El hacerse del cargo de alcalde o lo que parece ser lo mismo: sacarse la rifa del tigre. Pero, miserables nueve de cada diez ayuntamientos, ¿por qué son tan codiciados? Habría que preguntarles a los presidentes municipales que en cinco meses dejarán de serlo.  Sufrieron, se angustiaron, pasaron noches en vela, siguen padeciendo estrés, desempeñan todavía un puesto que la inseguridad tornó peligroso.  Y sin embargo extrañarán el puesto, por espíritu de servicio los menos y los más por ambición económica. Con la excepción que confirma la regla, la palabra es codicia. En su momento secretario del Trabajo, Francisco Santillán Arredondo advirtió meses atrás que el siguiente ayuntamiento de Cuernavaca heredaría unos 350 laudos por un monto de entre 15 y 20 millones de pesos. Invocó al “coco” que no asusta a nadie: que trece presidentes municipales estaban en la inminencia de ser destituidos, entre otros los de Cuernavaca, Xochitepec, Cuautla, Temoac, Tetela del Volcán, Tlaltizapán y Tlaquiltenango. Palabrería, nada pasó y nada pasará. Eso sí: la austeridad pronto llegará. Una vez en funciones de gobernador, Cuauhtémoc Blanco Bravo no tendrá tantos guaruras, uno o dos escoltas, chofer y que se conforme. Igual su sécond, José Manuel Sanz, para entonces secretario de gobierno o en otro puesto pero asistido solamente por un “guarro”, quizá chofer y, si acostumbrado está a tener más servidumbre, que la pague de su bolsillo. Por el mismo tenor los secretarios de despacho, subsecretarios (si es que subsiste este puesto), coordinadores, directores generales y directores a secas del Gobierno Estatal que asumirá en octubre, y luego los alcaldes, síndicos y funcionarios municipales de primer nivel. A querer o no, deberán adaptarse a la austeridad republicana que impondrá el régimen del presidente Andrés Manuel López Obrador. No tienen opciones. Lo toman o lo dejan. Si no les gusta la idea, que renuncien desde ahora… Al final, sensibilidad social es de lo que se trata… y a veces no ven los gobernantes. Por ejemplo esta postal de Cuernavaca: Una tarde cualquiera de media semana en el primer cuadro, por lo regular congestionadas se muestran desoladas las calles de Matamoros, Guerrero y No Reelección. Escasean los transeúntes, pasan pocos taxis ocupados y muchos sin pasaje. Se aburren los empleados de las tiendas. A pocas personas se ve caminar llevando bolsas con la compra recién hecha. Se queja la joven empleada de la zapatería, sujeta a la estrechez de dos salarios mínimos: “Es que las ventas están muy bajas, y si no hay ventas, no hay comisiones. Dicen que es por la crisis”. Eso de “la crisis” que está en boca de todos lo repite la encargada de una tienda de ropa en la Plaza Cuernavaca. Habla de negocios cerrados, de que los dueños no aguantan las rentas, así que los trabajadores viven con el temor de que la próxima vez sus patrones les digan que será la última quincena que cobren. La crisis económica no está en las cifras optimistas del gobierno respecto a la inflación y el crecimiento, está en la cotidianidad: el alza imparable de precios y servicios, la erosión constante del ingreso familiar, el pasmo de los pocos que tienen dinero pero no compran. Sucede en Cuernavaca, ciudad de ofertas de casas, departamentos y terrenos que superan a la demanda, abundantes los vendedores y escasos los compradores, los bancos que acumulan propiedades embargadas, la ausencia de inversiones grandes, privadas, locales o foráneas, los hoteles y restaurantes de las ventas bajas, excepto los días de quincena, fines de semana y “puentes largos”. E igual que Cuernavaca, el resto del estado, atrapado hace años en el túnel negro de la economía desplomada donde no se ve la lucecita del final de la pesadilla. Por eso la incredulidad popular en los anuncios oficiales de que la economía mexicana “se ha recuperado”. El termómetro de la crisis está en el tobogán de todo sube y nada baja, la reetiquetación sistemática de precios en tiendas de autoservicio, el juego perverso de a mí me suben las cosas y yo las subo más que no juega la clase trabajadora, vuelta rehén de los salarios que no aumentan al ritmo del costo real de la vida. Ocurre a todo lo largo y ancho del territorio nacional, del Suchiate al Bravo, del Pacífico al Golfo y por supuesto en Morelos. Lo que la gente común siente es que la crisis llegó para quedarse un tiempo largo. Próxima la entrada del nuevo gobierno nacional, hay muchas expectativas pero pocas esperanzas de que las cosas mejoren inmediatamente… (Me leen después).

Por: José Manuel Pérez Durán / [email protected]

TAGS EN ESTA NOTA:



Loading...