Tras cinco años de que fue anunciado el proyecto y una inversión de dos mil millones de pesos, por fin el uno de mayo pasado fue puesto a funcionar el Acabús, claro, en Acapulco. Definido este sistema como un autobús de transporte rápido, también hay en Guadalajara, Monterrey, Pachuca, Puebla en otras y la Ciudad de México, en esta última desde junio de 2005. Son camiones de tres tipos, los articulados de dos vagones con capacidad de 160  pasajeros, los biarticulados de tres para 240 y los de un vagón donde caben 90 usuarios. Unos verdaderos armatostes que circulan en carriles confiados de arterias amplias, como Insurgentes de la capital mexicana o la avenida Santa Fe en Buenos Aires,  Argentina. Para Cuernavaca el proyecto del Morebús lleva dos años, opuestos algunos de los llamados “lideres” del sistema de transporte colectivo (“rutas”) y convencidos otros de que no saldrán del negocio pues podrán organizarse en un esquema de empresas como parte de la modernización del transporte que ha venido empujando la dependencia respectiva del Gobierno Estatal, es decir, la Secretaría de Movilidad y Transporte. Hallándose en la etapa de estudio, el Morebús tardará todavía este y lo que resta del próximo año para que comience a operar en la capital morelense. Los autobuses y la infraestructura que abarca la construcción de paraderos, banquetas y otras obras e instalaciones costará entre ochocientos y novecientos millones de pesos; tendrá un solo derrotero, de la unidad Chamilpa de la Universidad Autónoma del Estado de Morelos a la Glorieta de la Luna, pasando por más avenidas, Domingo Diez, Teopanzolco y Plan de Ayala. Pero a diferencia de otras ciudades, el Morebús circulará  no en  carriles confinados o exclusivos sino mixtos para que, dada la estrechez de nuestras calles, también lo puedan hacer los automovilistas particulares en los momentos en que no sean ocupados por el Morebús. Grosso modo así el asunto hoy, y el tema de fondo en el que el columnista ha sido insistente, el rezago de Cuernavaca en materia de infraestructura urbana. En “Cuerna” la construcción de la central camionera que saque del primer cuadro a las terminales de autobuses de pasajeros ha sido un antiguo sueño guajiro. Fue por allá de fines de los setenta cuando empezaron a ser construidas en el Distrito Federal y en capitales estatales, pero no aquí. Andando los años hubo más de un intento, pero en eso quedaron. De hecho, para la obra jamás realizada el terreno había sido donado por el ejido de Chapultepec en las cercanías de la subestación eléctrica de la CFE, la planta de almacenamiento de Pemex y la Preparatoria Uno. El proyecto venía del sexenio 1970-76 del gobernador Felipe Rivera Crespo, inimaginable entonces para los cuernavacences la mancha urbana que sólo una década después empezaría a extenderse a Jiutepec, Yautepec, Zapata, Temixco y Xochitepec mientras las terminales, en esa época antiguas ya, de las líneas Flecha Roja, México-Zacatepec y Estrella de Oro se quedaban donde aún están. Sambutidas en zonas densamente transitadas (Morelos, Abasolo, Galeana y Las Palmas) y posteriormente instalada otra en La Selva y una más en el boulevard Cuauhnáhuac, acicatearon los conflictos de vialidad y la contaminación ambiental. En toda ciudad que se precie importante hay periférico y una o más centrales camioneras. Son los casos de otras así como Guadalajara, León, Aguascalientes, Zacatecas, Querétaro o Monterrey; en el centro de la capital zacatecana el adoquinado, cableado subterráneo, iluminación de fachadas y una rígida legislación que prohíbe la contaminación visual por espectaculares y anuncios de gas neón. Pero de esto muy poco o nada aquí, ahora y desde hace un titipuchal  de años con un transporte de tercer mundo, carcachas dos de cada tres “rutas” a las que los “líderes” se resisten a cambiar por unidades nuevas, menos contaminantes, cómodas. Y de esto se trata: atrapados los ex defeños en la contaminación del aire que sólo los vientos y las lluvias medio disipan, el Gobierno de la Ciudad de México ha anunciado la sustitución de todos los microbuses, catorce o veinte mil para el caso da lo mismo. Costarán más de once mil millones de pesos, la renovación llevará hasta fines de 2018 pero en Cuernavaca hasta cuándo. Miles de usuarios seguirán movilizándose en microbuses y combis del año del caldo, llegado el momento tendrán a su disposición la comodidad del Morebús, y sin embargo deberán esperar hasta las siguientes elecciones. Mientras tanto, el chile y el agua lejos… ME LEEN EL DOMINGO.

Atril
José Manuel Pérez Durán
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