuel Pérez Durán / [email protected]

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