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Alejandro Vera Jiménez es “Ministerio Público”. “Investigó” y concluyó que los asesinatos de los cuatro alumnos de la escuela preparatoria de Jojutla no fueron la consecuencia de una riña, sino “un  hecho que fue perpetrado por criminales que forman parte de la delincuencia organizada”. También es “juez”. “Sentenció” a la autoridad a que “castigue a los políticos y a los policías que de manera corrupta se han vinculado con la delincuencia organizada”. Actoral, el martillazo sobre el circulito de madera lo dio en rueda de prensa, y  caso resuelto al más puro estilo del reality show de Laura Bozzo. Sucedió este miércoles, pero el dirigente de la Universidad Autónoma del Estado de Morelos no fue lejos por la respuesta. Un comunicado de los padres de los cuatro estudiantes lo atajó: “No nos interesa lo político, nos interesa la justicia”. Pidieron que la Fiscalía Estatal haga su trabajo y castigue a los responsables. O lo que es lo mismo: que Alejandro Vera no saque raja política de esta desgracia. Pero, no obstante puestos en prisión preventiva tres sujetos por su presunta participación en el cuádruple homicidio e informado por el fiscal Javier Pérez Durón que son buscados dos más contra los cuales hay órdenes de aprehensión, el Rector continuará fungiendo como agente del MP y juez. Cobijado por la autonomía universitaria, para eso y para más sirve el cargo de Rector… PRESIDENTE de la llamada Federación Auténtica del Transporte, Dagoberto Rivera Jaimes ya no se muestra tan seguro de poder parar el proyecto del Morebús. Presume que algunos concesionarios promovieron amparos y obtuvieron suspensiones contra la Ley de Transporte que avala la puesta en marcha del Sistema de Transporte Masivo Integrado, pero admite que en el caso que el Morebús sea echado a rodar las rutas seguirán circulando y “la gente se dará cuenta de cuál medio les convendrá más”. Seguramente los usuarios, a los que Rivera considera masoquistas, preferirán las rutas, carcachas, inseguras, incómodas, conducidas por choferes imprudentes a los que explotan sus patrones. Así cuentan su día a día: A las diez de la mañana ya llevan tres o cuatro horas manejando y hace cinco que se levantaron. Para las dos de la tarde habrán dado otras dos vueltas. Uno particulariza: –Llega la hora de comerte el lonche que te llevó la esposa, pero si no, de nuevo con la señora del puesto que fía. Terminas de comer, cotorreas con los cuates del juego de fútbol del domingo, del patrón que es ojete o de cualquier cosa y otra vez a camellar. Para entonces ya llevas ocho horas manejando. Lo de siempre: el junior que conduce un carrazo y te mienta la madre porque no te puede rebasar, el bache que sacude el microbús y el pasaje que te reclama porque manejas a lo loco, el viejito que exige descuento pero no se lo das, el checador que aunque es tu amigo te trae jodido, el inspector de Transporte al que también hay que darle pal’ chesco, el agente de tránsito que te ve hablando por el celular y te hace la señal de que te va a infraccionar. Dan las ocho y apenas has sacado para “la cuenta” del patrón y la gasolina. Lo peor es que nomás te quedan dos horas para juntar lo tuyo. Vas haciendo cuentas cuando se para un chamaco junto a tu asiento. Lo ves rápidamente, tiene unos veinte años, está armado y a lo mejor drogado. Te pone el arma en la cabeza, te ordena que le entregues el dinero y también te quita el celular. Pero no está solo. En medio de la ruta está otro y uno más atrás, chavos los tres, dos armados de pistolas y uno con un puñal.  Gritan a los pasajeros que no los vean, que bajen la cabeza o “se los carga la chingada”. El que está en medio ordena: “¡las carteras, las bolsas  y los celulares en las piernas!”, y entre los dos comienzan a recogerlos. Todos obedecen, tienen miedo de que si les ven las caras empiecen a disparar, que el chamaco del cuchillo cebollero también esté drogado, se aloque y pique a la señora que se puso histérica. El asalto dura poco. Los asaltantes bajan llevándose dos mochilas con el dinero y los celulares. Corren, brincan el camellón y se suben a un taxi que  los está esperando. Como quedé mal estacionado, al ratito se para una patrulla del mando único que iba pasando. Los pasajeros les dicen a los policías que nos acaban de asaltar, dos muchachas que calman a la histérica les reclaman que nunca están cuando se les necesita. Pero encima de todo tú tienes que ir a levantar la denuncia. Ese día no sacaste para el gasto de la casa. Y además no tienes seguro social, vacaciones, ni nada. ¿Te animas a trabajar de rutero?.. ME LEEN EL DOMINGO.

Por: José Manuel Pérez Durán / [email protected]