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La Universidad Autónoma del Estado de Morelos (UAEM) se halla en la etapa de “los nuncas”. Jamás había estado en una crisis financiera como la actual, históricamente un Rector estuvo bajo proceso penal, y nunca el buen juicio de un Rector había sido tan cuestionado como es hoy el caso de Alejandro Vera Jiménez. En la UAEM sólo hay dinero para los salarios de los trabajadores académicos y administrativos, depositados los recursos federales y estatales en una cuenta bancaria proporcionada por los sindicatos de ambos y no por la Rectoría, para que Vera ya no gaste parte del presupuesto en los pagos del crédito de 600 millones de pesos que indebidamente contrató, pues no le fue autorizado por el Congreso Estatal. No tiene recursos para saldar los recibos de la energía eléctrica, agua, teléfono, internet, Seguro Social, Hacienda y muchos gastos más, en una crisis que escala niveles inéditos y arrincona al señor Rector sin que aparentemente parezca darse cuenta de la gravedad del problema e irónicamente la salida del callejón largo, oscuro, sinuoso, que no depende de nadie más sino de él mismo. ¿Cómo? Renunciando ya, en un acto de ética y vergüenza que así le reconocería la comunidad universitaria. Y, si ese es su proyecto, dedicarse de tiempo completo a la política, pero ya sin las ventajas económicas y políticas que ofrece el cargo de Rector. Algo que en esta era de los nuncas no es fácil suceda… SE SUPONE que el Instituto de la Mujer para el Estado de Morelos intenta el apoyo de la Secretaría de Movilidad y Transportes (SMyT), para evitar el hostigamiento a mujeres en las unidades del transporte público de pasajeros. Hace semanas la directora de esta institución, María Teresa Domínguez Rivera, se pronunció en este sentido, pero sin que se sepa haya reaccionado el titular de la SMyT, David Martínez Martínez. Pura demagogias, pues. Sólo estableciendo microbues y/o combis exclusivas para mujeres terminarán las imágenes de acosos que circulan en redes sociales. Sucede hace tiempo en el Metro de la Ciudad de México, con vagones únicamente para mujeres y menores de edad, pero no aquí pues a los dueños de las rutas nada puede ordenárseles que afecte sus intereses. Así, además del acoso verbal o físico, las féminas están expuestas a los asaltos en las rutas. Hombres o mujeres, lo mismo da, muy pocos usuarios han tenido la buena suerte de no ser asaltados. Les roban teléfonos celulares, cientos pues los atracos son rutinarios a lo largo y lo ancho de Morelos. Los despojan del poco efectivo que traen, a los choferes les quitan el dinero de “la cuenta”, bajan de las unidades y huyen. Actúan a todas horas y en cualesquier lugares, impunemente. Por lo regular operan en pareja, son jóvenes, violentos y rápidos; se llevan botines de unos cuantos pesos y celulares, se reparten el producto del botín que gastan en drogas y a los dos o tres días asaltan otra ruta. Raras veces son atrapados por el mando único, pero más tardan en salir de la cárcel que en regresar a las andadas. Los pasajeros se han vuelto precavidos, antes de abordar los microbuses o combis se encomiendan a Dios, los varones ocultan billetes y teléfonos móviles en los calcetines, las féminas en los corpiños y se dejan unas monedas en las carteras y bolsos. Ya se la saben; muchos han sido víctimas de más de un asalto en un estado de indefensión en el que necesariamente deben transportarse al trabajo, la casa, las escuelas… y protegerse como puedan. Pero al ser este un fenómeno delincuencial producto del desempleo y la descomposición social que afecta a miles de personas de bajos recursos, nada o muy poco realmente efectivo hace la autoridad para combatirlo. Más aún: las rutas jamás han garantizado condiciones óptimas de seguridad y comodidad, sacadas de la calle las carcachas solamente cuando amenazan romperse y dadas las típicas manitas de gato a las que todavía aguantan, pintándolas “para despistar al usuario”. Al final y de cualquier manera, de lo que hablamos es de un problema de seguridad pública, por los asaltos a las rutas, porque el 75% de la población morelense es transportada diariamente en las 25 mil unidades que se desplazan en el territorio estatal y de éstas unas 17 mil son de modelos anteriores al 2005 que, si con Jorge Messeguer o David Martínez la SMyT ha sido incapaz de enviar a los “deshuesaderos”, a lo mejor lo podría hacerlo otro secretario que envíe Rodrigo Gayosso… ME LEEN MAÑANA. 

Por José Manuel Pérez Durán

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