Decir que Donald Trump está loco de remate, repetir los calificativos que le son justificadamente dedicadas en las redes sociales, en la radio, la televisión y los periódicos: pro nazi, xenófobo, misógino. Expresar que raya en el odio el rechazo que por él sentimos los mexicanos porque sus hechos y palabras nos ofende, nos agravia. Eso está bien, se lo merece, no debemos cansarnos de decirlo. Sin embargo, están sucediendo cosas nefastas que nos quedan más cerca pero a las cuales el tema Trump sirve a los políticos como cortina de humo. Tres “perlitas” recientes: Noche del lunes pasado. Sujetos armados irrumpen en una herrería en la colonia Ayuntamiento 2000 de Temixco. Asesinan a una bebita de ocho meses, a su papá de 24 años y a su abuelo de 46. Los criminales huyen y hasta la mañana de ayer no se sabía que hubiesen sido capturados... Vivía en Puente de Ixtla y sólo tenía 20 años la muchacha que la noche del viernes habría sido secuestrada y el día siguiente hallado su cadáver, decapitado, en una poza del río Amacuzac… Mañana de ayer en la colonia Villas del Descanso de Jiutepec. Tres individuos balean un Jetta blanco en el que están dos escoltas del alcalde José Manuel Agüero Tovar. Los escoltas repelen la agresión, disparan, uno de éstos es herido y cae muerto uno de los atacantes. Alarmado, el vecindario se pregunta si el objetivo de los sicarios era el edil… Pero la nota roja no parece importarles a los políticos. Para ellos sólo el tema es noticia, y a nivel local la “ocurrencia” del diputado Francisco Moreno Merino proponiendo una nueva Constitución para Morelos, sin que ninguno de sus compañeros legisladores rechace el protagonismo oportunista de su colega diciendo que con respetar la que ya tenemos sería más que suficiente… Todo esto porque los políticos parecen vivir en “Rarolandia”, donde no existe la realidad de la seguridad. Caso de Tepoztlán. Mágico por naturaleza más que por denominación oficial con sus barrios de San Miguel, San Sebastián, Los Reyes, San Pedro, Santa Cruz, La Santísima Trinidad, Santo Domingo y San José. Y sus diez pueblos, entre ellos Santa Catarina, San Juan Tlacotenco y Amatlán de Quetzalcóatl. Distintos entre sí y a la vez parecidos, orgullosos de su cultura ancestral y sus usos y costumbres que les ha conferido autonomía ante el poder político del centro del estado y el país. Tepoztlán, la comunidad que se maneja con códigos encriptados ante los fuereños. “¿Ahora se cansan a las siete y por eso cierran el restaurante?”. No. “Lo que pasa es que han robado en comercios”, dice quedito el mesero para que no lo escuchen los de la mesa de junto. Hermético, menciona una tienda de ropa pero nada más. Dos semanas después nos tranquiliza: “Coman con calma; cerramos a la misma hora, a las nueve”. ¿Agarró la policía a los ladrones? ¿Eran de aquí, de  Cuernavaca o Yautepec? La palabra “policía” lo hace sonreír. No fue la policía, así que deduzco: fueron los comerciantes que se organizaron y detuvieron a los rateros. El silencio del mesero me lo confirma. Sucedió meses atrás, pero igualmente puede suceder hoy. Tepoztlán siempre ha sido así; no por nada es uno de los sitios más seguros de Morelos. Tepoztlán, el pueblo que cada año ofrece unas cuarenta fiestas en sus siete barrios con otros y los motivos de sus santos patronos, resaltada la solemnidad de los lugareños en la tradición prehispánica del Reto del Tepozteco que, enlazado a una serie de festividades, celebran en los últimos días de agosto y el 16 de septiembre. Tepoztlán y el ex convento de la Natividad, la imponente construcción del siglo XVI restaurado en 1994 por el Instituto Nacional de Antropología e Historia y declarado patrimonio de la humanidad por la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura. O su tianguis finsemanero, que junto con hoteles y restaurantes, los recorridos por el viejo mercado, las subidas al cerro del Tepozteco y una atmósfera de misticismo lo distinguen como la comunidad morelense que más turistas recibe. Tepoztlán, donde los usos y costumbres de la colectividad han privilegiado el comercio para los oriundos y/o los adoptados, y prohibido los supermercados, las tiendas de conveniencia y demás franquicias que en las dos últimas décadas desplazaron a los negocios familiares en casi todo el territorio estatal. O Tepoztlán, ahora con 23 Comités de Vigilancia Vecinal del programa Comvive que le darán una seguridad mayor que ya quisieran en la Casa Blanca habitada por el odioso Trump… ME LEEN MAÑANA.

 

Por: José Manuel Pérez Durán / [email protected]